Marcela Tauro ¿Una frase desafortunada o desafortunada confesión?

El peligroso discurso de Marcela Tauro: honrar a los violadores para que te vaya bien

Ayer, la periodista Marcela Tauro expresó que no había que enojarse con el pasado y mencionó el caso de padres que violaron a sus hijos reafirmando que no había que enojarse con ellos, sino que había que honrarlos para que te vaya bien en la vida. Una frase que fue ampliamente cuestionada y se viralizó pocas horas después. Ante el repudio que generó, la periodista pidió disculpas y dijo que nunca quiso decir lo que dijo  y que fue un horror.

El pedido de disculpas muestra algún elemento de reflexión, pero es necesario analizar un discurso peligroso que expresa un paradigma no solo de naturalización de abusos y violaciones infantiles en el seno familiar, sino que además refleja una cultura posmoderna del perdón y de la aceptación como condición de un futuro mejor. Discursos que son muy peligrosos y mucho más cuando hay un contexto de ataque a las denuncias por abuso y violacion. Las disculpas son correctas, pero queda a la luz un entramado de metamensajes que debemos combatir.

Los hechos concretos

El episodio ocurrió durante el ciclo matutino que conduce Santiago del Moro en radio. Allí  debatían sobre la manera en que hoy se revisan hechos históricos y figuras del pasado. En ese contexto, Del Moro planteó que a Cristóbal Colón muchas veces se lo juzga con parámetros actuales. A partir de esa reflexión, Tauro sostuvo que todas las guerras y los grandes acontecimientos históricos deben analizarse dentro de su contexto,  y que no era conveniente vivir anclados en el pasado. Sin embargo, al intentar ejemplificar esta idea, realizó una comparación que rápidamente generó rechazo en redes sociales. La periodista expresó que no había que “enojarse” con el pasado, sino “honrarlo”, y mencionó el caso de padres que violaron a sus hijos, explicando que no hay que enojarse con ellos, sino honrarlos. Que por no hacer eso, se vivía mal y con violencia. Una frase que fue ampliamente cuestionada y se viralizó pocas horas después.

La periodista pidió disculpas públicamente luego de la fuerte polémica que generaron sus dichos, horas más tarde, la panelista aseguró que «fue un horror» lo que dijo y aclaró que nunca quiso transmitir ese mensaje, explicó que la frase fue descontextualizada ya que se refería a la sucesión de hechos históricos.

Seguro las fuertes críticas le permitieron reflexionar, pero su frase desafortunada es, lamentablemente, una forma de naturalizar las violaciones y de no cuestionar lo pasado como en un ritual mágico para lograr mejores momentos futuros. Si bien al pedir disculpas intenta cerrar un capítulo, es necesario aclarar que no es la primera vez que la periodista hace reflexiones sobre no enojarse para vivir mejor, el lema de un paradigma que puede resultar peligroso usado como mantra.

Peligrosos discursos de validación

Sin lugar a dudas es válido pensar cómo se debe leer, pensar, elaborar,y sacar conclusiones del pasado. Es verdad que pensar los hechos del pretérito en clave actual puede resultar equivocado. Una mirada con las perspectivas actuales sobre hechos que eran de otros paradigmas resultan equivocados, no entenderíamos millones de cosas que acontecían como habituales con nuestro pensar actual: modos de vida, de cocina, de vestir, de cultura, de costumbres, etc. En fin, el pasado requiere un análisis mucho más profundo partiendo de los propios contextos históricos para enmarcarlo.

Ahora bien, algunas cosas no pasan de moda y muchas cuestiones que hoy entendemos más, como el avance en materia de derechos, nos ha permitido un plexo legal más acabado para determinar el grado de delito, que ya eran delitos en el pasado. ¿A quien se le ocurre pensar que un padre que violó a su hijo en el 2000 o en el 1900 no cometió delito y generó un daño terrible a esa infancia? O sea, el ejemplo que usa la periodista para explicar la necesidad de una mirada contextualizada de los hechos del pasado es justo un ejemplo repudiable.Y no hay ningún contexto histórico donde ese accionar estuviera legitimado o bien visto. Un ejemplo más que desafortunado, ya que hay una corriente que minimiza los efectos que un daño así podría traer a niños y adolescentes con la idea de superponerse y hacer de cuenta que no ocurrió nada.

