Entre la inflación, los salarios que no alcanzan y las denuncias que rodean a su gobierno, Javier Milei encontró tiempo para reinterpretar Monsters, Inc.. El problema es que la película parece decir exactamente lo contrario de lo que el presidente cree haber entendido.
Los molinos de Milei
El martes 2 de junio, el presidente expuso en el Congreso Anual del Instituto Argentino de Finanzas (IAEF). Allí volvió a regalarnos algunas frases intentando hacer un paralelismo entre lo que él comprende de la política argentina y la película realizada por los estudios Pixar, Monsters, Inc.
Allí sintetizó: “Hay una película que se llama Monsters, Inc. y se trata de una fábrica que asusta niños. Es fabulosa la película porque la nena se ríe de los monstruos”.
Llegando a la conclusión de que: “El día que le saquemos la careta a los monstruos colectivistas, este país va a ser definitivamente libre. La campaña es Monsters, Inc. Monstruo K. Monstruo, no nos asustás más“.
Don Quijote peleaba con molinos de viento; el presidente Milei, con la trama de las películas. Las retuerce hasta que le caben como anillo al dedo para explicar cómo llevar adelante el ajuste. No es el objetivo del presente texto defender a Pixar, pero sí hilar sobre algunos elementos que colisionan con el resumen libertario.
Breve desenlace
La película, estrenada en el año 2001, transcurre en un mundo habitado por monstruos y denominado Monstropolis. La energía que abastece a esa sociedad se genera mediante los sustos que producen a los niños del mundo humano, con el cual el contacto estaba prohibido.
A través de la obra se recorre la historia de James P. Sullivan, trabajador estrella de la empresa energética Monsters, Inc., quien lideraba el ranking de sustos (energía conseguida), y de su amigo Mike Wazowski, trabajador asistente en la planta.
Todo da un giro en la vida de nuestros protagonistas y de toda Monstropolis cuando Buu, una niña del mundo humano, termina en el mundo monstruoso, y tanto Mike como Sully deciden ayudarla a regresar.
En el camino deben enfrentar a su jefe, el Sr. Waternoose, y a Randall, el principal competidor de Sully. Finalmente, Waternoose es arrestado por la Agencia de Detección Infantil (CDA) por sus viles conductas, y los trabajadores de Monsters, Inc. terminan gestionando la empresa con una novedosa y potente forma de conseguir energía: las risas de los niños a quienes antes asustaban.
Los puentes que no se unen
El presidente toma de forma lineal y tergiversada los sucesos de la obra. Lejos de lo propuesto por Milei, encontramos sutilmente algunas críticas al formato competitivo que las patronales buscan generar entre los trabajadores, siendo Sully el número uno de un sistema que termina comprendiendo como erróneo. Incluso hay críticas a modelos de automatización a través de la energía como forma de eliminar puestos de trabajo.
También observamos una referencia a la intervención estatal con la participación de la CDA, que detiene al jefe de la compañía. Además, el final termina demostrando que no hay nadie mejor para gestionar y dirigir una empresa que sus propios trabajadores.
En otras palabras, la obra es más cercana a una reconversión en cooperativa que a reírse del colectivismo, como presume Milei.
El verdadero error
Asimismo, lo más grave que ha hecho el presidente no es no haber comprendido el mensaje de una película infantil, sino llevar adelante un plan de hambre y miseria, donde los salarios y las jubilaciones caen por el piso, y todos nuestros bienes y recursos se rifan al FMI y las grandes corporaciones.
El presidente inventa estas relaciones para intentar volver a estar en agenda luego de meses en los que la noticia de cada día eran las propiedades y los viajes de su jefe de Gabinete, quien aún no presentó su declaración jurada.
Mientras Milei habla de Monsters, Inc., lejos de que las empresas funcionen de la mano de sus trabajadores, siendo mucho más eficientes, se privatizan sectores estratégicos y se avanza en un modelo de concentración económica.
Lo más grave que ha hecho Milei no es malinterpretar una película: es su propio gobierno.

