“Escritor fracasado”, de Arlt. La desesperación de haber perdido el paraíso

El cuento publicado en 1933 propone una mirada crítica muy actual sobre la competencia salvaje en la industria del arte. Marilú Marini y Diego Velázquez se animan a convertirlo en una obra de teatro en tiempos donde la Inteligencia Artificial es la actriz principal.

Por Jorge Sebastián Comadina

“La literatura no existe. La maté para siempre”, grita el protagonista. Está recluido en una habitación, vestido de entrecasa. Tiene puesta una bata que deja ver su ropa interior. Se pasea mientras justifica su existencia. Destruye su libro “best seller” con un palo de golf. Se arrepiente e intenta recoger los pedazos. Va al pasado, al futuro y, solo un poco, al presente. Ese en el que no puede escribir. Siente nostalgia por su juventud. Vive la dictadura de la hoja en blanco. Ve el fracaso en la mirada de los demás. Se vuelve su propio tirano. Anhela que todos los escritores de la tierra tuvieran una sola cabeza para destrozarla a martillazos: “Sepultar bien profundamente el amasijo humano”. Si yo no puedo escribir, que no escriba nadie. Los delirios de grandeza se hacen cada vez más pequeños. Depresión. Algo parecido a una adicción en donde la única persona que puede satisfacerla es uno mismo: creando. Pero eso no llega. Y la espera descubre las actitudes más viles del ser humano. “Quisiste ser célebre. Bueno, ahora tendrás tu merecido”, dice en una parte de su discurso.

Roberto Arlt murió a los 42 años por una afección cardíaca. Pero, hacía bastante, ya venía con unos dolores corporales que no se le iban. Debía convivir con ellos. Cuando quedó internado los médicos se sorprendieron al notar que su estado físico era parecido al de un hombre mucho mayor. Parecía una persona de más de 60 años. Su salud estaba deteriorada. Tal vez, cargaba en su cuerpo las miles de historias que supo retratar. Que a pesar de haberlas plasmado en el papel quedaban inoculadas en su humanidad. También la crítica que recibió de muchos colegas de su tiempo: “Él no sabe escribir”. Y tras cartón, la soledad. Esa compañera imprescindible para poder contarlo. La vida de un escritor no es fácil. O mejor dicho, la psiquis de un escritor no es fácil. Porque cuando toda esa imaginación no se usa para crear, puede volverte loco. Algo así le pasa al protagonista de este cuento publicado en el libro “El jorobadito” hace casi cien años atrás. Si eso sucede, no queda otra que escribir. Aunque eso signifique escribir sobre la soledad de no poder escribir. Porque como dijo Marguerite Duras: “La soledad también significa: o la muerte, o el libro”.

Así también lo entendieron Marilú Marini y Diego Velázquez que se juntaron para ponerle el cuerpo a este “mal recuerdo del buen éxito”. Lo adaptaron en conjunto. Para después ella dirigirlo y él interpretarlo. “La sorpresa de que aceptara dirigir la obra fue un regalo. Ella no había dirigido nunca, y entró a la sala de ensayo con una potencia y unas ganas de divertirse que no te daban respiro”, cuenta el actor. Tomaron el relato y le pusieron su impronta. La ironía que maneja el texto se vuelve acción. El escritor fracasado se pasea por la habitación exasperado. Siente “la desesperación de haber perdido un paraíso”. La vanidad se convierte en su mecanismo de defensa. Su ego en un dictador. Busca culpables. Se detesta. Luego, se vuelve a amar. Se excita. “Yo, yo, yo”, grita mientras se frota con una mesa. Se tira en el sillón y presiona su sexo. Se disfruta. Se olvida un poco de que no puede escribir. Para después volver a la interpelación constante. Esa que lo enloquece. La imposibilidad de encontrar soluciones a su estado de turbación. “Yo, yo, yo” hasta caer rendido. La obra no puede ser más actual. Más aún en los tiempos que se viven. Donde la Inteligencia Artificial empieza a inmiscuirse en las etapas de la creación artística.“Lo más importante y poderoso de la creación es el proceso, el durante, los problemas a los que te enfrentás cuando estás creando”, destaca el actor. El escritor fracasado intenta subsistir en ese mundillo perverso del consumo del arte. Se pone máscaras. Sufre. Piensa estrategias para no dejar de ser. La pregunta de cómo hubiese solucionado su bloqueo el personaje del cuento, en estos tiempos, es un enigma ¿Habría utilizado el ChatGPT? “Para el creador es más importante la escritura del libro, que el libro en sí. Si alguien busca directamente el resultado generado por una inteligencia artificial, allá él. Él se lo pierde”, reflexiona Diego Velázquez. En el cierre de la obra, el protagonista saca un teléfono celular. Posa para sí. La pregunta queda flotando en el aire. Aunque parece ser que Arlt dejó la respuesta en el prólogo de uno de sus libros: “Los Lanzallamas”. “El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente con la literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierren la violencia de un cross a la mandíbula”.

La obra se puede ver en el Teatro Dumont 4040 ubicado en el Barrio de Chacarita los Miércoles 21.30 h.

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