A 50 años de la desaparición forzada de Raymundo Gleyzer, el 27 de mayo se conmemora el Día de Documentalista.
Por Nicolás Vetromile
“Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán”.
Raymundo Gleyzer, 1974
Raymundo Gleyzer era más que un documentalista, era un revolucionario, un cineasta revolucionario, de esos que hay pocos y que tanta falta nos hacen en este momento histórico de nuestro país y de nuestro mundo hostil.
Primeros años y su formación
Nació en Buenos Aires, el 25 de septiembre de 1941, hijo de Jacobo y Sara Aijen, ambos artistas y activistas que fundaron el Teatro IFT, teatro popular judío, en donde Raymundo creció.
A los 20 años, Raymundo estudiaba Ciencias Económicas y decidió hacer un cambio trascendental, se fue a estudia Cine a La Plata, más precisamente a la Escuela Superior de Cine de la Universidad Nacional de La Plata. Ese cambio le sirvió para aprender un oficio y también encontrar una militancia.
Sus principales maestros fueron Humberto Ríos, José Martínez Suárez y Jorge Prelorán, con ellos trabajaría en diferentes proyectos. Como finalización de su formación realizó el cortometraje “El ciclo” (1963), un grupo de amigos pequeños burgueses, salen de una fiesta, se suben a sus autos para jugar a la “chocada”. Una rara muestra de una clase acomodada porteña en el marco de la Generación del ´60.
Puede verse en: https://www.dailymotion.com/video/x9tdi1k
Comienza el cine social
Al salir de la escuela, decide incursionar en la situación del campesinado del noroeste brasileño, más precisamente en un familia en particular, así surge “La tierra quema” (1964), una desgarradora cronología de Juan Amaro y su familia bajo una sequía tremenda que debe irse de ese páramo fantasmal.
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En 1965, junto a Jorge Prelorán (uno precursores del cine documental etnográfico) realiza “Ocurrido en Hualfin”, que narra la historia de 3 generaciones en el valle de Hualfin, Catamarca.
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También, en 1965 realiza “Pictografías del Cerro Colorado”, retratando dos pueblos originarios desaparecidos y “Ceramiqueros de Traslasierra” sobre los artesanos de la sierra cordobesa. En ambos trabajos, Raymundo trabajo con uno de sus maestros como director de fotografía: Humberto Ríos (cineasta boliviano que retrato el Cordobazo y documentó a Birri y a Prelorán).
Ceramiqueros puede verse en:
Luego, realiza con Jorge Prelorán, a colores y último trabajo con Jorge, “Quilino”, la historia de las pobladoras artesanas ancestrales originarias en una pequeña localidad cordobesa.
Puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=FSOLWNTqgPQ
Los viajes por el mundo para ProArtel
En 1966, Raymundo se incorpora como corresponsal y camarógrafo para los Canal 7 y para Telenoche, de Canal 13, desde allí se transforma en el primer camarógrafo argentino en retratar a las Islas Malvinas y además, logra realizar informes y entrevistas a trabajadores de la zafra azucarera cubana.
Ese mismo año, realiza con el material registrado para Telenoche, “Nuestras Islas Malvinas”, las imágenes son un retrato de la vida cotidiana pero desde la voz en off se busca imponer el nombre de “malvineros” a quienes viven allí. Fueron 16 años antes de la Guerra pero requirió un permiso especial de Reina Isabel II de Inglaterra para ir en el buque Darwin desde Montevideo. Su regreso fue traumático ya que se indigestó con la dieta que llevaba a base de cordero y curry y volvió acostado y tomando té.
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En 1969, viaja a Cuba para ProArtel y realiza “Notas sobre Cuba”, siendo la primera vez que cámaras argentinas están en la isla luego de Revolución.
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Se incorpora al PRT-ERP
A través de su formación marxista, Raymundo se aleja del Partido Comunista Argentino y comienza a militar en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y forma con sus amigos militantes el Grupo Cine de la Base. De esta manera pasa a la clandestinidad y usa la cámara como un arma de combate social y político, reproduciendo conflictos políticos y sociales y registros de acciones del ERP en siguientes películas:
Realiza “BaNaDe” (1969) que relata en primera persona el golpe al Banco Nacional de Desarrollo, ingresando a la bóveda y llevándose 450 millones de pesos para poner a disposición del pueblo a través del ERP. Es una de las primeras realizaciones de Gleyzer como integrante del ERP.
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“Swift 1971” retrata el comunicado revolucionario del ERP sobre el secuestro Stanley Sylvester, cónsul inglés y gerente de la empresa Swift en Rosario y una declaración de principios contra el gobierno y los dirigentes sindicales traidores.
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“Ni olvido ni perdón 1972, la masacre de Trelew” es un historia en primera persona de la Masacre de Trelew, luego de la fuga de 25 presos políticos de ERP, FAR y Montoneros del Penal de Rawson, el 15 de agosto. Seis logran escaparse a Chile luego de tomar el Aeropuerto de Trelew y 19 fueron capturados y llevados a la Base Aeronaval Almirante Zar en las afueras de Trelew, donde fueron masacrados con ráfagas de ametralladoras, el 22 de agosto de 1972.
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México, la revolución congelada
Para 1970, Raymundo decide realizar un documental sobre la Revolución Mexicana en la figura de su presidente Luis Echeverría. Pero lo que comienza siendo un documental sobre la Revolución Mexicana, se termina transformando en una crítica a la gestión de Echeverría, así nace “México, la revolución congelada”, un documental que analiza las consecuencias desastrozas de una revolución sin ideología ni vanguardia que la sustente. El documental cuenta con material de archivo de la Revolución del ’10 con imágenes de Emiliano Zapata, Pancho Villa y Francisco Madero.
