Un cambio de escenario. Efecto Cascada

Este artículo fue publicado en la edición número 865 de la revista impresa Alternativa Socialista.

Hay un cambio importante en la coyuntura del país. El gobierno transita por su peor momento, encerrado en el laberinto
del caso Adorni, con la economía en un cono de tormenta y un pésimo humor social que cuestiona profundamente a Milei
y su banda. Hay clamores de cambio desde el propio círculo rojo, y el PJ, sumido en su propia crisis, no aparece como una
alternativa que entusiasme ni ofrezca una salida a las penurias del pueblo trabajador. La caldera social se recalienta,
preanunciando la posibilidad de un horizonte de confrontaciones en las calles y el enorme desafío de que la izquierda pueda
gobernar.

En poco más de un mes, la taba se dio vuelta. El Milei rudo, a la ofensiva, envalentonado por el triunfo electoral, con el apoyo de Trump, un parlamento favorable y que logró la aprobación de puntos estratégicos de su plan como la reforma laboral, de la ley penal juvenil y la ley de glaciares, se está desmoronando. El affaire Adorni lo dejó groggy, con un
efecto cascada de desmoronamiento más integral: político, económico y social. Minando gran parte de su capital político. Lo dicen las encuestas y el humor en las calles. Milei y el gobierno no solo tienen cuestionado su presente, sino su futuro y ansias de reelección.


No parece una tormenta pasajera, porque derrumba los dos ejes políticos que cimentaron la batalla ideológica y cultural del liberfacho: el verso anticasta y la derrota de la inflación. Deja al descubierto que, pese a los claros avances reaccionarios que no podemos minimizar, todavía no lograron el cambio de calidad propuesto para “normalizar” el país en clave capitalista.

Crecen los fantasmas de ese viejo régimen en ruinas, sin recambios burgueses en ciernes, carente de planes B con pleno apoyo del establishment. Y hay una polarización social marcada donde, si bien el gobierno de ultraderecha logró ganar
una franja para su proyecto, se ha gestado un polo opositor creciente, que está desatando los demonios obreros y populares hacia una irrupción callejera. El proyecto de Milei se queda con poco aire y, ante la defección sostenida del PJ y la CGT, crece la energía por abajo para dinamizar las luchas y la izquierda emerge como alternativa.


El viento que viene desde afuera empieza a soplar de frente. La estrella de Donald Trump que se está apagando en el corazón del imperio y los tropiezos de la ultraderecha en varios puntos del planeta también complican la perspectiva para los planes de Milei.

Los trofeos de Milei se caen de la vitrina

a emergencia del monstruo entronizado en la Rosada no puede explicarse sin el rotundo fracaso, en cuanto a expectativas populares, de todos los gobiernos anteriores. Si bien hubo una experiencia negativa acumulada de todos ellos, la del PJ de Alberto y Cristina defraudó por la pronunciada caída del nivel de vida.

La inflación cero y el combate a la casta política fueron las banderas que esgrimió Milei para construir base social y convencer a una franja de las bondades de su hoja de ruta reaccionaria. Hoy esos dos trofeos están cuestionados. Y son la punta del iceberg de una crisis que sigue abierta, porque implica la emergencia de problemas estructurales económicos y políticos no resueltos.


La continuidad del proceso inflacionario durante más de diez meses con una perspectiva mayor al 31,5% anual, superior a la de cualquier país de la región, es un dato duro que impacta en la línea de flotación del gobierno. Si a ello le sumamos el parate productivo, con cierre de empresas y destrucción neta de puestos de trabajo, se configura un cuadro de estanflación que indica que la economía no despega. Los salarios siguen sin recuperar lo perdido y corren por detrás de la inflación real. Si agregamos los tarifazos de los últimos meses, se explica claramente el malestar popular. En abril nuevamente se registró una contracción de la actividad minorista de las PyMEs del 3,2% interanual, lo que se acompaña de una capacidad ociosa
de la industria cercana o superior al 50%. Todos los índices de consumo masivo están a la baja en términos de tendencia interanual, tomando las ventas en supermercados.


El otro elemento que agrava el panorama es la situación de endeudamiento de las familias y trabajadores. La morosidad de las tarjetas de crédito y billeteras virtuales reporta récords históricos (11,2%, con 16 meses de incrementos consecutivos), de gente que se endeudó y se endeuda para poder comer o vestirse o pagar las cuentas de servicios, y al no recuperarse el salario no puede pagar dichos créditos.


No hay un sólo índice económico que muestre una mejora. Por el contrario, los niveles de consumo siguen a la baja, la producción industrial en retroceso con la capacidad instalada por debajo del 50% y continuidad de procesos de cierre de empresas. A la vez hay una fuerte caída en la recaudación, mientras la percepción general de la población sobre el futuro
es negativa: el 61,2% considera que sus expectativas empeoraron, y un 63,3% considera al gobierno responsable de la situación económica actual (Clarín, 7/5).


