Compañeras,compañeros y compañeres de la Marcha de la Bronca:
Hoy estoy acá, entre muchas otras cosas, para denunciar el desmantelamiento del sistema científico tecnológico argentino que ha instrumentado este gobierno cipayo, que traiciona al secular principio Sarmientino de educar al Soberano.
Hoy nos convoca una urgencia que no admite dilaciones. No estamos aquí para pedir que se administre un ajuste, estamos aquí para frenar el desguace. El gobierno de Javier Milei no tiene un plan de desarrollo, tiene un plan de demolición. Y lo está ejecutando con una precisión quirúrgica sobre el corazón de nuestra soberanía: el sistema científico-tecnológico.
Los números no son fríos: son el termómetro de una tragedia anunciada. En apenas dos años, el financiamiento público a la ciencia se desplomó un 44%, (pasando del 0,30% del PBI en 2023 a un mínimo histórico de 0,164% en 2025). Para que dimensionen la gravedad: estamos por debajo del piso de la crisis de 2001. La motosierra no fue un eslogan de campaña; fue un programa de gobierno que hoy se cobra 5.192 puestos de trabajo en el sector cientifico tecnologico, con 1.912 bajas solo en el CONICET y 781 en el INTI.
El mapa del saqueo es transversal. El CONICET perdió el 31% de su presupuesto. El INTA, que alimenta a nuestro campo y garantiza nuestra seguridad alimentaria, cayó un 36%. La CNEA, que nos puso en el mapa nuclear del mundo, perdió el 44%. El INTI, que industrializa nuestro país, sufrió un recorte del 47%. La Agencia I+D+i, que financia los proyectos de investigación, fue pulverizada en un 82 %. Y las universidades nacionales no son la excepción: su presupuesto cayó un 30% en términos reales, con salarios docentes bajo la línea de pobreza. Ya no se trata de un ajuste: se trata de un vaciamiento que condena a una generación entera de jóvenes docentes e investigadores a la fuga o al exilio.
¿Y cuál es el objetivo de este desguace? La respuesta es estructural: quieren una Argentina primarizada. Un país que exporte litio sin procesar, soja sin valor agregado, energía sin industria. Un país que renuncie a la inteligencia colectiva para convertirse en un enclave exportador de materias primas, dependiente y sin capacidades críticas. Cada beca posdoctoral que no se prorroga, cada insumo que no se compra, cada equipo que se desmantela es un ladrillo menos en la construcción de una nación soberana. No existe desarrollo industrial sustentable sin un sistema científico público robusto que actúe como motor de innovación y transferencia tecnológica.
Pero no vinimos solo a denunciar. Vinimos a proponer, porque la izquierda no se limita a resistir: construye alternativas.
Primero: restituir el financiamiento y declarar la emergencia científica. Exigimos la restitución inmediata de los artículos 5, 6 y 7 de la Ley 27.614 de Financiamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, derogados por el gobierno. Y apoyamos el proyecto de ley que declara la emergencia del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, ya dictaminado en Diputados. La ciencia no es un gasto: es una inversión estratégica que mejora la calidad de vida y la competitividad del país.
Segundo: prorrogar las becas y garantizar el ingreso de jóvenes investigadores. Respaldamos el proyecto de ley del Frente de Izquierda que prorroga las 379 becas posdoctorales del CONICET que vencieron el 31 de julio, asegurando ingresos, cobertura de salud y la continuidad de sus investigaciones. No podemos permitir que el Estado forme doctores durante años para luego arrojarlos al vacío.
Tercero: un nuevo modelo de ciencia al servicio del pueblo. La salida no es solo recuperar lo perdido, sino transformar el sistema para que esté orientado a las necesidades nacionales: soberanía energética, salud pública, tecnología para las PyMEs y la economía popular, integración latinoamericana. La ciencia debe dejar de ser un compartimento estanco y convertirse en una política de Estado articulada con la producción y el trabajo.
Compañeras y compañeros: lo que está en juego no es un presupuesto. Es la posibilidad de una Argentina que piense con cabeza propia. Es la dignidad de un pueblo que no se resigna a ser proveedor de materias primas para las potencias. Es el futuro de miles de pibas y pibes que hoy estudian en universidades públicas y sueñan con investigar en su propio país.
La Academia Nacional de Ciencias lo dijo con claridad: el sistema científico demandó años de esfuerzo construir, pero puede destruirse en muy poco tiempo si continúa el desfinanciamiento. No vamos a permitirlo. Hoy marchamos, mañana paramos y, si es necesario, llenamos las calles hasta que este gobierno entienda que la ciencia , la tecnología y la educación pública no se tocan.
Por el financiamiento científico. Por las becas. Por la universidad pública y gratuita. Por una Argentina soberana que no se arrodille ante el imperialismo. ¡La ciencia es del pueblo y la defenderemos, si hace falta con nuestras vidas, Hasta la Victoria Siempre!

Ezequiel P.M. Leiva
Investigador Superior de CONICET
Profesor emérito de la Universidad Nacional de Córdoba

