Una lectura marxista y científica de una de las expresiones religiosas más importantes de Salta
Cada septiembre, Salta vuelve a organizar buena parte de su vida social alrededor del Milagro. Miles de personas participan de las celebraciones, las peregrinaciones y la procesión del Señor y la Virgen del Milagro. Para quienes profesan la fe católica, se trata de una manifestación de devoción profundamente arraigada. Para las ciencias sociales, además, constituye un fenómeno colectivo que permite observar cómo una sociedad construye memoria, identidad, autoridad y formas compartidas de interpretar la realidad.
Analizar el Milagro desde una perspectiva marxista no implica negar que millones de personas experimenten su fe como algo auténtico. La pregunta es : ¿qué condiciones sociales permiten que una determinada interpretación religiosa de la realidad adquiera tanta fuerza y legitimidad dentro de una sociedad?
El Milagro como hecho social
Desde una mirada científica, el primer paso consiste en separar dos cuestiones. Una es la afirmación religiosa de que ocurrió un acontecimiento sobrenatural; otra es el hecho observable de que, durante siglos, una comunidad ha construido alrededor de ese acontecimiento un sistema de creencias, rituales, instituciones y prácticas colectivas.
La ciencia no puede demostrar ni refutar mediante sus métodos la existencia de una intervención sobrenatural-espirutal. Pero sí puede estudiar aquello que resulta observable: la procesión, las peregrinaciones, las prácticas religiosas, los discursos, la transmisión de la tradición, la participación de instituciones, la movilización económica y la manera en que la creencia influye sobre las relaciones sociales.
En ese sentido, el Milagro es también un hecho social: una práctica colectiva que precede a los individuos y que ejerce sobre ellos una fuerte capacidad de influencia. Una persona nace en una sociedad donde determinadas fechas, símbolos, relatos y rituales ya existen. Aprende su significado a través de la familia, la escuela, la comunidad y las instituciones religiosas.

No necesita aceptar conscientemente una doctrina para encontrarse inmersa en ese universo simbólico.
Para Marx: la religión va más allá de la creencia individual ya que la religión no puede analizarse exclusivamente como una cuestión de fe personal. Karl Marx la entendió como una producción social vinculada a las condiciones materiales de existencia.
Su conocida caracterización de la religión como “opio del pueblo” suele reducirse a la idea de que Marx simplemente consideraba a la religión una mentira, pero la cuestión es bastante más compleja.
Marx también veía en la religión una respuesta humana frente a un mundo atravesado por el sufrimiento, la desigualdad y la alienación.
Desde esta perspectiva, las creencias religiosas pueden ofrecer consuelo, esperanza y una explicación del sufrimiento, pero también pueden contribuir a naturalizar determinadas relaciones sociales.
La pregunta marxista, entonces, no sería solamente “¿la gente cree en el Milagro?”, sino también:
¿Qué necesidades sociales, históricas y materiales hacen que esa creencia resulte significativa para tantas personas?
¿Consuelo o transformación social?
Aquí aparece una de las preguntas más interesantes desde el marxismo.
Una religión puede cumplir funciones contradictorias.
Puede ofrecer solidaridad, comunidad y ayuda frente al sufrimiento. Puede organizar redes de asistencia y generar vínculos entre personas que, de otro modo, permanecerían aisladas.
Pero también puede contribuir, en determinadas circunstancias, a interpretar situaciones de desigualdad como parte de un orden natural, inevitable o trascendente.
El problema no está necesariamente en que una persona encuentre consuelo en su fe. La cuestión política aparece cuando el consuelo sustituye la posibilidad de cuestionar las condiciones sociales que producen el sufrimiento.
Si una sociedad presenta pobreza, precarización laboral o desigualdad, existen dos preguntas posibles.
Una es: ¿cómo soportamos este sufrimiento?
La otra es: ¿por qué existe este sufrimiento y qué estructuras sociales podrían transformarlo?
Una perspectiva marxista pone especial énfasis en la segunda pregunta.
Una pregunta incómoda para septiembre
Tal vez una de las preguntas más productivas que puede hacerse durante el Milagro no sea si alguien tiene derecho a creer o no creer.
Ese debate pertenece a la libertad de conciencia.
La pregunta socialmente más interesante podría ser otra:
¿Qué nos dice una sociedad sobre sí misma cuando millones de personas encuentran en una tradición religiosa una parte fundamental de su identidad colectiva?
El Milagro salteño puede ser comprendido simultáneamente como experiencia de fe, tradición histórica, ritual colectivo, fenómeno económico, construcción identitaria y espacio de producción de sentido.
Una mirada marxista no necesita burlarse de la creencia ni negar la experiencia subjetiva de quienes participan. Puede, en cambio, formular una pregunta más profunda: qué condiciones materiales, históricas y culturales hacen posible que determinadas ideas se conviertan en sentido común.
Porque estudiar críticamente una creencia no significa necesariamente atacar a quienes creen.
Significa preguntarse cómo se construye aquello que una sociedad llega a considerar verdadero, natural, sagrado e incuestionable.
Y esa pregunta excede ampliamente al Milagro.
Es, en definitiva, una pregunta sobre el poder y como transformar la realidad.
Prof. Lore



