Recicladores urbanos del Barrio Carlos Mugica denuncian hostigamiento policial y secuestro de herramientas de trabajo.
Por Marcos Sierras
Bajo la amenaza constante de perder sus herramientas de trabajo, los recicladores del Barrio Carlos Mugica enfrentan un muro de violencia y discriminación. Agentes policiales y de higiene urbana les impiden trasponer los límites del barrio, vulnerando su derecho al trabajo y empujando a cientos de familias a la indigencia en nombre del “ordenamiento público”.
El Barrio Carlos Mugica —la histórica ex Villa 31— late en el corazón de Retiro. A pocos metros del epicentro financiero de la Ciudad de Buenos Aires y a unos pasos del “paquetísimo” barrio de Recoleta, este territorio alberga a miles de familias que subsisten gracias a una de las economías populares más antiguas y esenciales de la urbe: el reciclado urbano.

“Si salís, te quedás sin carro”
El nudo del conflicto se desata en las avenidas periféricas que –hoy– aíslan al barrio. Se ha instalado una aduana informal y punitiva: agentes de las fuerzas de seguridad pública, en coordinación con personal de control del servicio de espacio urbano, han montado un esquema de hostigamiento sistemático orientado a impedir que los recicladores independientes operen en el tramado formal de la Ciudad.
La dinámica del acoso es diaria y desgastante. No se trata de una regulación legítima del espacio público, sino de un régimen de intimidación. Los testimonios coinciden en una advertencia unánime y extorsiva: ¡si salís con el carro, te lo sacamos!
Pero el hostigamiento no solo queda en los márgenes del barrio sino que se traslada a toda la Ciudad de Buenos Aires. Marcelo, uno de los recicladores agrupados en “Recicladores Independientes”, nos cuenta cómo se vive el hostigamiento cuando se sale a buscar cartones:
“Voy a trabajar como todos los días, de lunes a sábados, llevo mi hija a la escuela. Arranco a trabajar y me encuentro con la policía de la ciudad y espacio público allá en Palermo y, bueno, quisieron sacarme mi herramienta de trabajo, por suerte saltaron muchos vecinos, más de treinta personas saltaron a defenderme y a filmar”.
Marcelo tuvo suerte, los vecinos del barrio de Palermo se solidarizaron con él y pudo zafar de la situación y volver a su casa, con su carro y sin ser detenido, pero perdió otro día de trabajo y mañana no sabe si va a salir porque continúan los operativos. El gobierno de la Ciudad está llevando a una asfixia económica tanto a Marcelo como a sus compañeros/as de la cual no es muy fácil hacer frente.

El blanco del ataque: las familias de la economía popular
Los testimonios de los recuperadores del barrio se agolpan y todos van en el mismo sentido, como el de Florencia, cartonera independiente y vendedora ambulante quien denuncia que en los últimos días la policía le secuestró su mercadería y ya no pudo seguir trabajando. Florencia es la cabeza de una familia monomarental y único sostén.
Las fuerzas de higiene urbana, escudadas bajo directivas de “limpieza y ordenamiento visual”, señalan el carro autopropulsado por tracción a sangre como un elemento prohibido o una contravención en sí misma. Sin actas de infracción claras, sin ofrecer alternativas de registro y mediante un uso desproporcionado de la fuerza, las herramientas de trabajo son decomisadas en camiones de residuos o retenidas en depósitos de difícil acceso, lo que equivale a la pérdida definitiva de la inversión y del único medio de supervivencia de estos trabajadores.

Una vez decomisado el carro, no es posible su recuperación y su reposición tampoco es una posibilidad, como aclara Alejandra: “Como está la situación del país, no alcanza para comprar el carro otra vez, ese carro ‘lo tengo de casi toda la vida’ y no encontrás los materiales, tampoco en la calle como para ‘resumir’ un poco los costos y todo eso, ya no es como antes, todo se lo llevan las empresas grandes”.
Alejandra habla de su carro en presente pero la realidad es que ya no lo tiene más, se lo secuestraron hace ya tiempo, es por esa razón que hoy se busca la vida como feriante.

Violencia policial y requisas vejatorias
Aún más grave es la situación que denuncia Lorena, referente de la red de cartoneros del barrio Mugica “Cartoneros Independientes”, quien aparece en varios videos el día en que Jorge Macri fue al barrio desatando su Tormenta Negra.
Esa noche, unos treinta efectivos de la Policía de la Ciudad fueron a la cuadra donde estacionan y encadenan sus carros. En ese momento, decenas de vecinos y sus familias salieron a la calle para proteger sus herramientas de trabajo. Es en ese momento que la policía los pone contra la pared y tira al piso y, bajo amenazas, comienzan a requisarlos.
En un momento, Lorena se da vuelta para ver a sus hijas y observa que personal policial las estaba revisando en sus partes íntimas: “Cuando giro la cabeza veo que les están revisando sus partes, levantándoles la ropa siendo que había, como les dije anteriormente, más de cincuenta compañeros cartoneros independientes masculinos y también estaban los policías masculinos mientras revisaban a mis hijas”.
El atropello a los derechos fundamentales es cada vez mayor. En un contexto en el cual, desde el propio presidente de la nación vocifera odio contra su pueblo, las FF.SS. se envalentonan y arremeten contra la ciudadanía, se sienten habilitados a hacer cualquier cosa. Recordemos que, además, el mismísimo Jefe de Gobierno de la Ciudad ha dicho públicamente que los cartoneros “ensucian la Ciudad”, tratándolos casi como material de descarte.

La “Tormenta de Orden”: un negocio contra la clase trabajadora
La “Tormenta de Orden” de Jorge Macri no es más que una declaración de guerra clasista contra los que menos tienen. Detrás de los de cuello blanco del gobierno de la Ciudad y su discurso de “higiene urbana”, se esconde un negocio millonario: limpiar las calles de trabajadores independientes para garantizarle el monopolio del reciclado a las grandes empresas concesionarias amigas del poder, las mismas que facturan fortunas mientras el pueblo pasa hambre.
La saña contra las infancias del barrio y el manoseo denunciado por Lorena demuestran el carácter profundamente descomunal de las fuerzas represivas bajo el ala del PRO y el aval del gobierno de Milei. No les basta con hambrear con su política económica de entrega; necesitan disciplinar con el terror policial.
Pero la solidaridad en Palermo y la resistencia vecinal en la Mugica demuestran que la base social no se dobla. Frente a la crueldad planificada, la única salida es la coordinación y la lucha en las calles.