Al impacto en la gente se agrega malestar en los de arriba. Las desigualdades en la rapiña, con ganancia de mineras, energéticas y financieras por sobre la industria lleva a disputas interpatronales. Hay sectores concentrados muy críticos porque están perdiendo negocios mientras el gobierno desregula todo lo que puede. Y esta tensión se traslada a los índices de confianza externa, con sectores del establishment reconociendo que de seguir por este camino crítico, Milei no será reelegido.


El FMI exige que se cumplan las metas pero los niveles de reservas son insuficientes, con vencimientos importantes de deuda durante este año y el próximo. El gobierno espera ingresos vía exportaciones y algunas inversiones para tratar de cambiar esta tendencia, algo que todavía parece estar en agua de borrajas.

El peor momento del gobierno


Este malhumor por el bolsillo se potencia con el efecto Adorni y se evidencia en una pérdida de apoyo social Para Milei. El gobierno no logra salir de su laberinto y este efecto cascada amaga con derrumbar toda la arquitectura política que supieron construir. Los hechos de corrupción seriales son muy obvios y empujan a una pronunciada baja en todas las mediciones actuales y previsiones electorales a futuro.


El caso Adorni, cuyo prontuario público se agranda todos los días, desgasta por abajo y genera crisis por arriba, con sus aliados conservadores y al interior del riñón ultraderechista. El periodismo amigo y hasta funcionarios de primera línea reclaman su renuncia. Pero los hermanos Milei están sosteniéndolo como pueden. El propio Presidente, que retomó su discurso y exabruptos polarizantes, dijo que prefería perder las elecciones antes que echarlo.


Este proceso puso en crisis y derrumbó el otro eje central discursivo del gobierno: la supuesta lucha contra la casta. A los ojos de millones queda la imagen de Adorni como un político corrupto y el gobierno queda condicionado claramente al desenlace de este escándalo que día a día se sigue complicando. No se trata de un fusible del que puedan desprenderse. También, más allá de su permanencia o no en la Jefatura de Gabinete, se liquidó una figura electoral a la que apostaban para la Ciudad de Buenos Aires. Y, en tándem con el caso $LIBRA, los funcionarios que recibieron créditos millonarios del Banco Nación o que no declaran sus casas en Miami, aparece la imagen de un gobierno de privilegiados y chorros con las
mismas corruptelas que le criticaron a todos los anteriores.


Este tembladeral político, combinado con la crisis económica, deteriora profundamente al gobierno en su relación con amplios sectores de la población. Sin exagerar, podemos decir que hoy el gobierno está peor que nunca. Con índices de adhesión entre el 30 y el 40% en la mayoría de las encuestas. La fidelidad se está reduciendo a la franja con mayor afinidad. Desde ya que la polarización se mantiene y hay una franja cautiva. Pero es evidente que ya le dieron la espalda muchos que lo acompañaron para castigar a los otros, o en quienes Milei despertó expectativas de una mejora en el nivel de vida o la construcción de un modelo distinto. Eso es lo que coloca en perspectiva la posibilidad de su derrota, y lo que pone en emergencia a los de arriba, empujando a otros dirigentes burgueses a esbozar postulaciones, como el propio Macri. En la trastienda se empieza a explorar la posibilidad de armados políticos conservadores que, sin Milei en el poder, mantengan su estrategia de cambios estructurales. Aunque por el momento no lograron armar un proyecto de confluencia alternativo dinámico.

Crece la tensión social… ¿se viene el estallido?

Al calor de esta crisis crece la presión en la caldera social. La bronca y el malhumor que se expresan en las encuestas y se percibe por doquier, sobre todo entre los trabajadores, en los barrios y la juventud, se han comenzado a trasladar a las calles. Hoy con epicentro en diferentes provincias del interior, sin que todavía este aumento de la conflictividad se haya expresado con fuerza en el centro político del país, pero preanunciando una tormenta social. Se empieza a combinar la crisis económica que motoriza las luchas con la radicalización hacia la izquierda no solo del activismo sino de una franja de masas. Tenemos que considerar seriamente la posibilidad que este proceso avance sobre el AMBA —donde ya hay conflictos pero de menor magnitud—, pueda dar un salto y gire hacia una irrupción más masiva.


Hubo más de diez provincias con luchas docentes y de la salud. Incluso verdaderos provincialazos como en Santa Fe, Córdoba, Santa Cruz, Río Negro y ahora Chubut, antes en Catamarca. Peleas que desbordan a las burocracias, destacan
activismo o son encabezadas por sectores combativos. Que han jaqueado a los gobiernos provinciales y generado procesos de autoconvocatoria. Fueron contra los gobernadores y contra el ajuste nacional. Toda esta crisis social tiene relación directa con la crisis económica que avanza y el retraso salarial que se siente cada vez más. Y será seguramente un motor para nuevas acciones. El salario, los reclamos presupuestarios, las peleas por la fuente de trabajo son el combustible para esta lucha.