Muchos especialistas en salud mental y organizaciones de derechos humanos señalaron frente a esta corriente la gravedad de este tipo de mensajes en medios masivos de comunicación por los peligros que encierra.

  • Revictimización y culpa: imponer a una víctima de abuso intrafamiliar la obligación espiritual o psicológica de “honrar” a su agresor desplaza la responsabilidad del delito hacia el damnificado. Sugerir que su bienestar futuro depende de este acto genera culpa y angustia adicional en los sobrevivientes.
  • Validación de la impunidad: utilizar nociones mal comprendidas o llevadas al extremo de pseudoterapias pueden naturalizar o suavizar delitos graves. El abuso sexual es una violación flagrante de los derechos humanos y un delito penal que exige justicia, no una aceptación mística.
  • Obstaculización de la denuncia: mensajes de este calibre emitidos en programas de altísima audiencia, como El Club del Moro en La 100, refuerzan el pacto de silencio en torno al abuso intrafamiliar. Al sugerir que confrontar el pasado “hace daño”, se desincentiva que las víctimas busquen ayuda legal y terapéutica. Muchos más en un contexto donde se ataca a quienes denuncian, con proyectos de “falsas denuncias”
  • Confusión entre sanar y validar: en el ámbito de la psicología y el tratamiento del trauma, liberarse del dolor o “soltar” el vínculo con un abusador para poder continuar con la vida jamás implica justificar, perdonar obligatoriamente o mucho menos rendir honores a quien cometió la agresión.

Por todos estos aspectos no es menor señalar que a pesar del pedido de disculpas hay elementos de sus dichos que refieren a un problema más profundo. Más relacionado a estos paradigmas donde se insiste en “soltar” lo que nos duele como elemento de sanación, entendiendo esto casi como una validación absoluta de lo ocurrido, “algo te está enseñando lo que pasó”

El descargo de la periodista llorando, ante la inmediata repercusión negativa y los cuestionamientos de sus propios compañeros de mesa en vivo, muestra que sus dichos no son solo frases desafortunadas. Si bien explicó que se enredó al aire mientras debatían sobre cómo abordar la historia y los traumas personales, hay un elemento que no se puede soslayar: las personas públicas como ella deben tener la responsabilidad de pensar y planificar con mayor certeza sus afirmaciones, principalmente frente al dolor que pudo haber removido en las víctimas

Responsabilidad periodística

La tarea periodística requiere varios elementos para realizarla a conciencia en tiempos donde una fake parece verdad y las verdades no siempre se dicen. Es muy importante pensar en dos ejes para nuestra tarea de informar o conducir un espacio al aire. Uno de esos ejes es la verificación y contraste, no puede existir un patrón periodístico donde lo que se dice no se contrasta, no se verifica, legitimando muchas veces cualquier cosa. El segundo, tener en cuenta la previsión de las consecuencias. Todo lo que decimos y hacemos tiene consecuencias, tenerlas presente antes permite que podamos sopesar previamente,  la magnitud de esas expresiones.

Por supuesto, podemos equivocarnos, podemos retractarnos, pedir disculpas, etc. Pero hay un metamensaje que el periodismo introduce que debe ser puesto a lupa siempre. Por suerte, en este caso hubo un pedido de disculpas a tiempo. No siempre ocurre. Además, pudo servir de disparador para pensar algunos trazos de análisis.

La reflexión debe ser un aporte a pensar cómo desde comentarios, frases hechas o simples dichos, habilitamos muchas veces la validación de modelos o estereotipos que debemos desarmar.  Una tarea difícil para honrar la vida y no a los abusadores.

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