Un proyecto de ley despedazado. Y un gobierno que no hace pie

La media sanción en el Senado de la ley recortada por la movilización popular

Tras una semana plagada de derrotas, el oficialismo logró una amarga media sanción de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado, aprobada por 37 votos a favor y 33 en contra. La presión de las calles obligó a mutilar el proyecto de Sturzenegger, eliminando la entrega de tierras a extranjeros y el premio a los incendiarios, mientras Milei deambulaba por Sudamérica. En medio de escándalos por conflictos de intereses, feroces internas libertarias y una brutal represión en las calles, el gobierno demostró que no es invencible frente a un pueblo organizado y dispuesto a defender su soberanía.

Un proyecto de ley despedazado y una movilización importante golpearon de lleno a un gobierno que hoy luce lleno de fracturas internas. Las acusaciones cruzadas entre propios y ajenos están a la orden del día, mientras el descontento popular se hace notar con cada vez más fuerza. El oficialismo, que venía de intentar superar meses de inmovilidad tras sacarse de encima a Manuel Adorni, trastabilla y no logra hacer pie para retomar la iniciativa política de cara al 2027. Todo esto se enmarca en una crisis económica de enorme impacto para los trabajadores: un universo laboral precarizado, un consumo en caída libre y una productividad completamente congelada.

Durante esta última semana, el gobierno de Javier Milei coleccionó traspiés en su intento de profundizar el plan de entrega. La seguidilla comenzó con un duro revés para el ministro Federico Sturzenegger en su afán desregulador. El “Coloso”, como lo apoda el presidente, intentó avanzar sobre el practicaje naval, pero chocó de frente con el karinismo y las alertas de los sectores exportadores, viéndose obligado a dar marcha atrás con su decreto en apenas tres días y desapareciendo de las negociaciones.

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Pero este no fue el único golpe para el ministro desregulador. El tratamiento de la Ley de la Inviolabilidad de la Propiedad Privada también lo dejó contra las cuerdas. Todo comenzó con el tire y afloje por el capítulo que permitía elevar el tope para la extranjerización de tierras. Mientras Sturzenegger exigía que no hubiera tope alguno, Patricia Bullrich tuvo que interceder para rogar el apoyo de la oposición dialoguista, esa amalgama de la UCR, el PRO y los gobernadores del PJ que tantos favores le han hecho a Milei.

Tras 16 borradores, el miércoles Bullrich anunció en conferencia de prensa una modificación engañosa: elevar el tope histórico del 15% a un 25%. Obviamente, como todo lo que emana de esta gestión, la propuesta venía envenenada. Al aplicar este nuevo límite del 25% exclusivamente sobre el territorio provincial, la modificación borraba de un plumazo las restricciones municipales o departamentales vigentes. Esta trampa legal habilitaba, que capitales extranjeros compraran la totalidad de una cordillera minera o un departamento entero, siempre y cuando no superaran el porcentaje general de la provincia.

Sin embargo, la maniobra de Bullrich fracasó. El descontento social y la movilización asustaron a los colaboracionistas del gobierno. Como buenos oportunistas, midieron el altísimo costo político de levantar la mano frente a semejante entrega y retiraron su apoyo. De esta manera, la extranjerización de tierras desapareció del temario antes de entrar al recinto. Un triunfo absoluto de la movilización.

El faro de la ultraderecha y el Senado de la casta

Al mismo tiempo que su megaproyecto era desguazado, el presidente Javier Milei decidió sumar nuevas millas viajando por Sudamérica para visitar a sus aliados ultraderechistas. Se encontró con Daniel Noboa en Ecuador y luego asistió a la asunción de Abelardo de la Espriella en Colombia, aprovechando la gira para reunirse también con el canciller israelí, Gideon Sa’ar.

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Con el presidente fuera del país, la derecha libertaria ingresó al Senado para intentar salvar lo que quedaba del proyecto. En más de 12 horas de sesión, el gobierno recibió otro golpazo. El oficialismo consiguió el quórum fácilmente, y en el primer punto de la sesión, el PJ demostró que opera con la misma lógica de casta. De manera unánime, peronistas y libertarios bloquearon el voto virtual de la senadora Anabel Fernández Sagasti y del senador Flavio Fama. Fue un vulgar poroteo parlamentario de quienes no entienden lo que se pelea en la calle; elucubraciones para mantener privilegios institucionales, muy alejadas de las necesidades de la clase trabajadora.

