Milei en Nueva York. El corredor Andes-Atlántico: la entrega como único anuncio

El acuerdo del corredor Andes-Atlántico firmado entre el gobierno de Javier Milei y Estados Unidos

El gobierno de Javier Milei firmó con la administración estadounidense de Donald Trump un acuerdo bautizado como el “Corredor Andes-Atlántico”. Se trata de un entendimiento que promete desembolsos millonarios para conectar Vaca Muerta y las provincias mineras del noroeste con los puertos del Atlántico, pero que en la realidad es apenas una promesa de inversión sujeta a múltiples aprobaciones. Una iniciativa más que parte de los planes de la ultraderecha norteamericana para asegurar que los recursos estratégicos de la región queden bajo su órbita exclusiva.

La presentación de este pacto se armó a las apuradas en el consulado argentino en Nueva York y estuvo encabezada por el canciller Pablo Quirno y el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau. Junto a ellos posaron sonrientes representantes del Export-Import Bank de Estados Unidos y directivos de grandes empresas corporativas.

El resumen ejecutivo del plan habla de un inmenso entramado de ferrocarriles, ductos, redes de energía y conectividad digital. Toda esa infraestructura prometida tiene un fin muy específico que apunta a abaratar la logística del saqueo y facilitar la salida rápida de nuestros bienes comunes.

Todo esto aparece en un momento de apuro político para el oficialismo libertario. El viaje del presidente a los Estados Unidos resultó ser un verdadero desastre diplomático y la delegación necesitaba desesperadamente inventar un hito para venderlo como un triunfo ante su propia tribuna. Al no conseguir nada sólido en materia de relaciones bilaterales o respaldo financiero directo, el gobierno se aferró con uñas y dientes a este acuerdo que por ahora no tiene ni un solo dólar garantizado en las reservas del Banco Central.

Pero, a pesar de todo esto, lo que se esconde detrás de la firma es la clara intención de entregar nuestro territorio para aceitar los grandes negocios del capital transnacional. Todo este andamiaje de infraestructura está diseñado con el único propósito de reducir los costos operativos para que las corporaciones estadounidenses puedan extraer, procesar mínimamente y llevarse la renta de nuestro trabajo con la mayor velocidad posible.

Los números de la entrega

Si se profundiza un poco en los números que el Ministerio de Economía pactó en tierras neoyorquinas, de ninguna manera se puede afirmar la existencia de algún tipo de éxito. El documento firmado establece un marco de cooperación financiera que alcanzaría la cifra de 7.000 millones de dólares con un horizonte fijado hacia el año 2027. Hay que aclarar que este monto no significa un cheque en blanco depositado para libre disponibilidad. Constituye apenas un techo de crédito potencial para proyectos que recién están en fase preliminar de evaluación.

La joyita de este entendimiento apunta directamente al proyecto Argentina LNG, una megaobra de gas natural licuado que la petrolera YPF busca llevar adelante en sociedad con la empresa italiana Eni y la firma emiratí XRG. Para este caso puntual, la entidad financiera estadounidense presentó una propuesta indicativa por un monto de hasta U$S 6.000 millones. Sin embargo, ese dinero operaría como un crédito atado de forma estricta a la compra exclusiva de bienes, maquinaria y servicios provistos por empresas norteamericanas.

Las propias declaraciones del canciller Quirno durante el acto de presentación fueron una verdadera confesión de partes sobre quiénes son los grandes ganadores de este modelo extractivista. El funcionario argentino no tuvo ningún tipo de pudor al afirmar que “invertir en Argentina es fortalecer la seguridad económica de Estados Unidos“. Para despejar cualquier duda sobre la subordinación, remató su discurso asegurando que “la maquinaria estadounidense puede ampliar nuestra capacidad instalada y generar empleos calificados en su país de origen“. En absoluta sintonía con esta bajada de línea, el enviado estadounidense Landau agregó que su administración está “muy enfocada en la diplomacia económica” y destacó sin ningún tipo de vueltas que “una de nuestras herramientas más importantes es el EXIM, y estamos utilizando esos instrumentos de forma decidida“.

El entramado de obras es gigantesco e incluye un contrato que supera los U$S 1.000 millones para la construcción de la red de ductos de exportación, donde ya se anotó un jugoso consorcio integrado por la corporación estadounidense Pumpco, la italiana Bonatti y la local Contreras Hermanos. A esto se le suma la futura concesión de la línea de alta tensión AMBA I por unos U$S 800 millones, además de proyectos de modernización para los ferrocarriles de carga Belgrano, San Martín y Urquiza con la idea de conectar rápidamente los enclaves extractivos con los puertos de salida.

