Ramiro Giganti. El periodista argentino que desafió el bloqueo a Gaza

Aquellos veinte días en alta mar fueron, al mismo tiempo, los días más felices y los más tristes de la vida de Ramiro Giganti. El silencio del Mediterráneo terminó mezclado con los gritos de dolor provocados por el caño caliente de los fusiles de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus sigles en inglés) presionado contra el rostro de sus compañeros de la Flotilla Global Sumud.

“Un día vimos delfines navegando y a la hora estábamos siendo secuestrados y a la hora y media me estaban pegando”, señala.

Ramiro Giganti es un periodista argentino de ascendencia libanesa. Aún tiene primos y tíos en Beirut, con quienes habló antes de abordar la Flotilla Global Sumud 2026 con destino a tierras palestinas.

La misión, denominada Primavera, reunió aproximadamente 70 barcos y cerca de 3.000 participantes de 100 países. Su objetivo era romper el bloqueo que Israel impone sobre Gaza desde 2007 y asistir a la población en el terreno mediante la reconstrucción de escuelas y hospitales devastados por los bombardeos. La comisión organizadora la describió como “el mayor intento de entrada por mar hasta la fecha”.

“La visibilización [de la causa palestina] era otro objetivo. Por algo, los compañeros de Gaza nos pedían: no dejen de hablar de Palestina”, agrega el periodista.

Tras días de preparativos, Ramiro partió el 15 de abril del puerto de Barcelona, a bordo de un velero bautizado Eilabun, en honor a una aldea cristiana maronita cerca de la frontera con Líbano devastada durante los sucesos de la Nakba y que hoy se encuentra bajo control israelí. “Me emocionó bastante porque mis bisabuelos eran de una zona cercana”, señala.

El Eilabun transportaba mochilas, útiles escolares, juguetes, pañales, insumos médicos —sobre todo anestesia—, arroz y cartas escritas por niños del Estado español dirigidas a sus pares en Gaza. Los barcos más grandes llevaban grupos electrógenos, con los que la flotilla buscaba contribuir a la reconstrucción de parte de la infraestructura dañada en la Franja.

“El ejército israelí se robó casi todo”, denuncia Ramiro.

A Ramiro le cuesta recordar cómo era la vida en el barco. “Es una experiencia con enormes contrastes de estados de ánimo. La alegría que teníamos cuando estábamos por zarpar. Y lo que pasamos después fue tremendo”, señala el periodista, quien cumplió 49 años en alta mar, en el medio de la misión. “La violencia borra todo”.

El 29 de abril el IDF interceptó a los primeros 22 barcos de la Flotilla frente a la costa de Grecia y a 1.000 kilómetros de la llamada “zona roja” y de Gaza. Y con ello, el arresto de 175 activistas entre los cuales figuraban Celeste Fierro y Rauli Laguna Bosch, representantes del MST y la Liga Internacional Socialista. El Eilabun y su tripulación pudo escapar.

Según Ramiro, mientras detenían a la veintena de barcos, las fuerzas israelíes bloquearon el canal 16 —el canal de Mayday— a través de una interferencia electrónica. Un método que volverían a utilizar menos de quince días después, el lunes 18 de mayo.

“Siempre mantuvimos el mínimo optimismo, pero [el 18] cuando se inhibió la señal nuevamente sabíamos que venían por nosotros”.

A las 9:00 am fuerzas del IDF interceptaron al Eilabun y trasladaron a Ramiro y al resto de la tripulación al barco prisión. La nave estaba compuesta por cuatro contenedores, dos baños químicos, alambre de púa, una pasarela por donde soldados israelíes los vigilaban y apuntaban todo el tiempo. Ahí le agarran el pasaporte y le asignan una pulsera con un número: el 71. 

Lo peor, recuerda, era la noche. En los contenedores hacía mucho frío y varios de los activistas habían sido despojados de sus prendas de ropa. Algunos con suerte habían conservado algún que otro abrigo, pero hubo quien perdió hasta los zapatos.. Hubo quienes, para refugiarse de las bajas temperaturas, usaban el plástico de los envoltorios de botellas de agua. 

“No teníamos nada”.

La comida era solo pan y agua, lanzada por las fuerzas de seguridad, como también los productos menstruales, y siempre acompañados por bombas de estruendo o bombas aturdidoras que se mezclaban con el grito de los golpes a puño cerrado contra los activistas y el taca-taca de las taser. Ramiro habla abiertamente de “tortura” a la hora de describir su tiempo en prisión. 

