Tanques vacíos. La venta de combustibles cae por tercer mes consecutivo y expone la crisis del consumo

La comercialización de combustibles volvió a caer en abril y acumuló su tercer mes consecutivo en baja. Mientras el gobierno de Javier Milei insiste en mostrar señales de “recuperación económica”, los números reflejan otra realidad: menos consumo, salarios deteriorados y una economía donde cada vez más familias limitan incluso el uso cotidiano del auto o la moto para llegar a fin de mes. La caída de las ventas de nafta y gasoil ya se transforma en otro síntoma visible del ajuste.

La crisis también se siente en las estaciones de servicio

Según datos difundidos por el sector, en abril de 2026 la venta de combustibles al público cayó un 2,38% interanual y también retrocedió respecto de marzo. En total, se comercializaron 1.333.298 metros cúbicos entre naftas y gasoil, consolidando tres meses consecutivos de caída en el consumo.

Aunque el gobierno libertario insiste con el relato de la estabilización económica, el comportamiento del mercado muestra una realidad distinta: la población consume menos porque tiene menos ingresos disponibles.

La caída no aparece aislada. Se suma al desplome del consumo masivo, el aumento de la morosidad familiar, la pérdida salarial y el endeudamiento creciente que atraviesa a millones de hogares.

Ajuste, tarifazos y salarios pulverizados

El consumo de combustibles suele funcionar como un termómetro económico y social. Cuando cae la demanda de nafta y gasoil no solo se refleja menor actividad productiva: también aparece un deterioro cotidiano en la vida de trabajadores y sectores populares.

Cada carga de combustible pesa cada vez más sobre bolsillos golpeados por:

  • salarios que siguen perdiendo frente a la inflación,
  • aumentos permanentes en tarifas y transporte,
  • alquileres en alza,
  • y precarización laboral creciente.

En ese contexto, muchas familias comenzaron a restringir traslados, reducir viajes o directamente limitar el uso de vehículos para abaratar gastos.

El problema se profundiza además por los sucesivos aumentos en los combustibles registrados durante el año, impulsados por la liberación de precios, subas internacionales y actualizaciones impositivas.

Premium para pocos, caída para las mayorías

Uno de los datos más reveladores del informe es que mientras los combustibles “comunes” retroceden con fuerza, los segmentos premium muestran leves subas.

La nafta premium creció apenas 0,76% interanual y el gasoil grado 3 avanzó 5,85%, mientras que la nafta súper cayó 1,63% y el diésel común casi 10%.

El fenómeno deja expuesta una tendencia cada vez más marcada: el deterioro del consumo golpea sobre todo a los sectores trabajadores y medios, mientras los sectores de mayores ingresos sostienen niveles de gasto mucho más estables.

La “recuperación” que intenta vender el oficialismo aparece entonces profundamente desigual y concentrada.

El modelo Milei enfría la economía real

La caída en la venta de combustibles se suma a otros indicadores que muestran el enfriamiento de la economía:

  • derrumbe del consumo minorista,
  • cierre de comercios,
  • caída industrial,
  • aumento del endeudamiento,
  • y destrucción de empleo.

El ajuste fiscal que celebra el gobierno tiene un costo social concreto: menos actividad económica y una población que resigna cada vez más consumo básico para sobrevivir.

Incluso sectores históricamente dinámicos como el transporte y la logística empiezan a mostrar señales de deterioro por el aumento de costos y la desaceleración económica.

¿Quién paga realmente el “orden económico”?

Mientras el gobierno sostiene que “la inflación está bajando”, los datos muestran que esa desaceleración se apoya fundamentalmente en la destrucción del consumo popular.

La economía no se estabiliza porque mejoren las condiciones de vida, sino porque millones directamente dejaron de consumir.

Y mientras trabajadores reducen gastos esenciales para llegar a fin de mes, las petroleras continúan trasladando aumentos y preservando márgenes de ganancia.

Frente a este escenario, la discusión de fondo vuelve a ser quién debe pagar la crisis. Porque mientras el gobierno protege a grandes empresas, bancos y grupos concentrados, el peso del ajuste sigue descargándose sobre las mayorías trabajadoras. La caída en la venta de combustibles no es solamente un dato económico: es otra postal de una Argentina donde cada vez cuesta más llenar el tanque… y también la heladera.

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