De Adorni a Santilli. Cambios que no cambian nada


La salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete terminó coronando la crisis dentro del gobierno de Javier Milei. En su reemplazo, el presidente acelera el acercamiento con Diego Santilli, un dirigente histórico del PRO. La llegada del exfuncionario macrista expone los límites del discurso “anti casta” y la necesidad del oficialismo de apoyarse en viejas estructuras políticas para garantizar la continuidad de su programa económico.

La nueva foto de la crisis libertaria

La Quinta de Olivos volvió a ser el escenario de una reunión clave para el gobierno de Javier Milei. El presidente recibió a Diego Santilli en medio de la reorganización interna del oficialismo luego de la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete, una derrota política para el núcleo más cercano al mandatario y una muestra del desgaste que atraviesa la gestión libertaria.

El exvocero presidencial había sido una de las figuras más identificadas con el relato fundacional de La Libertad Avanza: la confrontación permanente con “la casta”, la defensa del ajuste y la construcción de una imagen de gobierno enfrentado con la política tradicional.

Sin embargo, los problemas acumulados obligaron a Milei a buscar otro perfil. Allí aparece Diego Santilli, dirigente histórico del PRO, con experiencia parlamentaria y de gestión, que representa justamente aquello que el presidente prometió desplazar cuando llegó al poder: la vieja estructura política.

La paradoja es evidente. El gobierno que llegó denunciando a la “casta” necesita ahora recurrir a uno de sus cuadros más experimentados para intentar sostenerse.

La salida de Adorni y una crisis que no es solamente de nombres

La gestión de Adorni como jefe de gabinete estuvo marcada por un intento de mantener el control del discurso oficial en un momento donde crecían las tensiones internas y los cuestionamientos alrededor del gobierno.

Su figura quedó golpeada por distintos frentes: el desgaste del relato libertario, la pérdida de credibilidad de funcionarios clave y las dificultades para sostener una agenda política que combine el ajuste económico con capacidad de negociación.

La salida del funcionario expuso una contradicción dentro del gobierno: mientras Milei buscaba mantener una identidad de ruptura con la política tradicional, la administración del Estado empezó a exigir operadores con mayor experiencia en acuerdos, negociaciones y construcción de poder. Santilli aparece así como una solución política antes que como una renovación.

¿El regreso del PRO?

Santilli no llega como un outsider. Su trayectoria está vinculada directamente al PRO y a las estructuras políticas que gobernaron la Ciudad de Buenos Aires durante años. Es un personaje con empresas off shore, símbolo de la corrupción del capitalismo financiero. Se cambia un corrupto, por otro.

Su incorporación profundiza un acercamiento que nunca dejó de existir entre el macrismo y La Libertad Avanza. Desde el comienzo del gobierno libertario, sectores del PRO acompañaron medidas oficiales, facilitaron acuerdos parlamentarios y funcionaron como respaldo político en momentos de debilidad.

Ese vínculo parece transformarse en una necesidad cada vez más explícita. el oficialismo necesita alguien capaz de ordenar relaciones con gobernadores, negociar en el Congreso y garantizar apoyos para avanzar con sus reformas. La tarea de Santilli será reconstruir puentes dentro de una coalición que mostró fisuras y que atraviesa una etapa de mayor conflictividad social.

La casta que vuelve cuando hace falta gobernar

Uno de los principales pilares del discurso de Milei fue la promesa de terminar con la dirigencia política tradicional. Sin embargo, la experiencia de gobierno muestra una dinámica diferente.

A medida que pasan los meses, la administración libertaria incorpora dirigentes provenientes de espacios que durante la campaña eran presentados como parte del problema.

Santilli representa esa contradicción: un dirigente formado dentro de la política tradicional argentina que ya había sido incorporado en el gabinete, ahora es convocado para fortalecer a un gobierno que construyó parte de su identidad atacando precisamente a esa clase política. De hecho, el propio Milei se deshacía en insultos a Santilli, antes de que se convirtiera en un esbirro.

La pregunta es qué queda del proyecto de “nueva política” cuando, ante la primera crisis profunda, las respuestas aparecen en los mismos sectores cuestionados.

Cambian las figuras, continúa el rumbo

Más allá del reemplazo de funcionarios, el debate de fondo no pasa únicamente por quién ocupa la Jefatura de Gabinete, sino por qué intereses defiende el gobierno.

La llegada de Santilli no modifica el programa económico de Milei. El ajuste, la reducción del gasto público y la transferencia de recursos hacia sectores concentrados siguen siendo el eje de la gestión.

Mientras tanto, los trabajadores continúan enfrentando pérdida salarial, deterioro de las condiciones de vida y una economía que golpea especialmente a los sectores populares. El recambio busca mejorar la capacidad política del gobierno para sostener ese rumbo, no modificarlo.

La escena de Olivos sintetiza una etapa: el gobierno libertario que prometió una revolución contra la política tradicional termina reorganizándose con sus propios representantes. De Adorni a Santilli, el problema no parece ser quién administra la motosierra, sino quién paga el costo de su funcionamiento.

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