Durante el transcurso de este lunes, una nueva misión técnica del Fondo Monetario Internacional pisa suelo argentino para llevar adelante la tercera revisión del Programa de Facilidades Extendidas. Lo extraño de la jornada es que los veedores de Washington llegan a controlar nuestra economía justo en el mismo momento en que los máximos responsables locales deciden irse de viaje. En esta oportunidad, los encuentros con los cuadros técnicos del gobierno libertario se darán sin la presencia del presidente Javier Milei ni del ministro de Economía, Luis Caputo, quienes viajaron a Nueva York para participar de la Asamblea General de la ONU.
La delegación está encabezada por primera vez por la economista portuguesa Joyce Wong, quien reemplazó a Bikas Joshi; si bien Wong ya había estado en el país acompañando a la directora gerente Kristalina Georgieva en julio, esta será su primera revisión al frente del caso argentino.
La enviada llega con la calculadora en mano para definir nuestro futuro cercano, ya que, si el gobierno logra aprobar este examen técnico, se destrabaría un nuevo desembolso de unos 636 millones de DEGs, suma equivalente a casi U$S 900 millones. Pero la trampa de siempre sigue intacta. Esa plata no se usará para construir una escuela o un hospital, sino para alimentar la misma bicicleta financiera que nos trajo hasta acá.
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La asfixia de los vencimientos
La comitiva viene a auditar los números correspondientes al segundo trimestre del año. El foco estará puesto en la acumulación de reservas y, sobre todo, en las cuentas fiscales, donde el programa exige alcanzar un superávit primario del 1,4% del PBI para 2026. Llegar a esa cifra implica un sacrificio social devastador, porque el gobierno tiene que recortar el gasto público a un ritmo veloz para poder compensar la estrepitosa caída que sufre la recaudación impositiva por culpa de la recesión.
Todo esto ocurre con un calendario de vencimientos asfixiante, ya que este mismo viernes 25 de septiembre el país debe afrontar un pago por unos U$S 803 millones. Además, el cronograma de acá a fin de año marca que quedan pendientes otros dos giros millonarios al organismo: U$S 840 millones a principios de noviembre y U$S 344 millones en diciembre. Básicamente, los escasos dólares que logran rascar del Banco Central entran por una ventanilla y se van automáticamente por la otra para pagarle al propio Fondo.
El espejismo del derrame
El nivel de tutelaje impuesto por el organismo de Washington sobre la política local es total. La misión de Wong viene a establecer y auditar las condiciones necesarias para que el gobierno cumpla a rajatabla con el ajuste pactado, un recorte brutal que ya quedó cristalizado en el proyecto de Presupuesto 2027. Sin embargo, la estructura económica hace agua por las propias contradicciones del programa. La visita se da pocos días después de confirmarse que la actividad económica sigue en picada, con una caída del PBI del 0,6% en el segundo trimestre del año y números en rojo rotundo para sectores clave y generadores de empleo, como la industria manufacturera y la construcción.
La recesión es tan evidente que hasta la propia Georgieva, durante su visita en julio, tuvo que recomendarle al gobierno que intente volcar el dinamismo de los sectores extractivos que vienen creciendo, como la minería o el petróleo y el gas, para que “derramen” y reactiven rubros muy golpeados como la construcción, la logística y los servicios.
Que una declaración de este tipo venga de la titular del Fondo demuestra la seria complicación del gobierno libertario para mostrar alguna señal económica que beneficie al conjunto de la sociedad. Prometer que el saqueo de nuestros bienes comunes algún día va a gotear hacia los bolsillos de la gente es un cuento con un final bastante conocido. El equilibrio fiscal que el gobierno tanto festeja se sostiene puramente sobre la destrucción del consumo interno y la licuadora constante sobre los salarios.
Cartas al verdugo
Frente a esta nueva intervención extranjera en nuestra economía, es necesario denunciar tanto al gobierno de Milei como al rol del propio FMI. La historia demuestra sobradamente que ningún dólar ingresado por estos acuerdos sirvió para mejorar las condiciones estructurales de vida del pueblo, sino todo lo contrario.
La única salida real a favor de las mayorías pasa por la ruptura de relaciones y el desconocimiento soberano de esta y cualquier otra deuda externa usurera. Es la única vía posible para que los recursos del país se pongan al servicio de las necesidades sociales y no de la especulación internacional.
Esta postura estructural contrasta de lleno con las maniobras de la oposición peronista. Para el bloque de diputados de Unión por la Patria, el problema se soluciona enviándole cartas formales a Georgieva para pedirle un “urgente análisis” del Presupuesto 2027, alertando al FMI sobre el costo fiscal del RIGI, los fondos sin destino preciso del Tesoro y el aumento de la inversión financiera. Está claro que el presupuesto de Milei es un dibujo basado en un ajuste profundo, pero si la resistencia del PJ consiste en escribirle cartas a las autoridades del organismo que diseña nuestro hambre para que nos afine y corrija un presupuesto de miseria, es evidente que por ese camino nunca se va a encontrar una alternativa real para la clase trabajadora. Rogarle piedad o coherencia a quienes vienen a asfixiarnos económicamente es una estrategia que roza la total sumisión política.

