Mundial 2026. La FIFA censura a Haití

A pocos días de su debut mundialista, la selección de Haití se vio obligada a modificar su camiseta por decisión de la FIFA. El organismo entendió que una ilustración incluida en la parte inferior de la indumentaria podía interpretarse como un “mensaje político”, algo prohibido por sus reglamentos. La imagen hacía referencia a la Batalla de Vertières, el combate decisivo que abrió el camino hacia la independencia haitiana y dio origen a la primera república negra libre del mundo.

La camiseta, diseñada por la empresa colombiana Saeta, había sido presentada como un homenaje a la historia del pueblo haitiano y a su regreso a una Copa del Mundo después de más de medio siglo. Sin embargo, la FIFA exigió modificaciones antes de autorizar su utilización durante el torneo.

La revolución de esclavos que cambió la historia

La controversia no gira alrededor de cualquier episodio histórico. La Batalla de Vertières, librada en 1803, fue el golpe final contra las tropas de Napoleón Bonaparte enviadas para recuperar el control de la colonia francesa de Saint-Domingue.

Aquella victoria fue el resultado de la Revolución Haitiana, la primera revolución de esclavos triunfante de la historia moderna. Tras años de lucha, los esclavos sublevados derrotaron militarmente a una de las mayores potencias de la época y proclamaron la independencia de Haití el 1 de enero de 1804.

El acontecimiento tuvo una repercusión mundial. Por primera vez, una rebelión de esclavos no solo destruía el régimen colonial sino que daba origen a un nuevo Estado independiente. El impacto fue tan profundo que las potencias esclavistas y colonialistas hicieron todo lo posible por aislar y castigar al nuevo país durante décadas.

Por eso la Batalla de Vertières ocupa un lugar central en la memoria colectiva haitiana y es considerada uno de los símbolos más importantes de su identidad nacional.

La neutralidad según la FIFA

La FIFA justificó su decisión apelando a sus normas de neutralidad política. Sin embargo, una vez más queda expuesta la doble vara con la que actúa el organismo.

Mientras considera inapropiado que una selección recuerde una lucha anticolonial ocurrida hace más de dos siglos, guarda silencio frente a las políticas discriminatorias que ya marcaron la previa del Mundial 2026. En las últimas semanas se conocieron denuncias por retenciones arbitrarias a integrantes de la delegación iraquí, restricciones contra representantes de Somalia y controles extraordinarios a la selección de Uzbekistán en territorio estadounidense. Estos hechos, sumados a las prohibiciones al plantel iraní para albergarse en suelo estado unidense.

Lejos de cuestionar estas situaciones, la FIFA se limitó a señalar que no interviene en las políticas migratorias del país anfitrión.

La contradicción es evidente. El organismo que afirma defender la diversidad y la inclusión no tuvo reparos en organizar buena parte del Mundial bajo la administración de Donald Trump, cuya política se caracteriza por las redadas contra migrantes, el endurecimiento de los controles fronterizos y un discurso permanente de estigmatización hacia los extranjeros. La contradicción es aun mayor, si tenemos en cuenta que le organismo expulsó de als competencias a Rusia tras la invasión a Ucranias, es decir, todo país puede ser sancionado salvo Estados Unidos.

Cuando la historia molesta

La decisión de la FIFA demuestra que su supuesta neutralidad suele transformarse en censura cuando aparecen referencias a procesos de liberación de los pueblos oprimidos. Recordar la revolución que derrotó la esclavitud y el colonialismo parece resultar más incómodo que convivir con las políticas xenófobas y racistas que atraviesan al país organizador.

Más allá de la camiseta, el episodio deja al descubierto el verdadero rol de la FIFA.  Un organismo que construyó su poder de la mano de gobiernos, corporaciones y acuerdos multimillonarios. La misma organización que mira hacia otro lado frente a las políticas antiinmigrantes de Trump decidió intervenir censurar el recuerdo de una revolución que enfrentó la esclavitud y el colonialismo. Una muestra más de que, detrás del discurso de la neutralidad, se esconden los intereses de quienes hacen del fútbol un gran negocio global.

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