Los cruces entre el gobierno y el establishment financiero son cada vez más evidentes. Mientras el gobierno libertario se esfuerza por negar la crisis y ensayan discursos cargados de optimismo, los números de la City reflejan un nivel de desconfianza creciente. Las explicaciones oficiales ya no convencen a unos inversores que, alertados por el colapso de la actividad económica, comienzan a dudar seriamente de la viabilidad política del plan de ajuste.
Milei dice una cosa mientras que el mercado le marca otra
Javier Milei se sentó en el estudio de LN+ para hacer lo que mejor le sale por estos días, negar rotundamente la realidad que atraviesa el país. Con un tono de seguridad envidiable, el presidente buscó calmar las aguas y afirmó que en la Argentina no existe ningún tipo de recesión. Para el mandatario, las críticas a su gestión económica son solo intentos desesperados de infundir terror en la población por parte de analistas a los que tildó de cobardes. Sin embargo, mientras el jefe de Estado construye este escenario de fantasía, los números del mercado financiero desde hace días lo vienen cacheteando con una realidad inocultable.
La semana pasada el Riesgo País pegó un salto abrupto y perforó la barrera de los 600 puntos básicos para llegar a tocar las 611 unidades, marcando el registro más alto desde el mes de abril. A la par de este recalentamiento del índice elaborado por el JP Morgan, los bonos soberanos acumularon fuertes caídas diarias en sus cotizaciones y el dólar oficial continuó moviéndose de manera ascendente. Todos estos chispazos y cortocircuitos demuestran que el idilio inicial entre la Casa Rosada y los actores del mercado empieza a mostrar grietas importantes.
Un aluvión de datos en rojo
Las afirmaciones presidenciales sobre un supuesto despegue económico chocan con el aluvión de datos negativos que el propio Indec publicó en un lapso de apenas diez días. Los números oficiales terminaron confirmando que la tasa de desempleo trepó al 7,9% y que el PBI retrocedió un 0,6% en el segundo trimestre del año. A este escenario de contracción se le sumó una brutal caída del 2,9% en la actividad económica durante julio y un desplome interanual del 1,5% en el consumo masivo.
Te puede interesar: Fantasía libertaria Milei promete el paraíso para 2028 mientras la pobreza se dispara al 32,3%
El corolario de este desastre productivo fue el índice de pobreza, que pegó un salto de 4,1 puntos para terminar castigando al 32,3% de la población, porcentaje que se traduce en un poco más de 15 millones de argentinos.
Frente a todo esto, Milei prefiere desestimar toda esta avalancha de cifras argumentando que los economistas actúan con deshonestidad intelectual y que los indicadores desestacionalizados miden mal debido a las enormes transformaciones estructurales que supuestamente atraviesa el país.
Entre desaires diplomáticos y cuentas que no cierran
Esta negación sistemática de la crisis interna tuvo su correlato exacto en el plano internacional durante la gira libertaria por Nueva York. En el marco de su participación en la Asamblea General de la ONU, el viaje presidencial acumuló una serie de traspiés diplomáticos que ilustran muy bien el momento de debilidad política por el que transita el gobierno desde hace varios meses.
El mandatario argentino se quedó con las ganas de conseguir la tan ansiada foto y reunión bilateral con Donald Trump. El presidente republicano optó por dedicarle su agenda al primer ministro británico Andy Burnham.
Este gesto del norteamericano dejó en claro ante los ojos del mundo que la cuestión Malvinas es apenas una moneda de cambio en las mesas de negociación de Washington para ablandar las exigencias hacia el Reino Unido, volviendo totalmente inútil y estéril el discurso malvinero ensayado por el presidente argentino.
Te puede interesar: Milei en Nueva York El corredor Andes-Atlántico: la entrega como único anuncio
Como si no fuera suficiente, la delegación nacional solo logró rescatar un breve encuentro de pasillo de apenas 20 minutos con el secretario de Estado Marco Rubio y un puñado de promesas vacías sobre inversiones futuras. El gobierno promocionó el establecimiento del corredor Andes-Atlántico, un proyecto de infraestructura logística que solo busca facilitarle a los Estados Unidos el control total y la extracción rápida de nuestros bienes comunes.
Pero Milei no fue el único que intentó maquillar la realidad en Nueva York. Siguiendo la misma línea que el presidente había desplegado en su entrevista con el editor en jefe de Bloomberg, Luis Caputo hizo lo propio en el terreno financiero. El ministro de Economía intentó vender un clima de optimismo frente a banqueros e inversores, pero la jugada le salió bastante mal y terminó generando el efecto contrario. Durante un encuentro exclusivo en el JP Morgan, entidad financiera que funcionó como su lugar de formación profesional, el funcionario aseguró que el gobierno tiene habilitada la friolera de 75.000 millones de dólares para hacerle frente a los próximos vencimientos de deuda.