El plan yanqui también abarca el sector tecnológico mediante la ampliación de la red de fibra óptica de Arsat y la entrada feroz de firmas extranjeras en el mercado local de las telecomunicaciones. En toda esta iniciativa, la infraestructura no tiene un gramo de neutralidad. Toda ruta, puerto o cable proyectado en este acuerdo está diseñado exclusivamente para organizar la geografía del país alrededor de los circuitos de valorización del capital imperialista.

El patio trasero en disputa

La firma de este corredor responde de manera directa y calculada a la estrategia que Donald Trump viene desplegando para recuperar terreno frente al enorme avance comercial de China en América Latina. Durante la cumbre de la ultraderecha regional conocida como el Escudo de las Américas, el mandatario norteamericano fue brutalmente sincero sobre sus intenciones de dominio absoluto para nuestro hemisferio.

Frente a un grupo de líderes completamente alineados, Trump les advirtió sin disimulos que “ustedes poseen una riqueza natural enorme, probablemente tengan la mayor riqueza natural del mundo, y no deben permitir que potencias extranjeras hostiles se apoderen de ella“. Su discurso dejó en claro que la injerencia sobre nuestras políticas soberanas es total cuando afirmó que “los recursos de América deben pertenecer siempre a los pueblos del continente” y que “Estados Unidos está deseoso de trabajar con ustedes para alcanzar este objetivo”. Detrás de esas palabras se esconde la verdadera orden imperial, la cual decreta que el litio, el cobre, el petróleo y el gas de estas latitudes deben nutrir de manera prioritaria a la industria norteamericana.

Esta jugada busca asegurar cadenas de suministro sumamente confiables para el bloque de Occidente en medio de una feroz competencia internacional por los mercados y las nuevas tecnologías. Al entregar el control estratégico de nuestra logística y de la matriz energética a los financistas estadounidenses, el gobierno de Milei ata de pies y manos el destino del país a los intereses caprichosos de Washington. Además, el horizonte de implementación del acuerdo fijado casualmente para el año 2027 funciona como un apalancamiento externo para el cronograma electoral del oficialismo. La Casa Rosada busca generar una falsa sensación de dinamismo económico y promesas de lluvia de dólares justo en el momento en que el presidente intente ir por su reelección.

Humo malvinero y abrazos manchados de sangre

A pesar del esfuerzo titánico del aparato de propaganda libertario por inflar la firma de este memorándum de entendimiento, la gira presidencial por Nueva York arrojó un saldo sumamente humillante para los deseos personales de Milei. El jefe de Estado viajó con la profunda ilusión de traerse bajo el brazo una foto a solas y una reunión bilateral con su admirado Donald Trump. Esa postal nunca llegó a concretarse porque el líder republicano lo esquivó en su agenda privada.

La humillación para la comitiva argentina fue doble al confirmarse horas después que Trump sí hizo un espacio en su apretada agenda para reunirse personalmente con el primer ministro británico Andy Burnham. Ese encuentro bilateral tiró por la borda cualquier esperanza sobre un supuesto respaldo estadounidense en la disputa por la soberanía de las islas. Peor aún, durante esa charla Trump se refirió al archipiélago como Falklands, enterrando por completo las fantasías de la Casa Rosada y dejando en completo ridículo el encendido discurso que Milei había dado en la Asamblea General de la ONU.

Esa perorata encendida de Milei en el organismo internacional no fue más que una cortina de humo mediática. El presidente usa una causa profundamente sentida por el pueblo argentino con el único fin de tapar el inmenso desastre económico y social que están provocando sus políticas de ajuste. Su supuesta e impostada defensa de los intereses nacionales contrasta violentamente con un accionar cotidiano que se dedica a rematar los recursos de nuestro suelo mientras aprovecha la crisis para reforzar el aparato represivo del Estado y perseguir a la protesta social.

Para coronar un viaje signado por el fracaso diplomático y la subordinación política, el único trofeo fotográfico que el presidente argentino va a poder exhibir orgulloso en sus redes sociales será en el encuentro con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Termina siendo verdaderamente repudiable que, al no conseguir el mimo de su jefe norteamericano, Milei se haya abrazado sonriente a un genocida directamente responsable de las horribles masacres diarias que sufre el pueblo palestino. El resultado de esta extensa excursión neoyorquina no deja lugar a interpretaciones confusas, ya que el gobierno libertario vuelve a pisar suelo argentino con las manos vacías de victorias diplomáticas y repletas de compromisos para continuar con el saqueo de nuestra tierra.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros