Río Negro. Raquel Perier: “El golfo no está vacío: es un espacio que ya está habitado”

En el marco de la Audiencia Pública por la construcción del Gasoducto de Tratayen – San Antonio Oeste y el Cabildo Abierto previsto para este sábado 23 de mayo organizado por las organizaciones defensoras del Golfo San Matías. Desde la Red Ecosocialista y Periodismo de Izquierda hablamos con Raquel Perier, bióloga, integrante de la Multisectorial en defensa del Golfo e impulsora de la ley 3308.

JZ: ¿Cómo nace la Ley 3308 y qué rol tuvieron los actos políticos y sociales? ¿Resolvió algún conflicto ambiental?

RP: Era 1995, otro contexto político y económico. YPF estaba privatizada, el gobierno nacional y el provincial eran de signos opuesto. Y toda la ciudadanía se opuso al proyecto, marcando el rumbo a la dirigencia rionegrina: desde el Instituto de Biología Marina salimos a las calles a rechazar el oleoducto que terminaba en una monoboya frente a Las Grutas. El turismo recién despuntaba, la pesca ya tenía más trayectoria, pero había unanimidad contra el tráfico petrolero en el Golfo San Matías. Eso frenó el proyecto. En el 98 resurgieron los rumores, y la legislatura —en un clima muy distinto al actual— votaron la ley 3308, que prohibía cualquier actividad hidrocarburífera en el golfo. Hubo una movilización social enorme: recuerdo un instituto de inglés que sacó a los chicos a pintar murales con la consigna “Golfo Azul, no Golfo Negro”. Con la ley nos tranquilizamos y nos dormimos. Veintiocho años después, de un día para otro, la modificaron. Solo hubo un rechazo y una ausencia; muchos legisladores reconocieron después que ni siquiera la habían leído, solo respondieron a la orden partidaria. Hace pocos días, solo tres votaron en contra del nuevo gasoducto para el segundo barco. Las relaciones de fuerza son completamente distintas. Además, la crisis del país hace que la gente, sin información suficiente, lo vea como progreso. No nos oponemos al GNL en sí, sino a que todo se decida de forma oscura, sin participación real. Las divisas no van a quedar acá: las megacorporaciones se llevan todo y nos dejan los impactos. Con dos barcos y tres metaneros por mes, más los superpetroleros, el tráfico será infernal y la biodiversidad sufrirá daños altísimos. Hoy hay mucha menos respuesta: el Concejo Deliberante de San Antonio Oeste ni siquiera contestó dos notas de todas las organizaciones sobre la modificación de la ley de glaciares. No representan a nadie, hacen negocios para unos pocos.

JZ: Si tuvieras que señalar un momento decisivo en torno a la 3308, ¿cuál sería y por qué?

RP: La derogación. Fue terrible: de la noche a la mañana nos enteramos. No se nos permitió entrar a la legislatura, y estaba todo arreglado. Legisladores que después admitieron no saber de qué se trataba votaron en masa; solo uno en contra y otro ausente. Ese fue el quiebre. A partir de ahí todo se aceleró. Las audiencias públicas en Río Negro —Sierra Grande, Puerto del Este, y ahora la del gasoducto en San Antonio— son una farsa. Poner la información a disposición no alcanza si llega tarde, es incompleta o inaccesible. Nuestros derechos están siendo vulnerados. Y encima, en la audiencia de Puerto del Este, la patota de la UOCRA nos tapaba con bombos y tambores. La normativa exige participación efectiva e incidencia real; es todo ilegal. Por eso participamos: nuestra resistencia es horadar, horadar, horadar, hasta dar vuelta la situación.

JZ: ¿Qué especies habitan el Golfo San Matías y qué actividades económicas sostiene?

RP: Están los pescadores artesanales, pulperos y los de costa, una pesca de subsistencia para muchas familias, pero limpia, porque devuelven al mar lo que no usan. También la pesca industrial: merluza, abadejo, salmón, lenguado, langostino, cuyos ciclos ahora son muy importantes. Hay delfines, ballenas, orcas, pingüinos, aves, y en la costa una riquísima fauna de invertebrados, moluscos y bivalvos. El golfo es semicerrado: sus aguas son más profundas que la plataforma adyacente, y las corrientes hacen que potenciales contaminantes queden girando mucho tiempo. La zona norte es área de reproducción y retención larval en primavera-verano; cualquier contaminación acabaría con eso. El corredor migratorio del pingüino de Magallanes es el golfo; van a colisionar con el tráfico y el ruido submarino, que desorienta a ballenas y delfines. Las ballenas usan la zona norte para destetar a sus ballenatos, justo donde van a pasar los barcos que buscan gas licuado. Se va a superponer el corredor energético con el corredor biológico, y el que pierde es el biológico: cuando entran hidrocarburos al mar, la biodiversidad siempre pierde.

JZ: Una vez derogada la 3308 ¿Hubo herramientas legales para proteger el golfo? ¿Presentaron amparos?

RP: Hicimos todo lo posible, presentamos cuanto se pudo. Nos acompañaron FARN y abogados ambientalistas, pero todas las presentaciones fueron rechazadas. No hay separación de poderes: el Judicial responde al Ejecutivo, y el Legislativo también. La justicia está totalmente entongada, no encuentro palabra más exacta.

