Manuel Adorni presentó finalmente su declaración jurada patrimonial después de semanas de cuestionamientos y eligió defenderse con una mezcla de autocrítica, números amañados y reivindicación del “error”. Mientras el Gobierno intenta cerrar filas detrás del vocero presidencial, el caso vuelve a abrir un debate incómodo: cómo se construyen las fortunas privadas dentro de una clase dirigente que llegó prometiendo terminar con los privilegios.
Síndrome del trapecista
En la Argentina de Javier Milei, hasta las explicaciones patrimoniales parecen tener un capítulo de autoayuda. Manuel Adorni, Jefe de Gabinete y una de las principales figuras comunicacionales del oficialismo, salió a responder las críticas sobre su declaración jurada con una fórmula conocida: reconocer un error, relativizarlo y convertirlo en una historia de esfuerzo individual.
La escena tuvo todos los condimentos del manual libertario. Mientras sectores populares enfrentan recortes salariales, caída del consumo y pérdida de poder adquisitivo, un funcionario del Gobierno debió explicar por qué durante años no declaró parte de sus ahorros. La respuesta llegó acompañada de una frase que buscó transformar una irregularidad en una característica generacional.
“Lo que hago es copiar mis declaraciones juradas patrimoniales que yo venía haciendo, donde no había incorporado el ahorro que yo había hecho con mi mujer durante toda la vida. Arrastro ese error y lo sigo arrastrando hasta este año”, explicó Adorni. Es decir, solo un error. Un error de varios cientos de miles de dólares.
Da la “casualidad” que los montos en negro que el funcionario ahorraba, coinciden con los movimientos investigados en el ultimo tiempo y que comenzaron con su ingreso en la función publica, no antes.
La explicación, lejos de cerrar la polémica, abrió nuevos interrogantes. Porque no se trataba simplemente de un dato omitido: hablamos de un funcionario de máxima confianza presidencial que durante años presentó información patrimonial incompleta.
El ahorro “en negro” como bandera
Uno de los momentos más llamativos de la defensa de Adorni llegó cuando intentó explicar por qué esos fondos no habían sido registrados.
“No lo declaramos porque la manera de escaparse de la vieja política era tener un ahorro en negro. Nunca se me hubiese ocurrido ahorrar en blanco en aquellos años”, sostuvo.
Y agregó: “En negro, como lo hicieron la mayoría de los argentinos que tuvieron la suerte de ahorrar”.
La frase generó ruido no solo por la admisión, sino por el argumento utilizado. La misma fuerza política que construyó su identidad alrededor del discurso contra la corrupción y la “casta” terminó justificando una práctica irregular apelando a una supuesta costumbre social.
El problema es que para millones de trabajadores argentinos la discusión no pasa por elegir entre ahorro blanco o negro. Buena parte de la población no tiene capacidad de ahorro, mientras que quienes logran sostener algún ingreso extra lo hacen en un contexto de inflación, precarización y pérdida salarial.
El bitcoin, la nueva versión del sueño argentino
Adorni también reconstruyó su historia económica personal y vinculó parte de su patrimonio al mundo de las criptomonedas.
“En 2013 empiezo a incursionar en el mundo del bitcoin, en 2014 empiezo a invertir fuerte en bitcoin. De hecho, mi mujer no estaba de acuerdo. Entre 2014 y 2018 ganamos bastante dinero con esta inversión. Reconstruyendo la historia, invertimos US$200.000 y ganamos US$300.000”, contó.
La explicación apareció casi como una versión criolla del emprendedor exitoso: una inversión arriesgada, una apuesta personal y una recompensa millonaria. Pero ¿por qué si este ingreso data de 2018 los movimientos inexplicables en sus cuentas comienzan con su llegada a la gestión pública?
La épica del inversor individual choca con una realidad económica donde los grandes ganadores suelen ser quienes tienen capital suficiente para especular. Mientras tanto, trabajadores y jubilados cargan con las consecuencias del ajuste que el propio Gobierno impulsa.
“El respaldo es absoluto”
En medio de la polémica, el oficialismo salió a respaldar al vocero. Adorni afirmó: “Desde el primer momento tuve apoyo del Presidente, de Karina Milei y de todo el gabinete. Jamás sentí otra cosa, el respaldo es absoluto. Saben que soy un hombre de bien”.
La frase buscó cerrar filas frente a una crisis política que se suma a otros escándalos que atraviesan al Gobierno. Pero también volvió a mostrar una dinámica repetida: cuando un funcionario queda bajo cuestionamiento, el poder responde con una defensa corporativa antes que con explicaciones claras.
Finalmente, Adorni aseguró que regularizará la situación: “Voy a pagar hasta el último impuesto que me corresponda pagar, hasta la última multa, todos los intereses, todo lo que devenga de este error”. Aunque, por otro lado, tanto él como Angeletti se inscribieron en el blanqueo de inocencia fiscal.
La casta, pero con privilegios
El episodio deja una contradicción difícil de ocultar. Milei llegó al poder prometiendo terminar con los privilegios de la política tradicional, pero su propio círculo de funcionarios queda envuelto en situaciones que obligan a dar explicaciones sobre patrimonio, negocios y vínculos personales. Y que además, aún no están saldadas, porque las pintorescas declaraciones de Adorni no son suficiente para explicar su enriquecimiento y todas las situaciones irregulares que empezaron a destaparse con la investigación.
El funcionario en particular, debería estar preso por sus múltiples delitos fiscales y el enriquecimiento ilícito que es imposible de tapar, y es necesario una Comisión investigadora independiente que vaya hasta el final y desbarate todas las redes de la corrupción libertaria.
La discusión de fondo no es únicamente la declaración jurada de Adorni. Es un modelo político donde mientras se exige sacrificio a trabajadores, docentes, jubilados y sectores populares, quienes ocupan cargos de poder parecen encontrar siempre una puerta de salida: un error administrativo, una explicación personal o una excepción.
La “casta” prometió desaparecer. Pero, al menos por ahora, parece haber encontrado una nueva forma de presentarse: con discurso anticasta, inversiones millonarias y declaraciones juradas corregidas a último momento.

