Kicillof en Nueva York. El peronismo rinde examen ante Wall Street

"El viaje de Axel Kicillof a Nueva York para reunirse con acreedores y corporaciones en Wall Stree

Las calles de Nueva York se convirtieron, por estos días, en el escenario de una doble gira argentina con intenciones muy marcadas. Mientras el presidente Javier Milei se sube al atril de la Asamblea General de la ONU para desplegar su habitual show y profundizar la entrega de la soberanía nacional, Axel Kicillof decidió montar una agenda paralela.

Sin el objetivo confrontar con los dueños del poder, el gobernador bonaerense viajó para rendir examen ante acreedores y corporaciones multinacionales. Su intención es perfilarse como el rostro de una alternativa seria y responsable de cara al 2027, dejándole un mensaje nítido al establishment financiero norteamericano: el peronismo es, en su esencia, un pagador serial de deudas y una fuerza política sumamente favorable para garantizar la continuidad de los grandes negocios.

Garante de los capitales

La comitiva bonaerense estructuró su viaje alrededor de reuniones clave con tenedores de bonos provinciales y representantes de grandes corporaciones energéticas, mineras y financieras. El objetivo central de esta gira es desmentir los delirios conspirativos de Milei, quien acusa de comunista a cualquier opositor y demostrar empíricamente que la gestión de Kicillof respeta a rajatabla las sagradas normas del capitalismo.

No hay absolutamente nada nuevo en esta estrategia de seducción. Desde los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, hasta la validación de la estafa macrista que ejecutó Alberto Fernández, la dirigencia peronista siempre se encargó de dejar en claro que la ruptura con las instituciones financieras no figura en sus planes.

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Esta misma línea discursiva ya la había blanqueado el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, hace unas pocas semanas. Con un tono de orgullo, el funcionario sacó chapa afirmando que en todos estos años de gestión kicillofista jamás se expropió una empresa, no hubo desbordes de emisión monetaria y, sobre todo, se vino pagando rigurosamente la deuda externa. Se presentan a sí mismos como la variante política que no viene a incomodar ninguna de las estructuras de rentabilidad que las grandes empresas amasan en nuestro país.

El costo de la responsabilidad

Sostener esa imagen de alumno ejemplar ante los mercados tiene un precio carísimo y se paga directamente con el hambre del pueblo. En el medio de un ajuste violentísimo que deja estragos por todos lados, con salarios que no alcanzan para cubrir la canasta básica, niveles récord de mora crediticia, desempleo en alza y fábricas cerrando sus puertas, la dirigencia política debe tomar una decisión sobre el rumbo del país. Priorizar las exigencias del FMI y de los fondos buitres significa, en la cotidianeidad, recortar los recursos que deberían destinarse a recomponer sueldos, hospitales y escuelas.

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Mientras el gobierno bonaerense se niega a intervenir activamente para salvar los puestos de trabajo en la fábrica del neumático Fate, priorizando su buena sintonía con empresarios pesados como Madanes Quintanilla y Paolo Rocca, agarra un avión para transmitirle tranquilidad a los dueños del capital en el exterior.

Si la principal diferencia con Milei termina siendo simplemente quién administra el ajuste con mejores modales republicanos y quién tranquiliza de forma más eficiente a los acreedores internacionales, la clase trabajadora queda totalmente huérfana de representación.

La organización de la “espera”nza

Con la crisis que nos regala Milei, el peronismo propone paciencia. El fin de semana pasado, Kicillof armó un enorme plenario en Avellaneda para lanzar su armado nacional pensando exclusivamente en las elecciones presidenciales. Apuestan a contener el enojo organizando una espera pasiva que desemboque en las urnas dentro de un año.

En sintonía con esta pasividad, la gran medida de resistencia del bloque de diputados peronistas fue enviarle una carta formal a Kristalina Georgieva para pedirle que tome conciencia de lo mal que está armado el Presupuesto 2027. Creer que se puede frenar el saqueo nacional escribiéndole cartas de queja al mismo organismo que se encarga de diseñar nuestra economía es un callejón sin salida.

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La realidad demostró ese mismo sábado que los tiempos sociales son muy distintos. La Marcha de la Bronca colmó la Plaza de Mayo y decenas de ciudades en todo el país. Esa inmensa movilización dejó en claro que los conflictos se disputan ahora mismo en las calles. Las familias que no tienen para comer o los trabajadores que reciben un telegrama de despido no pueden sentarse a esperar hasta el 2027 para ver si cambia el color del gobierno.

Una salida por izquierda

Esa película del peronismo presentándose ante el mundo como un administrador amigable ya la vimos y sabemos cómo termina. Durante años se le entregaron fortunas incalculables al FMI y a los fondos buitre en nombre de la responsabilidad institucional, pidiéndole a los trabajadores que resignen salarios y esperen tiempos mejores. El resultado es una constante histórica. Los acreedores siempre cobran, la deuda sigue creciendo de forma fraudulenta y las mayorías viven cada vez peor.

La verdadera discusión de fondo no pasa por dirimir quién es el gerente más prolijo para pagarle al exterior, sino quién se hace cargo de los costos de la crisis. Con otro tono y otras palabras, el kicillofismo vuelve a ofrecerse como garantía de que las deudas se pagan, aunque quienes pongan el cuerpo sean los trabajadores y quienes se beneficien sigan haciendo negocios millonarios.

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Los bienes estratégicos de la Argentina tienen que estar al servicio exclusivo de quienes trabajan, producen y sostienen este país todos los días, no en las cuentas bancarias de los especuladores. La bronca que hoy recorre las calles tiene una razón profunda y marca el camino para una salida real. La única alternativa viable pasa por desconocer la deuda ilegítima, romper definitivamente las cadenas con el FMI y poner toda la riqueza nacional en función de las urgencias populares. La fuerza social que se vieron en las calles durante la Marcha de la Bronca tiene que transformarse en organización militante para construir un nuevo proyecto desde la izquierda. Una alternativa que no se arrodille ni ante la crueldad de Milei, ni ante el FMI, ni ante los buitres de Wall Street.

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