Mientras los últimos datos del Indec confirman que una familia necesita más de un millón y medio de pesos para esquivar la pobreza, el vocero presidencial Adrián Ravier elige culpar a los propios trabajadores por endeudarse para poder comer. Esta violenta desconexión entre el brutal encarecimiento del costo de vida y las burlas del relato oficial expone la crudeza de un plan económico diseñado exclusivamente para asfixiar a las mayorías.
La inflación de junio
El Indec dio a conocer los nuevos datos correspondientes al Índice de Precios al Consumidor del mes de junio[i]. La información marcó una variación mensual del 1,9% por ciento para el sexto mes del año. Esta actualización empuja el nivel acumulado durante el transcurso del año al 16,8% y ubica la variación interanual en un alarmante 33,5%.
Las divisiones que sufrieron los mayores saltos durante este último período fueron Recreación y Cultura (4,2%) y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles con una suba del 3,3%. El apartado específico de alimentos y bebidas no alcohólicas registró un avance del 1,3% motivado por las subas en verduras, pan y cereales.
Para completar esta lectura de los precios resulta fundamental observar la evolución del IPC Núcleo. Este indicador avanzó un 1,6% y refleja la inercia constante del costo de vida al excluir los bienes regulados y estacionales.
La canasta básica
El impacto real de esta dinámica de precios golpea con muchísima crudeza cuando se analiza la actualización de las canastas de consumo familiar. La publicación determina que la Canasta Básica Total[ii] experimentó un incremento mensual del 2,2%. Esta variación eleva el acumulado anual hacia una suba del 17% y empuja la medición interanual hasta un 35,7%. Traducido a la economía diaria de los hogares trabajadores estos porcentajes implican que una familia, de cuatro integrantes, necesitó reunir un ingreso neto de $1.531.473 únicamente para no caer por debajo de la línea de la pobreza.
Un escalón más abajo en la pirámide social se encuentra la Canasta Básica Alimentaria con un aumento mensual del 1,3%. Ese mismo grupo familiar requirió unos $689.853 mensuales para poder cubrir sus necesidades nutricionales más elementales y evitar el hundimiento definitivo en la indigencia.
El gobierno ajusta y se burla
El vocero presidencial, Adrián Ravier, como si no existiera la asfixia económica que padecen las familias argentinas, hace unas horas, responsabilizó a la propia población por la falta de plata en los bolsillos.
El funcionario, en su última conferencia de prensa declaró que las personas no saben manejar sus ingresos y se exponen al riesgo de impago por pura impericia personal. En un tono cargado de provocación exigió que la sociedad tiene que volver a aprender cuál es el límite al que los ingresos permiten acceder. Estas afirmaciones son un insulto hacia la clase trabajadora y se suman a sus recomendaciones sobre abrigarse más en invierno para evitar el pago de las exorbitantes tarifas de gas.
La dura realidad de la calle desmiente por completo este relato oficial sobre la supuesta mala administración familiar. Un eventual descenso en los índices de inflación no significa en absoluto que los salarios puedan igualar el altísimo costo de vida que afrontan los laburantes. Los ingresos populares corren desde hace años muy por detrás de los precios marcados en las góndolas y las negociaciones paritarias cierran de forma permanente con acuerdos a la baja. El nivel de deterioro general es tan profundo que el Salario Mínimo Vital y Móvil quedó totalmente estancado. En el mes de junio el monto fue de $367.800[iii]. Cifra que configura el peor nivel de poder adquisitivo (de este índice), registrado desde el histórico estallido económico del año 2001.
La relación existente entre los ingresos mínimos y las necesidades básicas expone la absoluta imposibilidad de sostener la economía diaria de cualquier hogar. Al realizar una equivalencia directa con los datos actuales comprobamos que se necesitan más de 4 salarios mínimos enteros para llegar a cubrir una Canasta Básica Total y casi dos salarios mínimos para apenas alcanzar el piso de una Canasta Básica Alimentaria.
La Junta Interna de los trabajadores de ATE Indec aporta una claridad demoledora sobre este enorme desfasaje estructural. El último estudio[iv] publicado por este espacio determinó que, “durante el mes de abril un empleado necesitó cobrar unos $2.400.186 para lograr satisfacer las necesidades mínimas de un hogar conformado por dos adultos y dos menores en edad escolar. Ese valor total se compone de unos $822.643 indispensables para adquirir una canasta alimentaria mínima y otros $1.577.543 requeridos para acceder a los demás bienes y servicios básicos del grupo familiar”.
Tarjetear para poder comer
Frente al explosivo aumento de las deudas familiares, los funcionarios libertarios eligen lavarse las manos y responsabilizar a los propios laburantes por gastar, supuestamente, más plata de la que ganan. Pero las estadísticas elaboradas a partir de los registros oficiales del Banco Central muestran un escenario de profunda desesperación social y echan por tierra la teoría de una escasa educación financiera.
