Sturzenegger se emociona. Lágrimas de cocodrilo en el país del ajuste

Federico Sturzenegger volvió a ofrecer uno de esos momentos difíciles de clasificar entre el cinismo, la ficción económica y el stand up involuntario. El ministro se emocionó públicamente al defender el ajuste de Javier Milei y aseguró, conmovido, que “los jóvenes están volviendo a la Argentina”. Todo mientras crece la precarización laboral, caen salarios, cierran fábricas y miles de pibes hacen cuentas para ver si llegan a fin de mes o directamente buscan emigrar. Pero para el gobierno, parece, la realidad siempre puede corregirse con un buen relato lacrimógeno.

El drama del ajustador sensible

En una exposición pública, Federico Sturzenegger dejó ver su costado “más humano”. O al menos eso intentó. Entre pausas emotivas y tono quebrado, el funcionario defendió el brutal ajuste impulsado por el gobierno libertario y aseguró que el país atraviesa un momento esperanzador porque “los jóvenes están volviendo”. 

La escena hubiese sido apenas incómoda si no fuera porque quien hablaba era uno de los arquitectos históricos de políticas de ajuste, endeudamiento y destrucción del poder adquisitivo en Argentina. Sí, el mismo Sturzenegger que participó del megacanje durante el gobierno de Fernando de la Rúa, presidió el Banco Central bajo Mauricio Macri y hoy celebra el desguace del Estado bajo Milei. Pero esta vez apareció con sensibilidad incorporada.

“Los jóvenes vuelven”… ¿a qué?

La frase del ministro rápidamente chocó contra una realidad bastante menos emotiva: salarios pulverizados, alquileres imposibles, universidades desfinanciadas, empleo cada vez más precario,y una generación entera obligada a sobrevivir entre changas, aplicaciones y pluriempleo.

Mientras Sturzenegger lloraba, miles de jóvenes hacían fila para cargar la SUBE con boletos cada vez más caros, buscaban trabajo en condiciones miserables o directamente evaluaban emigrar.

La supuesta “Argentina que vuelve a atraer jóvenes” convive con datos de caída del consumo, endeudamiento familiar récord y destrucción del empleo industrial.

Tal vez el funcionario confundió “volver al país” con volver a vivir con los padres porque el sueldo no alcanza.

El ajuste, pero con soundtrack emotivo

El problema no fue solamente la frase. Lo verdaderamente obsceno fue el intento de humanizar un programa económico que viene descargando el peso de la crisis sobre trabajadores, jubilados y sectores populares.

Porque detrás de las lágrimas ministeriales aparecen recortes en salud, ajuste universitario, despidos estatales, caída salarial, tarifazos, y privatizaciones.

El gobierno que dice emocionarse por el futuro de los jóvenes es el mismo que vacía universidades, destruye becas, flexibiliza condiciones laborales y convierte el acceso a la vivienda en ciencia ficción.

Pero claro, todo ajuste necesita marketing. Y parece que ahora también necesita escenas melodramáticas.

La sensibilidad selectiva del gobierno

Curiosamente, la emoción libertaria aparece siempre cuando se trata de justificar recortes o defender empresarios. Nunca cuando se habla de jubilados que cobran haberes de miseria, trabajadores despedidos o familias endeudadas para comprar comida.

No hubo lágrimas oficiales por el vaciamiento del Garrahan, por los recortes en medicamentos oncológicos, por el cierre de programas sociales, ni por los miles de puestos de trabajo perdidos.

Ahí el discurso cambia rápidamente a “equilibrio fiscal”, “responsabilidad” o “sinceramiento económico”. La sensibilidad parece funcionar únicamente cuando el ajuste necesita maquillaje.

El país real y el país libertario

El episodio volvió a mostrar una desconexión cada vez más evidente entre el relato oficial y la vida cotidiana de millones.

Mientras el gobierno habla de “milagro económico”, los indicadores muestran caída del consumo, aumento de la morosidad familiar y deterioro del empleo. Mientras Sturzenegger se emociona, la realidad social se endurece.

El problema para el oficialismo es que cada vez cuesta más sostener el relato de prosperidad cuando el ajuste atraviesa todos los aspectos de la vida cotidiana.

Y quizás por eso aparecen estas escenas casi teatrales: ministros que lloran, funcionarios que hablan de sacrificios heroicos y dirigentes multimillonarios explicando que la gente “vive mejor”.

Pero fuera de los auditorios y los discursos motivacionales libertarios, la realidad sigue siendo bastante menos emocionante. Sobre todo para quienes pagan el ajuste.

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