Te puede interesar: Milei en la ONU Entre el humo con Malvinas y la indiferencia de Trump
Las caras largas en Wall Street no tardaron en aparecer tras escuchar semejante afirmación. Varios trascendidos periodísticos señalaron que la exposición de Caputo fue tomada por los presentes como una muestra flagrante de deshonestidad intelectual. Para cualquier operador financiero medianamente informado resulta imposible tomar en serio una cuenta matemática que suma las menguadas reservas actuales del Banco Central, los 20.000 millones de dólares que el gobierno pretende comprar de manera hipotética durante el año que viene y los montos correspondientes a los distintos swaps firmados con China y Estados Unidos. Todos los lobistas de la City saben perfectamente que esos fondos internacionales no son recursos de libre disponibilidad y dependen estrictamente de la autorización y la voluntad política de las potencias extranjeras. Tratar de hacer pasar esos acuerdos por dinero en efectivo listo para gastar es un error no forzado que mina directamente la credibilidad del equipo económico.
Un divorcio por conveniencia
Es importante aclarar un punto fundamental sobre los dueños del dinero para entender la dinámica de esta coyuntura. El mercado financiero, los gigantescos fondos de inversión, el establishment de Wall Street y todos estos actores parasitarios del capitalismo no tienen un gramo de corazón ni funcionan como un tribunal de ética y moral. A estos inversores no les quita el sueño el brutal ajuste que sufren a diario las mayorías populares, ni les importa el aumento desmesurado de la miseria, ni les conmueve la licuación constante de los salarios de los trabajadores. Muy por el contrario, los especuladores festejan cada recorte del gasto público y aplauden el paso de la motosierra desde el primer día de la gestión libertaria.
Las alarmas que hoy empiezan a parpadear en rojo en sus pantallas bursátiles no responden de ninguna manera a una repentina sensibilidad social. Lo que verdaderamente preocupa en las oficinas financieras es la capacidad real que tiene el gobierno de Milei para seguir profundizando este feroz esquema de ajuste sin desencadenar una crisis de gobernabilidad antes de las elecciones presidenciales de 2027. Los financistas observan un país completamente paralizado y dudan de que el andamiaje institucional soporte tanta presión sin volar por los aires.
Las dudas del mercado sobre la viabilidad de la ingeniería libertaria crecen a un ritmo acelerado a medida que se estiran los plazos de la recesión y el supuesto rebote no aparece. Un ejemplo contundente de este cambio de clima fue el último y informe publicado por el propio JP Morgan. La casa matriz donde se formó el Toto Caputo decidió recortar las proyecciones de crecimiento para la Argentina, bajando la estimación para el año 2026 del 2,7 al 1,5%.
Te puede interesar: Economía Julio tuvo la peor caída desde la pandemia
Los especialistas de la entidad financiera advirtieron que la fuerte contracción de la actividad en julio superó ampliamente todas sus previsiones negativas y catalogaron ese pobre desempeño como el peor registro mensual de la economía desde el histórico confinamiento de la pandemia en abril de 2020. Esta recalibración de expectativas destruye el cuento libertario sobre una inminente recuperación y confirma el rumbo extremadamente crítico por el que transita la economía argentina en la actualidad.
Sumado a todo este panorama recesivo, el proyecto de Presupuesto 2027 presentado hace unas semanas por el Ejecutivo generó muchas más rispideces que certezas. El texto enviado al Congreso se convirtió rápidamente en una incógnita para todos los especuladores financieros y generó fuertes tensiones incluso dentro del propio núcleo de aliados libertarios. Nadie en el arco político parece estar seguro de que los números y las pautas de crecimiento dibujadas en ese documento se puedan cumplir en la realidad.
La situación política general del gobierno no es buena, el malhumor social crece y la economía real no ayuda a que suceda lo que el propio FMI exige desesperadamente. El organismo multilateral pide a gritos que el plan económico comience a derramar algo de alivio hacia los sectores productivos que hoy se encuentran completamente freezados, pero esa lluvia de inversiones productivas sigue brillando por su ausencia.
Una salida a favor de las mayorías
El escenario actual muestra a un gobierno visiblemente apurado por un mercado que le empieza a tomar el tiempo y una cruda realidad económica que ya no se puede tapar con entrevistas arregladas para la televisión.
El oficialismo podrá rendirle una pleitesía casi religiosa al capital financiero y jurar lealtad absoluta al dogma del déficit cero, pero si los números reales de la economía no cierran y el fantasma de la inestabilidad política asoma con fuerza en el horizonte electoral, esos rezos pro mercado pierden todo su valor.
Las señales de turbulencia son claras, los bonos caen y el Riesgo País sigue su escalada constante marcando el pulso de la desconfianza generalizada. Mientras Milei y Caputo se desgastan de gira en gira intentando convencer a los grandes especuladores de turno para que sostengan la timba financiera un tiempo más, los platos rotos de este doloroso experimento libertario los siguen pagando de manera exclusiva los trabajadores.
Frente a este laberinto de especulación constante y ajuste permanente, la salida exige abandonar de forma urgente este modelo de ajuste. Es completamente indispensable recuperar el protagonismo de los salarios, reactivar el dañado entramado de la industria nacional, promover el crédito productivo y blindar los puestos de trabajo. Solo un cambio de rumbo estructural y de fondo, enfocado verdaderamente en las necesidades concretas de las mayorías y no en las ganancias de las corporaciones, logrará evitar que el enorme costo de esta crisis fabricada siga recayendo de manera injusta sobre las espaldas del pueblo trabajador.


