Adiós a Patricio Guzmán. La memoria chilena pierde a su relator

Se nos fue Patricio Guzmán, un cineasta revolucionario que nunca dejó de ponerse del lado de los más necesitados…

Patricio Guzmán Lozanes fue el mejor cineasta que el país andino supo tener, siempre de lado de los humildes, siempre con perspectiva en derechos humanos y siempre con un gran compromiso político y social.

Se crió en una familia casi nómade donde se formó como pudo en diferentes escuela primarias y secundarias hasta que ya de adulto, en 1965, comenzó a filmar hacer películas en 8 mm. con dos amigos, que llamaron la atención de Rafael Sánchez, el más importante catedrático cinematográfico chileno que tenía a cargo el Instituto Fílmico de la Universidad Católica.

Gracias a esto, logra realizar un cortometraje llamado Viva la libertad en el Instituto Fílmico y así comienza su vasta carrera cinematográfica.

Luego de filmar su segundo cortometraje Electroshow y generar algunas tensiones, decide irse a estudiar a Madrid y en 1970 se gradúa de la Escuela Oficial de Cinematografía como director de cine.

En 1971 vuelve a Chile y empieza a trabajar en diferentes proyecto alrededor de los primeros tiempos de la presidencia de Salvador Allende, allí no sólo realiza cortos como Chile, elecciones municipales y Comandos Comunales y el largometraje El primer año, sino que se compromete políticamente con el gobierno de Allende.

Durante 1972 comienza a producir una posible película sobre la continuidad del presidencia de Allende, lo que después ya en el exilio se transformaría en tres largometrajes.

Luego de la caida de Allende en manos del golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet, en el marco del Plan Cóndor implementando por EE.UU. en toda Latinoamérica en los ´70, Patricio Guzmán estuvo preso durante 15 días en el centro clandestino de detención más grande de Chile, Estadio Nacional, logró salir y se exilió en Francia, no sin antes rescatar todos los rollos que había registrado durante esos dos años previos al golpe, gracias a película virgen que le brindó Chris Marker que había conocido en el estreno de su primer largo.

Fue Chris Marker quien le propuso comenzar el montaje de una película con esos materiales y sería ni más ni menos que en el ICAIC (Instituto Cubano de Cinematografía) en La Habana.

Así Patricio viajó a Cuba y años más tarde presentó la triología La Batalla de Chile, la lucha de un pueblo sin armas, tres películas que cuentan los últimos meses del gobierno de Salvador Allende y como la burguesía y los militares prepararon las condiciones para llevar adelante el golpe del 11 de septiembre y de como el pueblo y el partido Unidad Popular construyen un “poder popular” para contrarrestar el caos y la crisis económica que se sucedía en el país.

La película se transforma en el mejor documental de la historia del cine chileno y lo transforma a Patricio Guzmán en un cineasta revolucionario, ya que la película cronstruye una consciencia de clase necesaria para comprender los ataques de la burguesía chilena y el plan perpetrado desde el norte contra un gobierno de izquierda.

La película es estrenada y multipremiada en todo el mundo y muestra la verdadera realidad de Chile en el momento del golpe de Estado.

Luego de cerrar la trilogía de La Batalla de Chile, realiza en 1983, La rosa de los vientos en coproducción entre Cuba, España y Venezuela, una ficción en donde empieza a indagar la búsqueda arqueológica y la aparición de pueblos originarios con sus costumbres precolombinas.

En 1987 estrena En nombre de Dios, cuenta la historia del movimiento de masas sucedido en 1985 del pueblo con la Iglesia Católica por la búsqueda de los desaparecidos y la ayuda para defender a los presos ante los tribunales.

En 1991 realiza para RTVE un documental sobre las religiones de Latinoamérica, del intercambio con España y en Brasil con las religiones africanas, llamado La cruz del sur.

En 1997 estrena Chile, la memoria obstinada, en donde se muestra a un Patricio Guzmán mostrando La Batalla de Chile y reencontrándose con los protagonistas a casi 25 años después. Aquí se cuenta como su tío conservó los negativos originales de lo que sería el documental, guardados en un baúl.

En 1999 realiza un documental de viaje llamado La isla de Robinson Crusoe, donde explora la verdadera isla de Robinson Crusoe a 700 km de la costa chilena, donde Alejandro Selkirk vivió como náufrago entre 1706 y 1711. Es un viaje irónico que mezcla historia, literatura e imaginación, en donde también pasan personajes como Pablo Neruda.

En 2001 estrena El Caso Pinochet, que cuenta la historia a través de los testimonios de las víctimas del terrorismo de Estado por primera vez en 25 años y adelante de un juez Baltazar Garzón.

En 2004 estrena Salvador Allende, que cuenta la historia desde el nacimiento hasta su muerte, en el día del golpe de Estado, centrándose en el período que fue presidente de Chile y de como EE.UU. intervino para concretar el golpe de Estado que acabaría con la vida de Allende y de muchos chilenos.

En 2010 estrena una de sus mejores obras, Nostalgias de la luz, en un esquema donde los astrónomos en el desierto de Atacama buscando vida extraterrestre que se suman a un grupo de mujeres buscando los restos de sus seres queridos detenidos desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Una obra poética y profunda narrada a través del desierto de Atacama.

Ganadora de muchísimos premios a lo largo del mundo y que fue censurada en la transmisión televisiva en TVN de Chile.

En 2015 estrena El botón de nácar, en donde así como en la anterior vuelve a la arqueología, en esta película regresa a las costumbres precolombinas e indaga en la teoría que el agua tiene memoria y en esta película pareciera también tener voz. Nuevamente la poesía cinematográfica presente en este film.

Podemos decir que el 2019 cierra la trilogía con La cordillera de los sueños, utilizando a los Andes para retratar a las personas que tienen a cargo un país y lo destruyen. Cierra la trilogía poética del cosmos, la naturaleza y las personas. Esta película obtiene el Ojo de Oro en el Festival de Cannes y consigue el Goya como Mejor Película Iberoamericana por primera vez para un documental.

Por último, en 2022 estrena Mi país imaginario donde ahora el escenario son las protestas estudiantiles del 18 de octubre de 2019 que desencadenan en la revuelta popular más masiva de la historia de Chile.

Patricio Guzmán no sólo nos mostró el poder popular que tiene una sociedad consciente, los orígenes de la vida, la mirada hacia el mundo exterior, la poesía cinematográfica, pero por sobretodas las cosas nos mostró que tenemos un horizonte porqué pelear y cómo podemos llevarlo adelante, siempre en cada una de sus películas no pierde las esperanzas de construir algo mejor para todos con una perspectiva de clase popular.

Viva el cine de Patricio Guzmán y nunca dejemos de construir PODER POPULAR!

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