Electrolux. Una oportunidad para organizar la lucha por la reapertura

"Protesta de los trabajadores por el cierre de la fábrica Electrolux en Rosario

Por Rodrigo Garzón

El intento de cierre de la fábrica de electrodomésticos Electrolux suma un nuevo caso en el proceso de desindustrialización, consecuencia directa del modelo de Milei, los planes de los grandes patrones y la complicidad de todo el arco político que tranza o pide esperar al 2027. Una vez más quedan expuestas la inacción de la burocracia sindical, el saldo que pagan los 180 trabajadores y trabajadoras que quedarían en la calle y la necesidad de organizarse por abajo para resistir en cada lugar, coordinar las luchas y construir una alternativa sindical y política de la clase trabajadora.

Otra empresa que cierra… y van…

El viernes se conoció la noticia: Electrolux, empresa de capitales suecos que alguna vez fue la rosarina Gafa, comunicó que cerraba su fábrica para dedicarse a la importación de productos terminados. Hoy por la mañana, los 180 empleados que quedaban en la empresa en Rosario se encontraron con las puertas cerradas. El año de suspensiones y retiros voluntarios, así como los acuerdos que redujeron el personal de 800 al número actual desde 2023, preanunciaban el destino de otra empresa industrial que le pone candado a sus galpones.

Ante este panorama, a las 10 de la mañana de este lunes hubo una concentración frente a la sede local del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Santa Fe. En la calle, ante la pregunta de qué se iba a solicitar y cómo seguiría la pelea, la respuesta de algunas y algunos trabajadores fue que poco optimista: “vamos a pedir la indemnización al 100% y un mes más de salario”. Adentro, representantes sindicales de la fábrica y la UOM Rosario mantuvieron una audiencia y lo resuelto fue la conciliación obligatoria hasta el 20 de octubre, una medida que suspende los despidos momentáneamente. En palabras del abogado de la UOM, Pablo Cerra, esta medida mantiene “los efectos de una relación laboral vigente”, pero sólo desde el punto de vista salarial, ya que no permite la asistencia a los puestos de trabajo y la puesta en marcha de la planta.

En definitiva, la conciliación dictada por el Ministerio de Trabajo, aunque pueda presentarse como “una batalla ganada” por parte del sindicato, no es más que la maniobra típica que estira la agonía y, a fin de cuentas, garantiza un mes más de salario tras el despido. Lo dicho en la calle.

¿Conciliación para qué?

El Ministerio de Trabajo no es un árbitro imparcial. Como parte orgánica del Estado capitalista, por más que se lo trate de presentar como un mediador, es una herramienta de las patronales. Las conciliaciones obligatorias suelen aparecer para suspender medidas de fuerza y darle aire a la patronales para reordenar su estrategia y amortiguar los impactos de la protesta, así como para tranzar con las burocracias sindicales. Un ejemplo claro fue la que impusieron al sector aceitero a mediados de este año, generando una ventana de tiempo que aprovecharon los grandes productores de la agroindustria para liquidar cosechas en los puertos.

A su vez, cuando se dictan para suspender despidos (y aún más cuando no se recupera el trabajo de manera inmediata) pueden llevar a la desmovilización si no son aprovechadas para la organización por abajo. Por este motivo es clave que esta ventana de tiempo sea aprovechada para juntar apoyos, organizarse y diseñar un plan de lucha coordinado con otros sectores.

Organizar la lucha, antes de que sea demasiado tarde

Desde este mismo lunes el tiempo empezó a correr más rápido para las y los laburantes de Electrolux. Hasta el 20 de octubre, los despidos quedan en suspenso, pero para conquistar la reincorporación y poner la fábrica a producir va a hacer falta mucha organización y democracia obrera.

La CGT Rosario anunció una protesta regional en los medios. ¿En qué va a consistir? ¿Quiénes van a definir el plan de lucha y qué sectores se van a convocar para que se sumen? ¿Qué va a hacer ahora una organización que desde hace más de dos años brilla por su ausencia a nivel nacional y en cada región donde avanza el desempleo, la precarización y el ajuste? Mientras el Secretario General Vivas llama a todo el cordón industrial a reaccionar porque “no va a quedar otra”, la realidad es que el conflicto no empezó este viernes ni con este caso puntual. Todo el proceso de vaciamiento de una empresa lleva años y es un modus operandi que se repite en miles de fábricas de la zona y el país. Las direcciones sindicales que no actúan y vienen pidiendo esperar a “votar bien” en 2027 o que se escudan con el “eso es lo que votaron”, lo saben y son cómplices.

En Electrolux, desde hace dos años que baja de producción porque se comenzaron a importar electrodomésticos desde Brasil, produciendo sólo freezers. Desde entonces, los retiros y suspensiones se hicieron cada vez más frecuentes y terminaron con una reducción del personal con más de 600 puestos de trabajo perdidos. Ahora, con menos fuerza de resistencia, preparan la estocada final.

Una trabajadora comentaba en la puerta del ministerio que las máquinas están, que hay insumos, que hay productos terminados en los depósitos de la empresa y que quieren volver a trabajar. Electrolux tomó una definición: despedir, dejar de producir e importar. Las posturas y las posibilidades que se abren son claras. Por un lado, hay mano de obra especializada, trabajadores que pueden seguir sosteniendo el funcionamiento como lo han hecho hasta el viernes y rechazan el despido. Por el otro, faltan los patrones, que decidieron que la fábrica ya no les sirve porque pueden importar y decidieron irse. ¿Por qué no ponerla a producir bajo el control de quienes realmente la hicieron funcionar a lo largo de 35 años?

Cómo se organizan las y los trabajadores de Electrolux, que están a la cabeza de las demandas por la reapertura, será clave. Desde el MST en el Frente de Izquierda Unidad nos ponemos a disposición de acompañar su lucha y manifestamos nuestro apoyo y solidaridad. Esta causa es la de la clase obrera de todo el cordón industrial y bregamos por la unidad de las fuerzas en cada fábrica junto a la de los partidos, sindicatos, organizaciones y activistas que así lo entendemos.

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