Por medio de una carta, publicada en su perfil de X, Adorni presentó su renuncia. A pesar del aguante expresado por la Presidencia, su situación era insostenible. Se fue de su puesto; ahora tiene que terminar preso.
Haciéndose la víctima y sin reconocer ninguno de los actos de corrupción que se le conocieron durante estos últimos meses, Adorni no pudo evitar lo que ya era un hecho. El exvocero, a pesar de la defensa de los hermanos Milei, ya era un elemento insostenible para la vida del oficialismo y se termina yendo del Gobierno.
Luego de un viernes cargado de conjeturas sobre el futuro del jefe de Gabinete, estas se terminaron convirtiendo en un hecho. Una cuestión que se terminó de cristalizar luego de la reunión que el presidente concretó con Adorni en la Quinta de Olivos.
Casi 24 hs antes, Javier Milei había arrancado la jornada defendiendo a su ministro coordinador, declarando que creía en su honestidad; es más, veía plausible la historia del famoso pendrive cargado con una suma millonaria en criptomonedas. Pero claro, al mismo tiempo, tal vez para resguardarse, aclaró que, si la Justicia lo declaraba culpable, él lo echaba de una patada. Si bien la causa se le complica de manera cotidiana, al hoy, ya ex jefe de Gabinete le llegó la patada que lo eyectó de sus funciones.
Lo que venía sucediendo en el Congreso desde hace dos semanas ya era la carta de presentación de este desenlace. Todas las acrobacias parlamentarias realizadas por sus pares del Congreso profundizaron el desgaste dentro del espacio libertario. Bullrich, a pesar de los desplantes hacia los Milei, hizo todo lo que le pidieron para darle más vida al deslomado. Pero ya ni los acérrimos colaboracionistas del Gobierno lo podían seguir bancando. Es tal la mancha de corrupción que esparció Adorni, sumado a lo burdo de su desempeño delictivo, que ni la miserabilidad que manejan dentro de la oposición dialoguista lo siguió bancando.
Fueron casi cuatro meses donde todo el país presenció un festival obsceno de corrupción. Lo que comenzó con el viaje a Nueva York, junto a su esposa, que luego pasó por el festival de propiedades adquiridas por medio de préstamos otorgados por jubiladas que cobraban la mínima, hasta llegar al súmun de la caradurez con su justificación fantástica sobre su crecimiento patrimonial y su pendrive multimillonario, terminó con la vida política del deslomado de Adorni. Todos los elementos que se conocieron en estos meses fueron los que lo llevaron a realizar su famoso latiguillo, FIN.
Todavía no se conoce quién reemplazará a Adorni. Ya suenan varios nombres. En esta danza de posibles candidatos aparecen personajes del talante de la ministra Sandra Pettovello y el del ministro del Interior, Diego “el Colo” Santilli. Una, encargada de profesionalizar el violento recorte a las ayudas sociales. El otro, un macrista converso que cuenta con el pergamino de haber sido denunciado por tener más de 14 offshore en paraísos fiscales. Además, desde su asunción se ha convertido en un fiel alfil político del karinismo al lograr garantizar los votos de los gobernadores en ambas cámaras del Congreso. Se pasaría de Guatemala a Guatepeor.
Con la salida de Adorni, el Gobierno se anotará su cuarto jefe de Gabinete. Además, este capítulo le asesta un golpe importante. Pero esta cuestión no puede finalizar con la sola remoción de Adorni. El deslomado, que estuvo meses burlándose de los trabajadores con sus escandalosos gastos, tiene que terminar preso. Es el único destino que se merece un personaje como este.
“La moral como política de Estado” fue una de las últimas banderas desplegadas por Javier Milei. Sin embargo, el encubrimiento sistemático y la caída de Manuel Adorni terminan siendo la radiografía perfecta del tipo de moral que realmente manejan los libertarios: la de una casta rancia, parasitaria y profundamente antiobrera.
Este desenlace es un síntoma de la putrefacción de un modelo económico diseñado para licuar los ingresos populares mientras sus funcionarios se enriquecen de forma obscena. La renuncia del exvocero y ex jefe de Gabinete demuestra que el oficialismo no es invulnerable, pero también nos marca que la salida no vendrá de las maniobras palaciegas ni de la complacencia de la oposición dialoguista, sino de la organización y la movilización en las calles.
Es fundamental que se redoble la ofensiva política para enfrentar y desarmar el andamiaje de miseria de este Estado. Adorni tiene que terminar preso, sí, pero todo este experimento reaccionario debe ser derrotado por la acción histórica de los trabajadores.

