Familias endeudadas y salarios destruidos. La otra cara del “milagro” económico de Milei

La morosidad de las deudas familiares volvió a dispararse y los créditos “irrecuperables” ya superan el 10% de toda la cartera no bancaria. Mientras el gobierno celebra el ajuste y el superávit fiscal, millones de familias sobreviven recurriendo a billeteras virtuales, préstamos usurarios y endeudamiento para cubrir gastos básicos.

El ajuste se paga con deuda

El modelo económico de Javier Milei empieza a mostrar una consecuencia cada vez más visible: el endeudamiento masivo de las familias trabajadoras. Según un informe reciente de la consultora Eco Go, los créditos considerados “irrecuperables” dentro del sistema no bancario ya representan el 10,8% de toda la cartera, cuadruplicando los niveles del año pasado. La irregularidad total escaló hasta el 27,5%, un récord histórico para este tipo de financiamiento.

Detrás de esos números aparecen millones de personas que ya no llegan a fin de mes y se ven obligadas a endeudarse para pagar alimentos, servicios, alquileres o medicamentos.

Mientras el gobierno habla de “orden macroeconómico”, la vida cotidiana funciona cada vez más a crédito.

Billeteras virtuales, financieras y tasas usurarias

El crecimiento de la deuda no bancaria tiene un protagonista central: las fintech y billeteras virtuales. Plataformas digitales y financieras privadas expandieron enormemente su participación en el mercado del crédito durante los últimos años, especialmente entre trabajadores informales y sectores que no acceden al sistema bancario tradicional.

El problema es que esos préstamos suelen venir acompañados de tasas exorbitantes. En muchos casos, las familias terminan pagando intereses imposibles de sostener, entrando en una espiral permanente de refinanciación y atraso.

Según el informe, el stock de créditos “irrecuperables” pasó de $177.000 millones en diciembre de 2024 a $1,54 billones en marzo de 2026.

La situación golpea especialmente a trabajadores informales y cuentapropistas: en ese sector, el crédito no bancario ya equivale al 161% de una masa salarial mensual.

Es decir, hay hogares cuya deuda supera ampliamente lo que generan en ingresos durante un mes entero.

La “desinflación” sostenida con hambre

El gobierno libertario insiste en presentar la desaceleración inflacionaria como un éxito económico. Pero los datos de endeudamiento muestran el verdadero costo social de ese proceso.

La caída del consumo, el desplome del salario real y las jubilaciones destruidas obligan a millones a recurrir al crédito para sobrevivir. La inflación baja porque se pulveriza el poder de compra de la población, no porque mejoren las condiciones de vida.

El propio informe vincula el aumento de la mora con el deterioro del consumo y la menor capacidad de pago de las familias.

En otras palabras: la economía “se ordena” mientras los hogares se hunden en deudas imposibles de pagar.

El negocio financiero del ajuste

Mientras los salarios pierden contra la inflación y el empleo se precariza, el sistema financiero sigue expandiendo negocios alrededor del endeudamiento popular.

La lógica es simple: cuanto más se deterioran las condiciones de vida, más crece la necesidad de financiar gastos básicos. Y allí aparecen bancos, fintech y financieras privadas ofreciendo crédito rápido con intereses altísimos.

El resultado es un círculo de dependencia permanente.

Incluso informes recientes señalan que la mora del sistema financiero ya supera niveles registrados antes de la pandemia.

El “milagro económico” libertario empieza a mostrar entonces otra realidad: hogares sobreendeudados, salarios que no alcanzan y familias enteras hipotecando ingresos futuros para poder comer hoy.

¿Quién gana y quién pierde?

El contraste político es brutal. Mientras el gobierno exige sacrificios permanentes a trabajadores y jubilados, los grandes grupos financieros continúan obteniendo enormes ganancias mediante tasas usurarias y expansión del crédito.

El modelo de Milei no eliminó privilegios: reorganizó quiénes se benefician de la crisis.

La motosierra cayó sobre salarios, jubilaciones, universidades y hospitales, pero no sobre el negocio financiero que lucra con el endeudamiento social.

Y mientras el oficialismo celebra indicadores fiscales, la realidad aparece en otro lado: familias atrapadas entre la inflación, el ajuste y deudas que ya no pueden pagar.

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