Luego de este escenario, la sesión estalló por los aires gracias a la intervención del senador libertario Joaquín Benegas Lynch. A horas de la votación, se conoció que el legislador entrerriano, hermano del diputado “Bertie” y guitarrista de la banda presidencial, dirige Glocal Terra SRL, una empresa encargada de vender tierras a capitales extranjeros. Frente a esto fue denunciado por conflicto de intereses y se exigió su impugnación.

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Fiel a la arrogancia de su apellido patricio, Benegas Lynch no solo se negó a abstenerse, sino que atacó a sus propios aliados, acusando de “ignorantes” a los “tibios del medio” que no quisieron votar la extranjerización de tierras. La miserabilidad política tiene un límite hasta para los colaboracionistas: los radicales, el PRO y los bloques provinciales estallaron. El chat de WhatsApp del “grupo de los 44” implosionó; senadores como los santacruceños abandonaron el grupo con insultos, y Patricia Bullrich tuvo que apagar el incendio obligando al senador libertario a pedir disculpas uno por uno.

Represión en la plaza, retroceso en el recinto

Mientras el Senado era un hervidero, la plaza del Congreso se llenó. Una masiva movilización sirvió de combustible para seguir desfigurando el proyecto. A lo largo y ancho del país, el rechazo se hizo sentir. La respuesta del gobierno fue la de siempre: represión. Un operativo desmedido y salvaje, cargado de gases, balas de goma y palos, intentó quebrar la protesta. La cacería se extendió hasta la medianoche, dejando heridos de gravedad (entre ellos una fotorreportera) y decenas de detenidos con causas inventadas. A pesar de este autoritarismo sanguinario, quedó evidenciado que el dispositivo represivo de Mieli no logra silenciar la bronca.

El triunfo de la calle se tradujo directamente en el tablero de votación. Acorralada, Bullrich tuvo que confirmar en su última intervención que las modificaciones a la Ley de Manejo del Fuego también serían eliminadas del proyecto.

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Finalmente, la ley del “Coloso” se aprobó con 37 votos a favor y 33 en contra, pero reducida a sus escombros. Solo lograron mantener dos puntos altamente peligrosos que deberán ser enfrentados en Diputados: la aberración de los desalojos exprés (que dejan a familias en la calle en 10 días) y las severas limitaciones al Estado para realizar expropiaciones.

Terminada la sesión, los pases de factura no tardaron en llegar. Bullrich intentó justificarse sacando la carta del escándalo de Adorni y la suspensión del debate durante el Mundial. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: a Sturzenegger lo mandaron al freezer. Apoyada por el clan Menem y Diego Santilli, Karina Milei ordenó que, de ahora en adelante, cada paso legislativo deberá ser filtrado por la nueva “Mesa Política” para evitar más bochornos públicos.

La bronca se organiza por abajo

El gobierno se volvió a desdibujar. Sus indicadores económicos son desastrosos: las promesas de bonanza de Caputo chocan contra una inflación en la Ciudad de Buenos Aires que acaba de pegar un zarpazo del 2,9% en julio, un pésimo presagio para los datos nacionales que el Indec publicará la próxima semana.

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Ayer se volvió a oler sangre libertaria. Quedó en claro que el gobierno no es invencible y que puede ser forzado a retroceder frente a la movilización. El PJ, ahogado en sus eternas disputas internas entre Kicillof, Cristina, Máximo y Massa, demostró que atarse a sus direcciones políticas es quedarse encerrado en los estrechos límites del régimen.

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Podrán mostrar los colmillos y vaciar sus arsenales de balas de goma, pero la resistencia en la calle marca el verdadero rumbo. Como quedó expresado en el masivo acto frente al Congreso, miles de personas se han unido de forma espontánea en más de 50 ciudades para defender el territorio. Ante unas centrales sindicales y una CGT que siguen postergando las medidas, es fundamental seguir exigiendo un plan de lucha y una huelga general.

Pero frente a la inacción de esas cúpulas, la tarea es agarrar toda esa bronca que crece todos los días en nuestros lugares de trabajo, en los barrios y en las universidades, y organizarla desde abajo. Necesitamos encauzar ese descontento hacia la construcción de una gran “Marcha de la Bronca” para el mes de septiembre, que llene la Plaza de Mayo y se replique en cada rincón del país. Se trata de poner en pie una enorme movilización con todos los que queremos defender lo nuestro y terminar con este plan de ajuste. Y, sobre todo, seguir construyendo una alternativa política desde la izquierda anticapitalista, integrada por trabajadores y jóvenes, para que de una vez por todas seamos nosotros quienes tomemos las decisiones en este país. Quedó demostrado: en las calles se los puede derrotar.

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