La morosidad en los préstamos familiares alcanzó recientemente al 12% de todo el sistema y excluyó a casi 7 millones de personas de la posibilidad de recibir nuevas asistencias crediticias. Esta enorme irregularidad en los pagos se multiplicó por cinco durante el último año y medio para evidenciar el colapso absoluto de las cuentas domésticas.
El atraso en los compromisos asumidos mediante tarjetas de crédito tradicionales y préstamos en billeteras virtuales trepó a cifras récord que no se veían desde la época de la convertibilidad. Un factor verdaderamente alarmante revelado por los especialistas indica que el 89% de los hogares financió la compra de comida acudiendo al fiado o al dinero prestado. La juventud sufre este flagelo del endeudamiento con una crudeza todavía mayor y con consecuencias a largo plazo. 9 de cada 10 jóvenes figuran en la central de deudores mucho antes de conseguir un empleo formal y la irregularidad en los pagos dentro de la franja etaria de 18 a 21 años supera largamente el 40%.
Toda esta desesperación por conseguir plata prestada no es producto de la casualidad ni de un mal cálculo familiar. Esta trampa interminable de las deudas nace directamente de la extrema precarización laboral que fomenta la gestión libertaria. Cada vez que las autoridades publicitan un supuesto repunte del empleo ocultan que ese salto se apoya de manera exclusiva en el aumento del trabajo no registrado. Las últimas cifras oficiales confirman que existen casi 10 millones de trabajadores empujados a sobrevivir en la informalidad absoluta y sin ninguna red de contención. En una economía dominada por la flexibilización salvaje las personas deben saltar de un trabajo a otro y aceptar pésimas condiciones de contratación para intentar llegar a fin de mes. Al cobrar sueldos miserables que se evaporan velozmente con la inflación diaria la gente no tiene otra salida que endeudarse de forma masiva. De esta manera pedir un préstamo o tarjetear en el supermercado se convierte en el único recurso real para poder garantizar un plato de comida en la mesa.
Una salida para las mayorías
La crisis de morosidad que tanto perturba al vocero presidencial constituye la consecuencia directa e intencional de un plan económico diseñado desde sus cimientos para empobrecer a la población. El gobierno busca ajustar los ingresos de los trabajadores hasta el límite de lo tolerable para descargar todo el peso del déficit sobre las espaldas de las mayorías. La gestión libertaria profundiza voluntariamente este camino de miseria para cumplir a rajatabla con todas las exigencias impuestas por el FMI y por los grandes capitales concentrados. El intento oficial de avanzar con una agresiva agenda de leyes en el Congreso persigue la meta de consolidar este modelo de entrega de los recursos nacionales y asegurar la sumisión a los intereses de la de los mercados financieros.
Frente a este crudo panorama de despojo constante se vuelve indispensable organizarse para plantear un giro de 180 grados que cambie radicalmente la lógica económica del país. La recuperación genuina de las condiciones de vida de la clase trabajadora requiere la implementación inmediata de un aumento salarial de emergencia que cubra efectivamente el valor real de la canasta alimentaria. Salarios que de base deben indexarse de forma automática de acuerdo con los saltos inflacionarios para evitar que los sueldos vuelvan a quedar pulverizados por los aumentos de precios diarios.
Semejantes medidas de recomposición a favor de la sociedad jamás serán impulsadas por el actual gobierno y tampoco encontrarán un espacio real de desarrollo dentro de la institucionalidad de este régimen político agotado. La subordinación perpetua a los organismos de crédito internacionales y la protección de los negocios del capital extranjero garantizan la dolorosa continuidad de este modelo de exclusión estructural. Romper definitivamente con los dictados fondomonetaristas y enfrentar con firmeza los intereses del imperialismo representa el único camino viable para terminar con este esquema de hambre y marginación. Al mantener intactas estas viejas estructuras de dependencia seguirán apareciendo funcionarios provocadores dispuestos a culpar a los propios laburantes por la misma miseria que el Estado nos impone en su vida cotidiana.
[i] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ipc_07_26D38930EEA5.pdf
[ii] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/canasta_07_26F3FFC1D5EC.pdf
[iii] https://www.argentina.gob.ar/trabajo/consejodelsalario
[iv] https://drive.google.com/file/d/17b57aH3VEoH2PgM18MAqOMzZ1VKZjaki/view?fbclid=PAZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQPOTM2NjE5NzQzMzkyNDU5AAGn_VEu5IKuP7RlUzWcrkN5MkLMRjG6xVvV4s00MVFfqQZNx8JQu4uaI_EKxKQ_aem_Of_WmiHXm96ioqxk9d6jCg&pli=1


