Estamos frente a una fuerte contradicción, ya que el crecimiento de la izquierda se da en un momento donde la clase trabajadora y sus organizaciones no se encuentran justamente en un alza de luchas, sino que la desmovilización y los por ahora, pequeños grupos que resisten, son la norma y esto justamente nos plantea que, para pasar a la ofensiva desde la izquierda, hay trabajos previos que realizar, que unan teoría con práctica.
En este sentido debemos percibir que hay una cuestión de la lógica de construcción política que ha perdido sustancia, se trata de aquella lógica que podríamos referenciar esquemáticamente como: se designa un derecho, se organizan entorno a él, disputan con el Estado para que lo cumpla, todo ello además englobado -en algunos casos- sobre una mirada electoralista como posible solución de fondo. Los aspectos explícitos de esta lógica, deben ayudarnos a explicar que producto de ella, sufrimos la estatización de las luchas, la actual desmovilización y captura del quehacer emancipador de la militancia.
Las importantes marchas que se han realizado alrededor de derechos vulnerados fungen como probeta de ensayo que explicita esta situación, que por consiguiente no se inscribe en el marco de una hipótesis, sino que nos muestra la real fisionomía de las marchas y la falta de luchas más concretas. Por eso es importante resaltar que los análisis científicos sociales nunca son un sistema acabado, sino que nos permiten ver las tendencias, las contradicciones dialécticas, que nos ayudan a alcanzar la síntesis de múltiples determinaciones en el estudio de nuestro objeto-clase. Con ello, nuestra clase no sólo se encuentra disgregada, sino que la vida precaria se inmiscuye en toda la vida social del proletariado extenso. Sumando las condiciones materiales de existencia, hacen que el sector prototípico de la clase, el que está registrado, sindicalizado o con un sindicato de su rubro, se encuentra sobreexplotado, debido a que el sueldo no alcanza, debiendo salir a disputar trabajo en el mercado, lo que le quita tiempo y sobre todo, fuerza de trabajo que no repone.
De esta manera, el subproletariado precariado forma parte implícita de nuestra clase, ya que no se trata sólo de que parte de la clase trabajadora labora a través de plataformas digitales, que se encuentra mayormente sin las herramientas típicas de la clase. Esto es, sin registrar, sin sindicalizar, sin sueldo ni horario fijo, sino que además con ello, como un aspecto de época, esto capturo los imaginarios sociales produciendo conciencias que se apartan de la conciencia de clase. Las formas en las que el capitalismo en su faceta neoliberal trasunta, es fomentando una alienación que sobre todo se enclava dentro de las conciencias que hacen a la comprensión de clase y su natural tesitura antagonista. Por eso debemos registrar que nuestra clase, no tiene acceso a la conciencia de clase en sí, ya que actualmente no está produciendo casi ninguna lucha masiva significativa por sus derechos económicos, menos aún, debemos dejar claro, podrá llegar a la conciencia de clase para sí. De ahí se desprende que, sin comprensión de los antagonismos sociales, sin asumir que el antagonismo es de clase, no hay posibilidad de generar conciencia sobre la necesidad que sea la clase trabajadora la que rompa sus cadenas esclavistas.
Ahora bien, debemos asimismo asumir que nuestra sociedad, es una sociedad posgenocidio, una sociedad que sufrió un genocidio de clase que se perpetró desde las clases dominantes capitalistas, sobre su natural antagonista, la clase trabajadora.
El terrorismo de Estado buscó y logro, reconfigurar a nuestra sociedad, para que la clase trabajadora no tuviera poder, y aún más, para que no tuviera memoria de sus luchas, ni conciencia de clase.
Esta situación no es un escenario inamovible, pues es justamente una situación dinámica que nos llama, nos interpela a producir un correcto diagnóstico para llegar a una correcta prognosis que nos situé en las necesidades y labores de época que debemos llevar a cabo. Entre ellos, ésta buscar fomentar que la auto-organización se genere y produzca.
La cuestión del método dialéctico materialistaEste escenario nos muestra que dichas contradicciones no están predeterminadas sino que dependen de la lucha de clases, es así entonces que el desarrollo histórico concreto, nos dice que la dialéctica es dialéctica de la historia y del materialismo histórico, de este modo es que el desarrollo particular de la lucha de clases, debe su esencia a contextos históricos específicos que han fomentado una dinámica de oposición, que promueve interpretaciones posibles sobre las tareas y las herramientas de época a generar, que justamente por ello deberían estar mediadas por la práctica.
Así, se torna de fundamental comprensión que, cuando hacemos referencia a las contradicciones, estamos siguiendo a Vladimir Lenin en Sobre la dialéctica. En Cuadernos filosóficos nos dice: «La escisión de un todo único y el conocimiento de sus partes contradictorias es la esencia de la dialéctica».
Acá ingresa, entonces, la cuestión del método, para alcanzar la síntesis de múltiples determinaciones es de hacerse notar que debemos diferenciar -aunque son una unidad- el uso del materialismo histórico y de la lógica dialéctica marxista, pues el primero se usa, según Walter Benjamín en su séptima tesis presente en Sobre el Concepto de la Historia (1940), para “pasarle a la historia el cepillo a contrapelo’’, analizando con ello la forma histórica que adquiere la lucha de clases, en el caso de la lógica dialéctica marxista se aplica a todo análisis que, en este contexto especifico, nos permite observar entre otras la relación dialéctica entre la superestructura (el Estado y todas las formas jurídicas, políticas, ideológicas y culturales) y la infraestructura (base económica, fuerza y relaciones de producción). Observación necesaria para comprender la contradicción principal actual, que es el crecimiento de la izquierda, sin que nos encontremos en un auge de la lucha de las masas.
Debemos recordar, siguiendo a Karl Marx y Friedrich Engels en el capítulo I del Manifiesto Comunista (1848), que la historia es concretamente: “La historia de toda la sociedad hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”. De ahí, la necesidad de pensar el qué hacer, primero abordando la situación concreta de nuestra de clase.
El diagnóstico sobre nuestra clase, nos permite comprender las tareas de época y las dificultades para llevarlas a cabo. En ese marco, la falta de conciencia de clase (para sí y en sí) nos marcan que una de las labores de época, es necesariamente alfabetizar políticamente, principalmente para marcar los antagonismos de clase y de ahí derivar el programa político para nuestra clase. Asimismo, esta prognosis debe llevarnos a evaluar que dicha labor pedagógica requiere para la conciencia de clase, de la auto-organización. Acompañar, proponer y construir espacios de auto-organización, es una tarea fundamental.
Como sabemos, las correlaciones de fuerza se construyen, de ahí la importancia de ampliar la incidencia de las izquierdas en las masas, a través de construcciones de base que sean prácticas prefigurativas del quehacer emancipador de nuestra clase.
Damián Ravenna, escritor y defensor de derechos humanos