También muestra como una seudo izquierda oportunista con conflictos internos somete al pueblo mexicano, a sus trabajadores, a los campesinos y a los sindicatos. Una reforma agraria que no llega, los artesanos sin tierras y una respuesta desorganizada del pueblo, todo desemboca en la Masacre en la Plaza de Tlatelolco en 1968 con un represión sangrienta del régimen que asesina a 400 personas.
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Los Traidores
En 1972, Raymundo Gleyzer rompe todos los esquemas del cine político y se transforma en un cineasta militante contra la burguesía y la burocracia sindical, un cineasta revolucionario, construye lo que hasta hoy es la mejor muestra del modelo sindical que prima en nuestro país desde la Semana Trágica a través de un conservador como Matías Sánchez Sorondo que estableció un sindicato “único y responsable”, que luego el Peronismo lo “estatizó” y burocratizó y que con algunas modificaciones continúa hasta hoy, estamos hablando de “Los Traidores”.
Los Traidores es su obra cumbre, donde muestra de manera descarnada a la figura de Roberto Barrera, dirigente sindical peronista ficticio que llega al cargo en 1960 y que luego de años, se va transformando en un burócrata corrupto que tranza con la patronal. Está basado en el cuento de Víctor Proncet “La víctima”, que narraba un hecho verídico: el autosecuestro del dirigente sindical peronista Andrés Framini.
La película incluye fragmentos de “El último payador” (1950) de Homero Manzi y de “Tiempo de Violencia” (1969) de Enrique Juárez, que pertenece a una película más amplia llamada “Argentina, mayo de 1969: Los camino de la liberación”, que cuenta con varios directores: Rodolfo Kuhn, Humberto Ríos, Eliseo Subiela, Nemesio Juárez, Pablo Szir, Pino Solanas, Jorge Martín, Octavio Getino, Jorge Cedrón y Enrique Juárez
Los Traidores se volvió película de culto, no sólo porque sienta las bases de que también se puede contar una historia de ficción como cine revolucionario sino también porque es un documento histórico de una época, donde el personaje de Barrera se parece físicamente a José Ignacio Rucci, se había autosecuestrado como Andrés Framini, dice frases de Lorenzo Miguel y termina muriendo en un atentado gerrillero como Augusto Vandor. Una película necesaria e imprescindible de nuestro cine y entre una de las primeras de cine político revolucionario y militante argentino.
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La continuación del Grupo Cine de la Base
En 1974, realiza “Me matan si no trabajo y si trabajo me matan” es un comunicado-acción fílmica centrado en la huelga de la fábrica metalúrigca INSUD, donde los trabajadores denunciaban saturnismo (enfermedad provocada por plomo en la sangre).
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El Grupo Cine de la Base estaba conformado por Raymundo Gleyzer, Juana Sapire, Jorge Denti, Alvaro Melián, Nerio Barberis, Alberto Vales, Jorge Santa Marina, Víctor Sapire y Gustavo Mc Lennan tenía como objetivo “colectivizar la inteligencia”.
Por último, “Las AAA son las tres armas” (1977) fue el primer material audiovisual que denunció a la dictadura cívico militar de la Argentina y se monta sobre el relato de la “Carta Abierta a la Junta Militar” de Rodolfo Walsh, realizado por los sobrevivientes del Grupo Cine de la Base exiliados en Perú, luego de la desaparición de Raymundo.
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Compañero Raymundo, presente
Raymundo Gleyzer, el mejor de los nuestros, se encuentra desaparecido desde el 27 de mayo de 1976, de la puerta del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, se sabe que estuvo detenido en el Centro Clandestino de Detención El Vesubio.
En 2003, cuando el cine documental empezaba a cambiar alejándose del documento mediante entrevistas, Ernesto Ardito y Virna Molina realizan “Raymundo”, un retrato de la vida, obra, sentimientos, militancia y compromiso social de Gleyzer y se transforma así en el primer documento histórico que pone manifiesto su figura de cineasta revolucionario.
Puede verse en: https://www.cinemargentino.com/films/914988465-raymundo
En 2012, Cynthia Sabat construye una historia más íntima de Juana Sapire y Diego Gleyzer, hijo de ambos, en el marco de la declaración sobre la desaparición de Raymundo en “Fuego Eterno”.
Puede verse en: https://www.cinemargentino.com/films/914988475-fuego-eterno
En 2021, Carmen Morin y Mariana Pérez Leal realizan un documental que muestra un gran resumen de toda la filmografía de Raymundo Gleyzer.
Puede verse en:
Hoy, a 50 años de su desparición no perdonamos, no nos reconciliamos y mucho menos olvidamos, por eso, son tiempos de violencia pero también son tiempos de valientes, donde debemos utilizar el arma más poderosa que tenemos los trabajadores del audiovisual: una cámara.
No dejemos nunca de contar lo que sucede, nunca dejemos de registrar las injusticias a nuestro pueblo, nunca dejemos de mostrar los reclamos de la clase obrera y con todo eso, vayamos a conquistar más y más compañeros, así reinvidicaremos la figura de Raymundo Gleyzer y continuar su lucha por mundo mejor para nosotros y para las generaciones venidera.
¡Viva Raymundo Gleyzer!
¡Vivan los Documentalistas del Mundo!

