En medio de una crisis política y un malestar social creciente, Javier Milei protagonizó un espectáculo grotesco en el Council of the Americas. Desprovisto de cualquier autocrítica, el presidente relativizó la crisis, falseó datos sobre el empleo y la inflación, además de que le faltó el respeto a los millones de hogares que no llegan a fin de mes. Un discurso violento que no solo cosecha el rechazo social, sino que también encontró miradas de apatía y caras largas entre los propios empresarios del establishment.
El hotel Alvear, ubicado en el barrio de Recoleta, fue el escenario de una nueva puesta en escena del delirio libertario. En el marco de la 23° edición del Council of the Americas, organizado junto a la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), el presidente Javier Milei ensayó durante casi una hora una encendida y rabiosa defensa de su modelo de ajuste. Acompañado en primera fila por sus fieles aplaudidores (el canciller Pablo Quirno, el secretario de Prensa Fabián Fernández, el senador Bartolomé Abdala y el cineasta Santiago Oría), el mandatario desplegó un discurso cargado de cinismo, agresiones y burlas hacia la realidad que padecen a diario los trabajadores argentinos.
El clima previo al discurso presidencial ya anticipaba que el establishment no venía a firmar un cheque en blanco. Mario Grinman, presidente de la CAC, fue el encargado de abrir el foro dejando en claro que “hay empresas que la están pasando mal y han cerrado“. Sin embargo, fiel al manual de supervivencia capitalista, se encargó de justificar el sufrimiento ajeno: “Si ese es el precio que tenemos que pagar los argentinos para transformar nuestro país, yo creo que vale la pena“. Un sinceramiento brutal de quiénes son los verdaderos dueños del sacrificio en la Argentina de Milei: el costo de este plan económico no lo pagan los dueños del capital, sino la clase trabajadora con sus salarios, sus empleos y sus condiciones de vida.
Milei y la negación de la realidad
Frente a un auditorio que esperaba respuestas concretas para salir de la recesión, Milei optó por atrincherarse en la negación sistemática de la realidad.
Minimizó el cierre masivo de industrias y el crecimiento del desempleo, asegurando con total desparpajo que “el desempleo no está volando” y que “es una imbecilidad” hablar del crecimiento a dos velocidades. Para sostener este relato, el presidente simplemente ignora los datos que estallan en el tejido social: según el último relevamiento del CEPA[i], bajo su gestión ya cerraron más de 30.000 empresas y se perdieron 440.000 empleos privados formales, cifras a las que se suman las decenas de miles de despidos en el Estado.
Con un nivel de provocación absoluto, Milei calificó de “estupideces” las afirmaciones de que “la gente no llega a fin de mes“. Una cachetada para los millones de trabajadores que ven licuados sus ingresos ante la inflación y los tarifazos. Parecería que el presidente no solo ignora la realidad de las mayorías, sino también las recientes declaraciones de sus propios aliados, como la Senadora Patricia Bullrich, quien salió a decir públicamente ((aunque se rectificó rápidamente) que los “resultados” de este modelo no se sienten en la vida cotidiana de las familias.
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En materia inflacionaria, la burla rozó lo escandaloso. Aferrándose al 0,8% de la inflación mayorista de julio, Milei festejó que el índice “arrancó con cero” y anticipó: “haré otro recital como había prometido“. Una burla atroz. Oculta deliberadamente que la inflación mayorista no refleja en absoluto el costo de vida de las familias (ya que no mide el impacto de los servicios públicos y privados ni la comercialización minorista), mientras que la inflación de consumo (IPC) fue del 2,1%, profundizando el ahogo de los salarios. A su vez, se jactó de haber derrumbado el Riesgo País, omitiendo que las presiones del mercado lo hicieron rebotar y hoy se ubica por encima de los 500 puntos.
El apoyo a Sturzenegger y el ataque reaccionario a las mujeres
En medio de una crisis política abierta tras el duro golpe parlamentario del 6 de agosto, donde el oficialismo debió retroceder y mutilar partes clave de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado, Milei decidió redoblar la apuesta. Con el proyecto en un limbo y sin la certeza de poder tratarlo en Diputados, el presidente se dedicó a blindar a su principal artífice: el ministro Federico Sturzenegger.
Dejando de lado cualquier investidura, el mandatario agredió violentamente a quienes cuestionan las desregulaciones. “Cuando ustedes vean a un sorete, a una mierda humana, criticando a Federico, es porque le está tocando un negocio a un prebendario“, aclaró, en un exabrupto que generó más incomodidad y caras largas que aplausos entre los empresarios presentes. Varios asistentes, sintiéndose atacados en su propio evento, comenzaron a levantarse y retirarse del salón mientras el presidente seguía hablando.
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Para coronar el delirio conservador, Milei arremetió contra los derechos conquistados por el movimiento feminista. Acusó a “los pañuelitos verdes” y a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo de ser responsables de la baja tasa de natalidad y de las complicaciones en el sistema previsional y el crecimiento económico. Este ataque delirante responde directamente a la cruzada ultrarreaccionaria de su gobierno, que acaba de suscribir el pacto anti-derechos de Ginebra. Es necesario remarcar que la crisis previsional y la degradación del nivel de vida de la clase trabajadora no son culpa de las mujeres que ejercen soberanía sobre sus cuerpos, sino del vaciamiento estructural propio de este sistema capitalista.
Derrotar el plan de Milei en las calles
El show del presidente en el Council of the Americas dejó al desnudo la matriz de un gobierno profundamente reaccionario, violento y desconectado del sufrimiento de las mayorías. Su intento de enmascarar el desastre económico con cifras tergiversadas, exabruptos y promesas de recitales es una ofensa a todos los trabajadores, jubilados y desempleados de nuestro país.
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Pero este cinismo no puede ser gratuito. La crisis política y económica sigue su curso, complicando a un gobierno que, a pesar de su prepotencia, muestra claras señales de debilidad.
Frente a las burlas presidenciales y al plan de saqueo pactado entre el oficialismo y parte del establishment, la única salida posible se construye desde abajo. Es fundamental redoblar la organización independiente y poner en pie la “Marcha de la Bronca” convocada para este 19 de septiembre. La fuerza que muestra la calle para derrotar a este modelo de hambre, ajuste y represión hay que salir a motorizarla y empezar a organizarla en una nueva alternativa política. Necesitamos poner en pie un nuevo movimiento que se plantee como la herramienta para derrotar al gobierno de Milei y que también se postule como una opción de poder y de gobierno.
[i] https://centrocepa.com.ar/documentos/informes/778-analisis-de-la-dinamica-laboral-y-empresarial-datos-a-enero-2026


