Morosidad. Más de la mitad de quienes dependen de créditos fintech ya no pueden pagar

El colapso de los hogares trabajadores: más del 50% de deudores fintech en mora

Un nuevo informe revela que el deterioro del poder adquisitivo sigue empujando a millones de trabajadores al sobreendeudamiento. Mientras el Gobierno celebra la “estabilidad” económica, más de la mitad de las personas que solo acceden a créditos fintech registra atrasos en los pagos. La expansión del crédito deja de ser un síntoma de recuperación y se transforma en una evidencia de la crisis social.

El relato oficial de la recuperación económica vuelve a chocar contra la realidad de los hogares argentinos. Un informe difundido este jueves mostró que la morosidad continúa creciendo y golpea especialmente a quienes quedaron excluidos del sistema financiero tradicional. Más del 50% de las personas que solo tienen préstamos otorgados por entidades no financieras —principalmente fintech y billeteras virtuales— presenta atrasos en el pago de sus deudas.

El dato desnuda una de las principales consecuencias del programa económico de Javier Milei. Mientras el Gobierno exhibe indicadores macroeconómicos como prueba del éxito de su plan, millones de familias recurren al crédito no para consumir o invertir, sino para llegar a fin de mes.

El crédito como salvavidas de la crisis

Según el estudio, en mayo había 20,7 millones de personas endeudadas en Argentina. De ellas, 5,3 millones solo acceden a financiamiento mediante entidades no bancarias, un universo integrado mayoritariamente por plataformas fintech que suelen captar a trabajadores informales, jóvenes, monotributistas y personas rechazadas por los bancos tradicionales. Dentro de ese grupo, 2,9 millones ya registran atrasos en sus pagos.

La diferencia con quienes operan exclusivamente con bancos es contundente: allí la morosidad ronda el 20%, mientras que entre quienes combinan créditos bancarios y no bancarios desciende al 17%. El dato confirma que el mayor peso de la crisis recae sobre los sectores más precarizados.

No es casualidad. Las fintech crecieron durante los últimos años presentándose como una alternativa de “inclusión financiera”. En los hechos, terminaron ocupando el espacio que dejó un sistema bancario cada vez más restrictivo. La facilidad para obtener préstamos digitales vino acompañada de tasas elevadas, refinanciaciones permanentes y un fuerte riesgo de sobreendeudamiento.

La otra cara de la “reactivación”

Desde el Gobierno insisten en que la inflación descendió y que el crédito vuelve a expandirse. Sin embargo, detrás de ese crecimiento aparece una realidad mucho menos optimista.

Cuando una familia necesita endeudarse para comprar alimentos, pagar el alquiler o afrontar los servicios públicos, el crédito deja de ser una herramienta para impulsar la economía y se convierte en un mecanismo de supervivencia.

El propio informe advierte que el incremento de la morosidad constituye uno de los principales obstáculos para que el financiamiento privado pueda convertirse en un motor de recuperación económica. A medida que aumentan los incumplimientos, las entidades endurecen las condiciones para prestar dinero, elevan las tasas o restringen aún más el acceso al crédito.

Se produce así un círculo vicioso: salarios deteriorados generan mayor endeudamiento; el endeudamiento deriva en morosidad; la morosidad reduce el acceso al crédito y termina profundizando la fragilidad económica de millones de hogares.

El ajuste tiene responsables

Lejos de ser un fenómeno aislado, el crecimiento de la mora acompaña el deterioro del mercado laboral y la pérdida del poder adquisitivo registrada durante la gestión de Javier Milei.

Los aumentos tarifarios, la caída del consumo, los despidos en el sector público y privado, el avance de la informalidad y la licuación salarial obligaron a millones de trabajadores a financiar gastos cotidianos mediante tarjetas, préstamos personales y billeteras virtuales.

Mientras tanto, el Gobierno insiste en presentar el endeudamiento como una decisión individual o un problema de educación financiera, evitando discutir las causas estructurales que empujan a las familias a vivir cada vez más endeudadas.

No se trata de personas que administran mal sus ingresos. Se trata de trabajadores cuyos ingresos ya no alcanzan para cubrir necesidades básicas.

Ganancias privadas, deudas sociales

El crecimiento del negocio fintech también refleja otra característica del modelo económico actual: mientras la economía real se contrae, el sistema financiero encuentra nuevas oportunidades de rentabilidad sobre hogares cada vez más vulnerables.

Las plataformas digitales ampliaron el acceso al crédito para sectores históricamente excluidos del sistema bancario. Pero esa inclusión ocurre muchas veces bajo condiciones mucho más costosas y riesgosas para quienes menos capacidad tienen de afrontar nuevas deudas.

El problema no pasa por la existencia de nuevas herramientas financieras, sino por el modelo económico que obliga a millones de personas a endeudarse para sostener consumos básicos.

Mientras el Gobierno celebra la baja de algunos indicadores macroeconómicos, la economía cotidiana cuenta otra historia. La de trabajadores que sobreviven refinanciando préstamos, familias que encadenan deudas para pagar otras deudas y jóvenes que ingresan al sistema financiero por la puerta más precaria.

La morosidad récord no es un accidente del mercado. Es otra consecuencia del ajuste. Porque detrás de cada cuota impaga no hay solamente un número en una planilla: hay salarios pulverizados, empleos cada vez más inestables y un modelo económico que protege la rentabilidad del sistema financiero mientras descarga el costo de la crisis sobre las mayorías populares.

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