En Clave Roja-PTS se autoaisla y falsea debates en el movimiento estudiantil

El diario digital del PTS publicó una nota contra sectores de la izquierda por haber participado del escenario común en la 4ta movilización multitudinaria universitaria por financiamiento y para que se aplique la ley. Una vez más, el PTS confunde independencia política con aislamiento, unidad de acción con subordinación, y debate estratégico con descalificación sectaria. Intentaremos explicar.

Por Agustin Romero, coordinador de La Marea en la UBA y Secretario de FUA

El martes, más de un millón de personas en todo el país volvieron a llenar las calles para exigir que el gobierno de Milei aplique la Ley de Financiamiento Universitario. Una ley conquistada por la movilización, por las asambleas, por las tomas, por docentes, no docentes, estudiantes y por un pueblo que abraza la universidad pública frente al intento de destruirla.

Esa conquista no fue de la Franja Morada, ni del PJ, ni de Yacobitti, ni del CIN. Fue producto de la organización desde abajo y de la presión de una enorme movilización social que obligó al Congreso a votar una ley que el gobierno se niega a cumplir.

Por eso llama la atención —o quizás ya no tanto— que el PTS – En Clave Roja elija poner el centro de su crítica no en el gobierno sino contra la izquierda por una foto de palco, como si la independencia política se definiera por la ubicación física en un escenario y no por la orientación que se defiende ante miles de estudiantes y trabajadores.

Para darles tranquilidad a los compañeros del PTS, desde La Marea, Tesis XI e Inconciente Colectivo no tenemos ninguna confianza en Yacobitti, en las autoridades universitarias, en el CIN ni en las conducciones que vienen frenando la pelea. Lo escribimos en un sin fin de artículos, lo dijimos en todos los cursos, en todas las asambleas, en todas las reuniones de la FUA donde el PTS no emitió palabra. Lo dijimos antes, durante y después de la marcha: la universidad no va a ganar con negociaciones por arriba, ni con maniobras institucionales. Hace falta asambleas, paros, coordinación nacional y un verdadero plan de lucha unificado hasta derrotar el ajuste de Milei. Pero una cosa es denunciar a esas conducciones y otra muy distinta es regalarles la calle.

Frente a un gobierno de ultraderecha que ataca la educación pública, la salud, la ciencia, la discapacidad, las jubilaciones y todos los derechos conquistados, la tarea de la izquierda no puede ser mirar desde afuera para después repartir certificados de pureza. La tarea es intervenir en los procesos reales, impulsar la más amplia unidad de acción en las calles y disputar  una orientación independiente, democrática y de lucha.

La independencia política no significa negarse a compartir una movilización, un escenario o una instancia común con sectores con los que tenemos diferencias profundas. Significa no subordinarse a ellos. Significa sostener un programa propio, denunciar sus límites, combatir sus maniobras y pelear por una nueva dirección del movimiento estudiantil.

Porque si la izquierda se autoexcluye cada vez que en una lucha aparecen sectores reformistas, peronistas, radicales o burocráticos, entonces no está preservando su independencia: está renunciando a disputar la conducción de los procesos de masas.

Además, hay una doble vara evidente. El PTS se escandaliza por una foto del palco en la movilización universitaria, pero no aplica el mismo criterio cuando sus propias figuras comparten escenarios en movilizaciones de género con sectores de la burocracia feminista, del peronismo o de conducciones institucionales con las que también existen enormes diferencias políticas. Ahí, curiosamente, no descubren ninguna “pérdida de independencia”. Parece que el problema no es compartir espacios comunes, sino quién lo hace.

No es la primera vez que esta mirada sesgada los lleva a una política de autoaislamiento. Ya ocurrió con el 24 de marzo donde por segundo año consecutivo, en un contexto de ofensiva negacionista del gobierno de Milei y a los 50 años del golpe genocida, volvieron a autoexcluirse de una movilización unitaria y de un acto común contra el gobierno. En nombre de la independencia, terminan debilitando la posibilidad de golpear juntos en la calle contra la derecha.

Y ese es el fondo del debate. La unidad de acción no borra las diferencias estratégicas. No nos hace confiar en quienes no confiamos. No nos obliga a callar nuestras críticas. Al contrario: nos permite intervenir ante miles, disputar orientación política y demostrar en la práctica quiénes quieren ir a fondo y quiénes quieren administrar el conflicto. Es como si se está incendiando el edificio, no le preguntás al vecino a quién votó antes de pasarle el balde. Eso no significa confiarle las llaves del consorcio: significa apagar el fuego sin dejar de pelear por echar al administrador que lo dejó arder.

La discusión real no es quién estuvo arriba de un palco. El debate de fondo es qué hacemos con la fuerza enorme que volvió a expresarse en las calles: si dejamos que esa bronca termine archivada en una negociación entre rectores, radicales y funcionarios, o si la transformamos en organización desde abajo, asambleas, paro nacional universitario y un verdadero plan de lucha.

Por eso, al PTS le proponemos bajar de la tribuna de comentaristas y entrar en el terreno de las propuestas concretas. Porque su artículo tiene mucho señalamiento, mucho bardeo y mucha autoproclamación, pero ninguna salida positiva para el movimiento estudiantil. Y no da.

Si de verdad queremos ganar esta pelea hagámoslo en serio. Desde nuestras agrupaciones les proponemos que: impulsemos una gran movilización unitaria y diversa a Tribunales con acampe hasta que la Corte Suprema resuelva a favor de la universidad pública. No podemos dejar que se disuelva la fuerza que se expresó en las calles, tenemos que darle continuidad.

Entonces nuestra ubicación es clara: unidad de acción para llenar las calles, independencia política para no subordinarnos a ningún rector, burócrata ni partido patronal, y disputa abierta por una nueva dirección del movimiento estudiantil.

La independencia política no es sacarse una foto solos. No es mirar una movilización histórica desde el costado. La universidad pública se defiende con unidad de acción, organización desde abajo y plan de lucha hasta derrotar el ajuste de Milei.

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