JZ: ¿Qué acciones concretas puede tomar hoy la ciudadanía para defender el Golfo San Matías?

RP: Lo que hacemos es importantísimo. La gente, de a poco, está despertando: si le preguntás a cada persona, te dice que no está de acuerdo, pero después prioriza el día a día. Hay que seguir resistiendo. No importa que las audiencias no sean vinculantes, tenemos que seguir demostrando que esto no es un proyecto nacional ni provincial, es la entrega del territorio como zona de sacrificio para que el norte global sostenga su consumo obsceno, mientras nosotros ponemos los bienes naturales y nos quedamos con la destrucción y la muerte. Cuando se van, jamás resuelven el “pasivo ambiental”, que es pura destrucción y expulsión, sobre todo de comunidades originarias. No solo es el golfo: está la minería, la zona andina con los negocios inmobiliarios, las comunidades expulsadas. Río Negro va a ser una gran zona de sacrificio. Tenemos que resistir: aunque seamos cinco, después diez, y así. Además, el Estado no dice cuántos puestos de trabajo reales va a haber. Tiran cifras inventadas; los únicos trabajos son para la infraestructura, después vienen técnicos especializados, y los insumos son de afuera. Es un cuento. No hay proceso democrático, es puesta en escena. Y es hora de que al votar entendamos que nadie, salvo honrosas excepciones, nos representa.

Luisina: Soy profe de secundaria en una escuela técnica. Los chicos ven como único proyecto ir a trabajar al petróleo ¿Qué les dirías? Y ¿Cómo abordamos los medios de comunicación que bombardean con ese discurso?

RP: El trabajo es de hormiga. En la escuela, es fundamental abrirles la mente: ¿qué tipo de trabajo? ¿saben las posibilidades reales? En diciembre vi tres cuadras de cola para presentar propuestas laborales para 2028. Hay que preguntarles: ¿qué pasa mientras tanto? Estos proyectos no son nacionales, son del mercado global; nosotros solo ponemos el territorio y los bienes, lo demás viene de afuera y se decide afuera. Yo tengo mucha confianza en la juventud. Hacelos discutir: como hacíamos en el 95, un grupo defendía a la petrolera y otro al golfo. Eso los hace pensar. Hay que mostrarles que el gobernador dice “vamos en el rumbo”, pero es el rumbo de la destrucción. Que sepan que sin contratos de compra internacionales esto no arranca. Y también desmontar la ilusión del empleo: en la municipalidad dieron dos charlas y ya creen que están preparados, pero las empresas traen a sus especialistas. A las mamás que defienden el proyecto porque “Juan va a conseguir trabajo” hay que preguntarles: ¿qué trabajo, dónde, con qué capacidades? Muchos chicos se fueron a probar suerte y volvieron todos, solo dos quedaron. Es meter estas miguitas en cada charla, en una cena, en cualquier lado. Ser participativos, traer uno más, multiplicarnos. El Estado tiene facilísimo instalar que “está todo bien”; nosotros tenemos que generar controversia. Los jóvenes tienen toda la potencia; se va a dar vuelta. Y si no, es insistir: así como nos metieron la Coca-Cola hasta pedirla sin pensar, lo mismo tenemos que hacer con esto, no dar por sentado que la gente sabe de qué se trata.

JZ: ¿Nos comentás sobre la audiencia pública y las actividades de la Multisectorial del Golfo?

RP: Al otro día de la audiencia (viernes 22 de mayo), vamos a hacer un cabildo abierto, una audiencia del pueblo. Ya lo hicimos y dio mucho resultado: viene gente de toda la provincia, dejamos hablar a todos, asambleariamente. Quienes participamos, nos reunimos en ronda, cinco minutos cada uno para expresar su opinión. La Asamblea del Curru Leuvu y la Red de Comunidades Costeras ya confirmaron que participan. Vamos a ocupar todos los espacios, sin dejar ninguno vacío, con creatividad. La crisis saca lo peor, pero también lo mejor de las personas, y ahí está la creatividad de ustedes, los jóvenes.

JZ: Unas palabras finales sobre los ecosistemas y estas batallas

RP: La crisis y la problemática internacional nos van a acompañar. La pregunta de fondo es: ¿qué país queremos? ¿Una matriz netamente extractivista o una matriz productiva, basada en la economía que nos trajo hasta acá, mejorable, pero no volátil como el extractivismo? El territorio es frágil, semiárido, y tenemos a Mekorot adentro; ahora van a hacer el canal Pomona-San Antonio solo para desviar agua a Sierra Grande, al puerto petrolero. No hay beneficio para las poblaciones. Preguntémonos: ¿queremos recibir lo que nos dan o ser partícipes de una construcción? Esta democracia representativa no sirve; sin participación no hay futuro. El agua y la existencia dependen de nosotros. Y no me canso de decir: el Golfo San Matías no es un lugar vacío, no es un espacio a ser ocupado, está absolutamente comprometido con una biodiversidad única. Pareciera que pasar a la matriz extractivista está bien porque “la energía nos va a salvar”, pero no es real. Deberíamos usar los recursos para una transición energética, que empiece siendo comunitaria. El golfo no está vacío: es un espacio que ya está habitado.

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