Escuelas. Algunos aportes al debate sobre el escenario de violencia

Ya pasaron unas semanas en las que el debate sobre las amenazas en escuelas secundarias y algunas primarias dio muestras de las diferencias políticas que hacen a los abordajes de quienes hoy pensamos la educación. La salida inmediata de los gobiernos provinciales y de los organismos encargados de educación fue punitiva, dando una salida efectivista para el
afuera, sin centrar en el detalle de las causas que instalan semejantes eventos en la vida social de nuestro país.

Por Rocío Uceda, psicóloga y profesora de Educación Secundaria

Muchas escuelas se vieron afectadas de lo que puede haber comenzado como un desafío viral, pero que en definitiva nos muestra que las múltiples situaciones sociales encuentran un lugar en la escuela estallándola; con emergentes que se originan en el entramado social, se vuelcan a lo educativo reclamando respuestas inmediatas, que requieren profundidad y acciones estructurales, en la contradicción de un sistema que los gobiernos y las propias condiciones capitalistas actuales, han llevado a una de sus peores crisis, materiales, políticas, educativas, sociales.

La crisis capitalista se cuela en todos lados…

Para comenzar, el marco social es la base de análisis, la pobreza estructural, la falta de trabajo, la salud estallada y nuestras escuelas alojando todo este malestar, gracias a la responsabilidad de gobiernos que desde hace décadas han generado semejante precarización de la vida. Una adolescencia con exposición constante a las pantallas, el consumo y la necesidad de aprobación. Además de estar sometidos a un discurso de época, individualista y meritocrático que tiene ejemplos legitimados desde algunas instituciones gubernamentales.

En este contexto, las familias de nuestros estudiantes se enfrentan a las graves condiciones de vida y laborales, de pluriempleo o desempleo, quedando sin tiempo las más de las veces para poder alojar y darle un lugar al acompañamiento que necesitan los adolescentes en su crecimiento. En muchos casos siendo estos adolescentes los encargados de tareas de
cuidado de hermanos menores, frente a la sobrecarga laboral familiar. O en contextos de enorme pobreza, con desempleo y frustración familiar que provoca la imposibilidad de una adecuada contención a estos jóvenes.

Al mismo tiempo, las políticas del ultraderechista de Milei, han dejado a un Estado ya precario, absolutamente desfinanciado, con cierres de programas, recursos, espacios para nuestras juventudes. Las casi nulas políticas de contención para los adolescentes en salud mental, es decir, la apuesta a espacios lúdicos como centros culturales, bibliotecas populares, centros recreativos y deportivos, y los propios espacios en salud mental y adicciones para trabajar con el padecimiento, son parte de un panorama de crecimiento en soledad, que se suplanta por tecnologías que aíslan y los deja expuestos a redes de control y abuso.

Tecnologías, una forma de control de las juventudes

Mientras la inseguridad y la falta de acceso al disfrute -la falta de acceso económico es un límite claro a la posibilidad de esparcimiento-, terminan relegando a los adolescentes al espacio privado de las redes sociales y otros dispositivos de control; la tecnología se instala determinando la información a consumir, mediando la socialización y dejándolos expuestos
a un consumo de lo cuales no siempre los adultos podemos protegerlos. Mientras a partir de un celular los niños y adolescentes pueden ‘apostar’, seguir videos con clara violencia y discriminación, o los ‘retos’ que exponen a cualquier tipo de lesiones sobre ellos mismos, sin ningún tipo de control estatal sobre esas redes que recaudan fortunas, avalados en
algunos casos (porque no se puede negar la protección de quienes obtienen un gran beneficio económico de ello), del otro lado, no existen políticas serias que estén pensando en estas desprotecciones.

Por otro lado, los vínculos y redes que podíamos tramar en otros momentos escuela e instituciones barriales para poder elaborar estrategias de contención, que ya eran insuficientes, hoy se encuentran casi destruidas. En las escuelas los cargos que llevan adelante la tarea, los equipos de Orientación, han sido diezmados; teniendo a veces un solo equipo 1000 estudiantes que acompañar, en el marco de una complejidad creciente y sin redes para configurar espacios de abordaje. Se les exige a docentes y equipos que abordemos hasta lo imposible, sin recursos. Se diseñan guías de abordaje, que en su lineamiento podrían ser muy útiles pero que en los hechos su aplicación es casi una utopía.

Parece ser una verdad que a ninguno de los gobiernos le interesa ver: si hay pobreza y falta de acceso a derechos y recursos básicos, falta de futuro para nuestras juventudes y familias completamente absorbidas por trabajos que consumen toda nuestra cotidianeidad, no va a haber salida. No podemos cargar a nuestros equipos de orientación, docentes y toda la
comunidad educativa, con aquello que el Estado no garantiza.

