Endeudarse para sobrevivir. La morosidad de las familias se dispara bajo el ajuste de Milei

Crédito de imagen: Daniella Fernández

La morosidad de las familias argentinas se cuadruplicó en apenas un año y ya alcanza niveles que no se veían desde la salida de la convertibilidad. Mientras el gobierno celebra el “orden macroeconómico” y la desaceleración inflacionaria, millones de hogares sobreviven endeudándose para comer, pagar servicios o llegar a fin de mes. El resultado es una combinación explosiva: salarios destruidos, crédito caro y una crisis social que empieza a aparecer incluso en los balances de los bancos.

La deuda como salvavidas del ajuste

Los datos del Banco Central muestran un deterioro brutal de la situación social: la morosidad de las familias pasó del 3,3% al 11,5% en solo doce meses. En los préstamos personales, el incumplimiento ya llega al 14,2%, mientras que en tarjetas de crédito alcanza el 11,7%.

Detrás de esos números no hay solamente un problema financiero. Lo que aparece es la radiografía de millones de trabajadores, jubilados y sectores populares que recurrieron al crédito para compensar la pérdida del poder adquisitivo provocada por el ajuste de Javier Milei.

Durante meses, el gobierno sostuvo artificialmente parte del consumo mediante endeudamiento. Muchas familias comenzaron a usar tarjetas, préstamos personales o fintechs para cubrir gastos básicos: alimentos, alquileres, medicamentos o tarifas. Pero ese mecanismo tenía un límite evidente: cuando los salarios caen y las tasas siguen altísimas, la deuda se vuelve impagable. Y ese límite empezó a explotar.

Salarios pulverizados y tasas usurarias

El propio informe reconoce que los salarios reales continúan por debajo de los niveles previos a la llegada de Milei. Los salarios privados registrados acumulan una caída real del 4,8% desde noviembre de 2023, mientras que los estatales perdieron alrededor del 17%.

En paralelo, durante gran parte de 2025 los créditos al consumo operaron con costos financieros superiores al 150% anual.

La ecuación es brutal:

  • salarios más bajos,
  • tarifas más altas,
  • alimentos dolarizados,
  • empleo más precario,
  • y deuda cada vez más cara.

El resultado es que amplios sectores sociales dejaron de endeudarse para “consumir” y empezaron a hacerlo simplemente para sobrevivir.

El ajuste lo pagan las familias

Uno de los datos más reveladores del informe es la enorme diferencia entre la mora de las familias y la de las empresas. Mientras los hogares registran una morosidad del 11,5%, las empresas apenas alcanzan el 3,1%.

La diferencia muestra quién absorbió realmente el costo del programa económico libertario. Mientras grandes grupos económicos siguen beneficiándose con la bicicleta financiera, la apertura importadora y la flexibilización económica, los hogares trabajadores sostienen el “equilibrio fiscal” resignando consumo, endeudándose y dejando de pagar créditos.

La famosa “motosierra” no cayó sobre los grandes capitales. Cayó sobre salarios, jubilaciones y condiciones de vida.

El relato de la estabilidad y la realidad social

El gobierno insiste en mostrar la desaceleración inflacionaria como una prueba de éxito económico. Pero esa baja se sostiene sobre una contracción feroz del consumo y un deterioro social cada vez más visible.

La caída del poder adquisitivo, los despidos, la precarización laboral y el endeudamiento creciente funcionan como la verdadera base del “orden macroeconómico” que celebra el oficialismo.

Incluso el sistema financiero empieza a mostrar señales de preocupación. Los bancos deberán aumentar previsiones por incobrabilidad y podrían restringir nuevos créditos ante el deterioro de las carteras familiares.

En otras palabras: la crisis social empieza a filtrarse también sobre el propio funcionamiento financiero.

Crédito para hoy, crisis para mañana

Durante meses el oficialismo intentó mostrar la expansión del crédito como un síntoma de recuperación económica. Pero gran parte de ese crecimiento fue, en realidad, endeudamiento defensivo de hogares que perdían ingresos reales.

La paradoja del modelo Milei es que mientras se desploma el salario, el sistema empuja a las familias a financiarse con tasas imposibles para sostener el consumo básico. Y cuando ese mecanismo colapsa, aparecen la mora, el sobreendeudamiento y la exclusión financiera.

Por eso el aumento de la morosidad no es solamente una señal económica. Es un indicador político y social del fracaso de un modelo que prometía prosperidad y termina dejando a millones atrapados entre salarios de miseria y deudas impagables.

La “estabilidad” libertaria empieza a mostrar su verdadero costo: hogares cada vez más endeudados, trabajadores que usan crédito para comer y una sociedad que sostiene el ajuste mientras los sectores concentrados continúan acumulando ganancia.

Frente a este escenario, la salida no puede venir de los mismos sectores políticos y económicos que sostienen el ajuste. Mientras el gobierno protege bancos, grandes empresarios y especuladores financieros, millones de familias quedan atrapadas entre salarios destruidos y deudas impagables. La crisis demuestra que el problema no es un supuesto “exceso de consumo”, sino un modelo económico armado para garantizar ganancias privadas a costa del empobrecimiento social. Por eso, discutir una salida de fondo implica romper con la lógica de ajuste permanente dictada por el FMI y los grandes grupos financieros.

La respuesta pasa por recomponer de manera inmediata salarios y jubilaciones acorde a la inflación real, prohibir despidos y suspensiones, controlar las tasas usurarias que imponen bancos y fintechs, y avanzar en medidas que prioricen las necesidades sociales por encima de la especulación. También implica gravar las enormes ganancias de los grupos concentrados, nacionalizar la banca bajo control público y poner los recursos del país al servicio de las mayorías trabajadoras. Porque mientras el gobierno pide sacrificios a quienes viven de su trabajo, la verdadera “casta” financiera sigue acumulando ganancias récord en medio de la crisis.

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