Hay varios conflictos de carácter nacional que pueden incentivar a ello. La cuarta Marcha Federal mostró a miles en todo el país, pese a las gestiones y la burocracia. Fue un canal más general contra Milei y demostró que cuando tocan puntos sensibles como la educación, la salud y las infancias (como sucedió con el Garrahan), la discapacidad y los jubilados, aumenta el desgaste del gobierno y se intensifican las condiciones para generalizar la conflictividad.


El desarrollo de otras luchas de carácter nacional como los bancarios y judiciales y la pelea creciente en sectores del transporte pueden ser síntomas que empujen también en ese sentido.


La CGT, que estuvo negociando derechos y por ello afronta un fuerte desprestigio y divisiones, ha tenido que salir de su cueva con algunas tímidas acciones ante semejante crisis. Deberían convocar a paro nacional y plan de lucha. Las CTA parecen estar más preocupadas por la interna pejotista que por salir a las calles en serio y superar algunas movilizaciones testimoniales. De todas formas, algunos de sus gremios, ante el crecimiento de la presión, han lanzado medidas nacionales, como ATE y CTERA.

Los movimientos sociales vienen reactivando sus acciones y confluyendo, luego de un período de avance de Milei en su
estrategia de barrerlos de las calles y liquidar los planes sociales. Haber logrado el cobro del programa Volver al Trabajo es un signo de la nueva coyuntura.


¿Vamos a un estallido? ¿Este ascenso se va a generalizar y va a dar un salto de calidad? Es una posibilidad cierta en esta dinámica de crisis y radicalización. Hay un cambio y ello puede suceder. Sin perder de vista que se va a tensar la polarización y que el gobierno está obligado a avanzar en aplicar las reformas logradas y avanzar en nuevas como la político electoral, recortando los espacios democráticos sobre todo para la izquierda. Estos son puntos estratégicos donde los de arriba coinciden y las direcciones tradicionales dejan correr por acción u omisión. Pero una cosa es querer y otra es poder. La lucha de clases dirimirá, y para ello nos preparamos desde el MST en el FIT Unidad.

Un peronismo en crisis y conservador y miles girando a la izquierda


Este cambio de escenario tiene un rasgo fundamental que abordamos en otra nota de esta edición: el inicio de un giro hacia la izquierda, que se corporiza en encuestas con un crecimiento de la figura de Bregman y el Frente de Izquierda Unidad y se percibe en las calles.


Este crecimiento del espacio para la izquierda no se explica solamente por la debacle del gobierno, sino esencialmente y
en particular por la crisis del peronismo, que si bien intenta reposicionarse, con Kicillof de gira nacional o con Pichetto intentando un rearme del rompecabezas, no logran despegar como una clara alternativa. Hay un salto en su crisis histórica y estructural. No solo se multiplican sus peleas fraccionales y falta ese liderazgo aglutinante de antaño. Hoy, en el imaginario colectivo, implica volver hacia un pasado de frustraciones.


Cristina ha perdido incidencia de conjunto, se reúne con Pichetto y su agrupación está en una fuerte pelea con Kicillof, que construye su propio movimiento, y sectores de la burocracia sindical alineados con este. Juan Grabois, que amagó un armado diferente, también llama a un frente con todos viejos personajes que ya fracasaron. Y todos levantan propuestas programáticas conservadoras, reivindicando el capitalismo supuestamente humanizado, una reforma laboral aggiornada y lejos, muy lejos, incluso de sus banderas históricas de justicia social, independencia económica y soberanía política.


El peronismo ya no enamora. Prima la decepción, el descreimiento y la ruptura de sectores que tenían expectativas en que iban avertebrar una propuesta de cambio real. Por ello, aunque ascienda algunos peldaños en los relevamientos de los encuestadores, no logra capitalizar el espacio opositor y hay una franja creciente que piensa y mira hacia la izquierda.

Desafíos para la izquierda y los luchadores


Esta crisis y perspectiva abre un período de grandes oportunidades para la izquierda y los luchadores. Y nuestro MST en el
Frente de Izquierda Unidad, se prepara para ello. A conciencia de que implica también una gran responsabilidad. Para impulsar la mayor unidad en la acción en apoyo a las luchas y disputar para que las mismas confluyan, preparando desde abajo y reclamando el paro general y un plan de lucha nacional con continuidad para derrotar a Milei y su plan.


Para fomentar el desarrollo del activismo combativo, las autoconvocatorias y las nuevas direcciones, peleando por un nuevo modelo sindical democrático y el desarrollo de la izquierda anticapitalista en los diferentes gremios, barrios y el movimiento
estudiantil.


Para levantar con fuerza el programa socialista del FIT Unidad, alternativo al plan de Milei y al conservadurismo peronista.
Para fortalecer al FIT Unidad en el camino de una fuerte alternativa de izquierda que se prepare para gobernar.

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