El presidente argentino fue recibido por el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, antes de reunirse con el senador Flávio Bolsonaro y participar de una convención del Partido Liberal. La gira confirma la apuesta del Gobierno por consolidar un bloque regional de ultraderecha mientras se distancia del gobierno de Lula da Silva y fortalece vínculos con sectores que reivindican el legado de Jair Bolsonaro.
Javier Milei inició este sábado su agenda en Brasil con una reunión privada junto al gobernador del estado de San Pablo, Tarcísio de Freitas, uno de los principales referentes de la derecha brasileña y una figura clave del bolsonarismo. El mandatario argentino fue recibido con honores en el Palacio dos Bandeirantes, donde además recibió la Orden de Ipiranga, la máxima condecoración que entrega ese estado.
La actividad fue la antesala del encuentro con el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y de la participación de Milei en la convención nacional del Partido Liberal (PL), fuerza política que busca posicionar a Flávio como candidato presidencial para las elecciones de 2026.
Un respaldo político al bolsonarismo
La visita no tiene un carácter meramente institucional. Milei evitó cualquier contacto con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y concentró toda su agenda en dirigentes identificados con la derecha brasileña. El mensaje político es claro: el Gobierno argentino apuesta a fortalecer un eje regional de ultraderecha que trascienda las fronteras nacionales.
La presencia del mandatario argentino en la convención del Partido Liberal es interpretada como un respaldo explícito a la candidatura de Flávio Bolsonaro, quien intenta heredar el liderazgo político de su padre, actualmente bajo prisión domiciliaria y sin posibilidad de participar en actividades políticas por decisión de la Justicia brasileña.
Una agenda común
Más allá de las diferencias nacionales, Milei y el bolsonarismo comparten un programa político y económico similar: reducción del Estado para las mayorías, privatizaciones, flexibilización laboral, desregulación económica, beneficios para los grandes grupos empresarios y un discurso permanente contra sindicatos, movimientos sociales, feminismos y organizaciones de derechos humanos.
En ambos casos, la llamada “batalla cultural” funciona como un instrumento para intentar legitimar políticas de ajuste que trasladan el peso de la crisis sobre los trabajadores mientras se favorecen los intereses del gran capital.
Un alineamiento que también es geopolítico
Desde su llegada a la Casa Rosada, Milei reorientó la política exterior argentina hacia un estrecho alineamiento con los sectores más conservadores del escenario internacional. Su vínculo con Donald Trump, Santiago Abascal, Nayib Bukele y la familia Bolsonaro forma parte de una estrategia que busca consolidar una red de gobiernos y dirigentes de extrema derecha en América y Europa.
Esta orientación también implica un alejamiento de los mecanismos tradicionales de integración regional y una relación cada vez más conflictiva con gobiernos como el de Lula, que mantiene diferencias abiertas con el mandatario argentino desde el inicio de su gestión.
La derecha se organiza, los pueblos también deben hacerlo
La foto de Milei en Brasil no expresa una política exterior, sino una declaración de principios. Es la imagen de un bloque que pretende avanzar sobre los derechos laborales, profundizar el saqueo de los recursos naturales y disciplinar a quienes resistan mediante el ajuste y la represión.
Mientras la ultraderecha coordina estrategias para defender los intereses de las multinacionales y del imperialismo, el desafío de los trabajadores y los sectores populares pasa por fortalecer la organización y la solidaridad internacional. La verdadera integración latinoamericana no puede construirse entre presidentes al servicio del capital, sino desde abajo, uniendo las luchas contra el FMI, las patronales y los gobiernos que descargan las crisis sobre el pueblo trabajador.

