Antes de enfrentar a Argentina, la selección jordana llega a su primer Mundial con una historia atravesada por la construcción de un proyecto deportivo que buscó romper barreras. Detrás de ese camino aparece Samar Nassar, una dirigente que transformó al fútbol en una herramienta de inclusión y desarrollo en un país donde este deporte todavía lucha por ganar espacio.
Mucho más que 90 minutos
Argentina enfrentará a Jordania por la última fecha del Grupo J del Mundial 2026. Para la selección campeona del mundo será un partido más dentro del camino de la fase inicial. Para el conjunto asiático, en cambio, representa la culminación de un proceso histórico.
Jordania no llega solamente como una selección debutante en una Copa del Mundo. Llega como el resultado de un proyecto que durante años intentó construir una estructura futbolística donde antes había enormes dificultades.
En un mapa futbolístico dominado por las grandes potencias, donde los recursos, la infraestructura y la industria del deporte suelen quedar concentrados en Europa y algunas selecciones históricas, la aparición de nuevos equipos también muestra otra cara del fútbol: la de los países que buscan hacerse un lugar. Y en esa historia aparece un nombre clave: Samar Nassar.
Samar Nassar: una mujer detrás de una transformación
Antes de convertirse en una figura central del desarrollo deportivo jordano, Nassar fue atleta. Representó a Palestina en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y a Jordania en Atenas 2004 como nadadora. Más tarde pasó a ocupar lugares de dirección dentro del deporte, llegando a ser una pieza fundamental en la organización del Mundial Sub-17 femenino de 2016 en Jordania.
Su llegada a la gestión deportiva ocurrió en un contexto donde el fútbol femenino y juvenil enfrentaban fuertes obstáculos culturales, sociales y económicos. El desafío no era solamente formar equipos competitivos: era construir condiciones para que nuevas generaciones pudieran practicar deporte.
“Cambiar la mentalidad” fue uno de los objetivos que acompañaron ese proceso. El fútbol se convirtió así en un terreno de disputa: quiénes pueden jugar, quiénes pueden representar a un país y quiénes tienen derecho a ocupar espacios tradicionalmente dominados por hombres.
El desarrollo del fútbol femenino jordano fue una parte importante de esa construcción. La organización del Mundial Sub-17 femenino en 2016 fue presentada como una oportunidad para dejar una estructura que sobreviviera al evento: instalaciones, formación y mayor participación de mujeres en distintos roles del deporte.
Un fútbol periférico contra la lógica de los poderosos
El fútbol internacional suele vender una idea de igualdad: once contra once, la pelota en el centro y todos con las mismas posibilidades. Pero detrás de esa imagen existe una desigualdad evidente.
Las selecciones con más recursos tienen mejores centros de entrenamiento, ligas más competitivas y mayores inversiones. Mientras tanto, muchos países deben construir desde abajo, enfrentando falta de infraestructura y escaso apoyo económico.
Jordania representa esa pelea. Su recorrido muestra que el fútbol también puede ser una herramienta para países que buscan construir identidad y participación popular.
No es casual que muchos proyectos deportivos en países con menos tradición futbolística tengan un componente social fuerte: escuelas, barrios y comunidades aparecen como la base desde donde se intenta formar jugadores.
Una selección que nació desde abajo
La historia reciente de Jordania muestra una evolución importante. Hace pocas décadas la idea de tener una selección competitiva parecía lejana. La construcción de equipos juveniles, programas de formación y una mayor participación de mujeres fueron ampliando la base del deporte.
La creación de estructuras para categorías juveniles fue clave. La apuesta no estaba solamente en conseguir resultados inmediatos, sino en generar un proceso sostenido.En ese sentido, el Mundial no es únicamente una competencia. Es también una vidriera para mostrar un recorrido. Mientras las potencias llegan con décadas de historia, títulos y millones de dólares detrás, Jordania llega con otra bandera: la de quienes intentan abrirse camino.
La pelota como herramienta de disputa
La presencia de Jordania en un Mundial también invita a discutir el lugar del deporte en sociedades atravesadas por desigualdades. El fútbol puede reproducir privilegios cuando queda encerrado en manos de grandes negocios, pero también puede convertirse en un espacio donde sectores históricamente excluidos conquistan protagonismo.
La historia de Samar Nassar y del fútbol jordano no elimina las contradicciones del deporte profesional, ni desconoce los intereses económicos que atraviesan los grandes eventos internacionales.
Pero sí muestra algo importante: la pelota también puede ser una herramienta de organización, participación y transformación. Cuando Jordania salga a la cancha frente a Argentina, no solo jugará una selección debutante.
Jugará un país que durante años intentó construir su lugar en el mapa futbolístico mundial. Y en tiempos donde el fútbol parece cada vez más propiedad.