La verdadera salida para mejorar el bienestar de nuestros adolescentes es parte de una política integral: garantizar el acceso a vivienda, alimentación, salud, educación; construcción de una posibilidad de futuro, arrancando por la no destrucción de los recursos naturales y garantizando el acceso al agua, y siguiendo por una educación que asegure el ingreso a un mercado laboral con Derechos,obra social, jubilación, etc; garantizar el acceso lúdico al ocio, al encuentro con sus pares; garantizar el acceso a dispositivos de salud en general, y en particular, de salud mental y adicciones.

El punitivismo, una vez más, no resuelve

La respuesta de las Direcciones de Escuela de las provincias tuvo un cariz absolutamente punitivista y descentrado de la problemática real. Una solución que coyunturalmente podría calmar los ánimos de algunos docentes y padres, pero no resuelve si esa es la única estrategia.

La salida fue la sobrecarga a los equipos directivos, docentes y todo el personal de las escuelas, en un abordaje absolutamente infértil, poniéndonos en lugar de policías de nuestros estudiantes, enfrentándonos a las familias. Sin mochilas, con bolsas de supermercado y haciendo afiches toda la semana fue lo que se pensó desde ‘Educación’. Y el
problema siempre es el mismo: nadie consulta con quienes hacemos las escuelas.

De haber sido así, hubieran escuchado, que necesitábamos parar la pelota; verdaderos espacios de reflexión entre docentes para pensar la situación y diagramar estrategias. Hubiéramos arrancando diciendo que no se puede abordar las complejidades de la escuela con un solo equipo de orientación por escuela, estallado de problemáticas. Que dichos
equipos sin articulación territorial -con presupuesto y dispositivos de atención y encuentrono pueden trabajar. Que las escuelas cuando están en condiciones, arregladas, limpias, con recursos, y condiciones de infraestructura, mejoran ampliamente la convivencia y las condiciones laborales de quienes las habitamos. Que faltan cargos y que ya no podemos
trabajar en las subjetividades actuales con 30 o más chicos, sino que tenemos que ir al desdoblamiento, con parejas pedagógicas para abordar las múltiples situaciones áulicas. Y, además de todo esto, que es necesario avanzar en un protocolo real de prevención, resguardo y protección ante la exposición y riesgo de estudiantes y docentes, pero con la participación democrática y efectiva de docentes, profesionales, trabajadores de la educación, estudiantes y familias.

Algunos aportes al problema del uso problemático de las tecnologías en las aulas

Hace tiempo se viene instalando el debate acerca del uso de los celulares en las aulas. Las posturas punitivistas se instalaron como salida nuevamente. La restricción absoluta para infancias y adolescencias dan forma a una receta que efectivamente se vuelca a todos los ámbitos.

Desde Alternativa Docente, en consonancia con lo que venimos planteando en las líneas anteriores no vemos que sea positivo, ni una salida real a la problemática. Lo que podemos pensar al respecto son las condiciones mediante las cuales los chicos advienen a las tecnologías, en general sin adultos que guíen, que acompañen, quedando expuestos a redes de todo tipo. El acceso irrestricto instala una lógica de consumo continuo, sin reflexión, sin utilización a veces ni lúdica.

Dentro de las aulas, la problemática nos toca de lleno, es una distracción continua entre los estudiantes, se pierden grandes tiempos demandando la atención. Cuando los celulares se utilizan para la búsqueda de información, al mismo tiempo, se abren notificaciones de todo tipo que interfieren con una atención direccionada hacia lo que se trabaja. Sin embargo, el problema no es tan fácil, ya que al mismo tiempo, en las escuelas públicas nos encontramos con que la búsqueda de información en las bibliotecas es un imposible porque no contamos con material; solicitar un material fotocopiado choca contra la realidad económica y las computadoras que había en las escuelas están en franca decadencia. Es decir, si prohibimos el uso del celular, el acceso a la información, se encuentra coartado y a la larga aumenta la brecha con quienes en su casa tienen computadora, libros, accesibilidad y quienes no. Por eso creemos que lo mejor sería una regulación que apunte a su uso con fines pedagógicos,que nos permita acceder desde ahí a la búsqueda de información y la utilización de plataformas pedagógicas que incluso hoy utilizamos.

Apuntamos a una alfabetización digital que apuntale un uso crítico, donde la interacción docente- estudiante pueda cuestionar los contenidos, repensar las distintas informaciones, apuntar a conocimientos científicos, etc.Y, en tal sentido, cuestionar la capacidad del sistema capitalista de utilizar a las infancias para sus fines de ganancia, instando a apostar en casinos virtuales, o a invertir dinero en juegos y toda esa lógica que ubica a las infancias como consumidores sin ningún tipo de resguardo. Por último, no queremos dejar de exigir la provisión de libros para las escuelas, que puedan marcar una temporalidad diferente, donde el papel, la lectura pausada y no interrumpida, juegan un rol en el aprendizaje.

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