“Me meten en uno de los contenedores. Estaba oscuro y ahí empiezan a pegarme. Primero siento un coscorrón, un golpe en la cabeza y después, siento un gancho que me entra en la costilla izquierda. Yo decía stop, stop, y me seguían pegando”, describe. “No me preguntaron nada. Era simplemente una señal, un mensaje”.

Lanzado de nuevo al contenedor donde dormían, el periodista vio a su lado había tres o cuatro personas muy lastimadas,

“Me asistieron tres o cuatro, entre ellos una médica muy amable que me habló en inglés y me hizo una faja con una kufiya. Esa mujer que me trató con mucho afecto, y que yo no conocía, resultó ser Margaret, la hermana de la presidenta de Irlanda. Fue un sostén de todo el grupo”, explica. 

Tras su liberación, la doctora Margaret Connolly, de 67 años, hermana de la presidenta Catherine Connolly, describiría los tres días en el barco cárcel como “bárbaricos”, registrando 35 fracturas, 5 lesiones en la cabeza y hasta 16 casos de abuso sexual, así como lesiones en oídos y ojos y quemaduras con pistolas Taser en la espalda y los genitales. Los hechos quedarían recogidos después en una denuncia ante la Corte Penal Internacional lanzada por miembros de la delegación española de la flotilla.

El miércoles 20, cerca del mediodía, el barco terminó de atracar en el puerto de Ashdod, al sur de Israel. Los activistas fueron colocados tras una línea roja de rodillas mirando al piso.

“Ese día tomamos muy poca agua, casi nada hasta la noche. Las rodillas empezaban a doler, no podíamos movernos. Y nos pasaban el himno de Israel una y otra vez, cien veces. A veces bajaban un poco el volumen para que creyeras que se había acabado, y empezaba de nuevo (…) miro a mi costado y veo a un chico que empezó a llorar”. 

Pasarían la noche en un calabozo en la prisión de Ktzi’ot, el centro de detención más grande del mundo, que instaló el ente sionista en pleno desierto del Neguev y donde se estima que hay más de 4.500 palestinos privados de su libertad, sin sentencia.

El 21 de mayo, los activistas fueron liberados y enviados rumbo al Aeropuerto Internacional Ramon, donde los esperaban aviones con la bandera turca. Ramiro compartió un colectivo con otras 18 personas donde cantaron La Internacional en todos los idiomas posibles: en castellano, en alemán, en árabe, hasta en flamenco. “El ánimo era otro”, recuerda.

La única interacción que tuvo Ramiro con personal diplomático argentino ocurrió segundos antes de subirse al avión. 

“Vi una bandera argentina. Me acercó una mujer muy bien vestida y me preguntó si nos habían tratado bien. Le dije: mucha tortura, mucha tortura y viva Palestina libre. El policía me sacó enseguida. Para mí era la cónsul, mandada a registrar que nos habían tratado bien”.

Ramiro es contundente con su respuesta, para él el gobierno de Javier Milei es cómplice del genocidio que aún se mantiene sobre el pueblo palestino.

“Siento mucha vergüenza”, señala. “Argentina es muy responsable. Y creo que es responsable de lo que nos pasó, por acción y por omisión. 

Tres meses desde que iniciara la misión, Ramiro hace un balance. Para él, la Flotilla Global Sumud 2026 fue en cierta medida exitosa, pero no logró romper del todo la censura mediática que hay en Argentina con respecto a lo que sucede en la franja de Gaza y el resto de Palestina.

El intento de juicio contra el director de cine argentino Norman Briski por dedicar parte de su discurso en los premios Martín Fierro a Gaza, o los intentos de cancelar recitales del músico británico Roger Waters, ex integrante de Pink Floyd, en Buenos Aires. Siempre bajo la mirada de la DAIA. 

El periodista pone como ejemplo el despido de Silvina Sterin Pensel, corresponsal en Estados Unidos del canal de noticias C5N, en enero de 2026, o el caso de Liliana López Foresi, despedida de Radio 10 Mar del Plata, donde conducía el ciclo “Reloj de Arena”, ambos por hablar sobre los crímenes de Israel en Palestina. 

Pero Ramiro no pierde la esperanza. El 5 de junio, tras la muerte del Indio Solari, el periodista vio cómo el pueblo salió espontáneamente a la calle y junto con carteles dibujados con el rostro del ícono del rock nacional también había banderas palestinas. 

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