Un nudo en la garganta. Nacho Levy y la violencia patriarcal

Nacho Levy

Nacho Levy fue denunciado públicamente ayer por ejercer violencia machista y fue desvinculado de la Garganta Poderosa durante el día de hoy. Los descargos realizados por la psicóloga y sexóloga Cecilia Ce en sus redes sociales desataron una serie de críticas y cuestionamientos a nivel político y social. Sin mencionar inicialmente a su expareja, describió situaciones de manipulación y violencia psicológica que luego fueron asociadas públicamente a Nacho Levy, ex referente de La Garganta Poderosa. Tras esas publicaciones, distintas mujeres vinculadas a diferentes espacios militantes, y del propio espacio al que pertenecía Levy, manifestaron que esos relatos eran compatibles con experiencias que, según afirmaron, habían circulado desde hacía años en ámbitos privados. Además, varias ex parejas del denunciado se solidarizaron con la psicóloga Cecilia Ce, con lo que parece ser de algún modo una ratificación de experiencias similares vividas. También hubo trolls y misóginos principalmente libertarios que atacaron a las mujeres que se expresaron en redes, el machismo sin fisuras ni grietas, como expresión estructural del sistema patriarcal.

Las denuncias públicas que se conocen hasta ahora 

La controversia comenzó cuando Cecilia Ce publicó en sus redes sociales, entre otras reflexiones de su experiencia, “Es metódico y persistente. Por suerte, pude salir”. Tras la viralización de esos posteos, la actriz Gloria Carrá, también expareja de Levy, expresó públicamente su respaldo a Cecilia y sostuvo que su testimonio le resultaba creíble a partir de su propia experiencia. A ese acompañamiento se sumaron otras mujeres, militantes y colegas que manifestaron su solidaridad con la denunciante y señalaron que los relatos no les resultaban ajenos. 

Los dichos resaltan violencia machista en la intimidad de sus relaciones como asi también un formato machista en cuanto dirigente sobre compañeras y militantes.

Machismo estructural: una discusión necesaria

El machismo es estructural en esta sociedad, aun con esa aclaración, el episodio vuelve a poner sobre la mesa una discusión política de fondo. Si las denuncias públicas generaron semejante impacto no es únicamente por la cantidad de mujeres que se expresaron, sino por la identidad del señalado, los señalamientos involucran a un referente de una organización social identificada históricamente con causas populares y con posiciones cercanas al movimiento feminista.

Precisamente allí aparece una enseñanza que la izquierda, los progresismos y ninguna organización, debe esquivar. El machismo no constituye una anomalía exclusiva de la derecha. Es una expresión de una sociedad capitalista y patriarcal que atraviesa todas las relaciones sociales y cuyos valores —la dominación, el autoritarismo, la competencia y la desigualdad— también penetran en espacios de quienes luchan por transformar esa realidad, sino damos una fuerte discusión para despatriarcar cada uno de esos entramados.

Pensar que pertenecer a un espacio progresista inmuniza frente a conductas machistas supone una mirada idealizada de la militancia. Ninguna organización del campo popular o revolucionaria está exenta de las contradicciones que produce una sociedad edificada sobre múltiples formas de opresión. 

La diferencia no reside en la inexistencia del problema, sino en la capacidad política para reconocerlo, investigarlo, acompañar a quienes denuncian y generar mecanismos democráticos que impidan el silenciamiento. Así mismo, también importa que los propios varones incorporen las causas antipatriarcales como parte de su agenda política, y no considerarlas secundarias o subordinadas a otras luchas.

Y por supuesto las organizaciones feministas que además no solo batallan contra el patriarcado, sino también contra el capitalismo, y entienden esa dialéctica, logran tener más defensas y herramientas para dar estas batallas hacia el interior de dichos espacios, entendiendo que, al ser todos productos de esta sociedad, debemos dar pelea para desarmar cada uno de esos elementos nefastos del sistema capitalista patriarcal.

El rol de los varones 

En ese sentido, el debate también interpela particularmente a los varones. Durante décadas, buena parte de las referencias públicas de las organizaciones políticas fueron construidas alrededor de figuras masculinas convertidas en liderazgos casi incuestionables. Principalmente en los partidos patronales, el feminismo vino más como una regla de cupo en las listas, que como verdadero cuestionamiento al machismo existente. Vale preguntarse sobre qué base se edificaron esas figuras y cuántas tareas invisibles, cuidados y esfuerzos de compañeras sostienen trayectorias individuales que luego aparecen como gestas personales. Ahora bien, en las organizaciones populares, aun con funcionamientos diferentes, no siempre se identifican a tiempo estos problemas. Por eso los mecanismos de control y la responsabilidad de no abandonar esta disputa, es clave. 

La militancia necesita abandonar la lógica del “gran hombre”. Ningún dirigente, por importante que sea, está por encima de las críticas ni debe convertirse en una figura intocable. Cuando la admiración se transforma en culto a la personalidad, se corre el riesgo de confundir prestigio con autoridad moral, visibilidad con virtud y conducción con derecho a ejercer relaciones de poder sobre quienes lo rodean. 

Por eso la tarea de los varones no consiste únicamente en repudiar la violencia cuando aparece públicamente. También implica revisar las prácticas cotidianas, cuestionar los privilegios que muchas veces se naturalizan y construir vínculos militantes donde el reconocimiento no dependa de relaciones jerárquicas ni de mecanismos de subordinación. Los feminismos anticapitalistas debemos incluir en el debate a los varones, trabajadores, jóvenes, para que puedan también interpelar los privilegios machistas de esta sociedad. Así mismo estos deben ser y sentirse interpelados a cambiar este orden de relaciones de género existentes.


Feminismo, organización y una pelea contra el capitalismo patriarcal

Porque el problema de fondo no es un nombre propio. Es una estructura social que reproduce relaciones de dominación y que atraviesa todos los espacios. Desde el feminismo de izquierda aspiramos a construir una sociedad emancipada de toda explotación y opresión, esa pelea debemos comenzar también dentro de las propias organizaciones, promoviendo prácticas democráticas, rechazando el culto a las personalidades y entendiendo que nadie puede luchar por una sociedad libre mientras reproduce, en silencio o por omisión, formas de violencia contra quienes tiene al lado. Luchar contra el capitalismo y contra el patriarcado a la vez sin tregua, hasta transformar el mundo que vivimos, requiere que también podamos cotidianamente construir nuestras vidas según los ideales que queremos. Nos obliga a dar pelea y desarmar cada una de las esencias que en nosotres nos impregna este sistema. 

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