Récord de morosidad. El 40% de los jóvenes, en rojo

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El plan económico del gobierno de Milei sigue profundizando el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora. La asfixia financiera que sufren los hogares como producto de la inflación y el estancamiento salarial se refleja directamente en un alarmante incremento de la morosidad crediticia, que durante el mes de mayo volvió a tocar un nuevo y preocupante récord.

El recurso del endeudamiento, que en otros momentos funcionaba como una herramienta para adquirir bienes durables, hoy se ha transformado en un salvavidas desesperado para intentar cubrir necesidades básicas, al punto de que miles de familias se ven forzadas a utilizar las tarjetas de crédito o a solicitar préstamos personales simplemente para poder comprar alimentos. La destrucción del poder adquisitivo llegó a niveles tan extremos que el pago de las deudas contraídas se volvió materialmente imposible para una porción cada vez mayor de la población, arrastrando a los sectores populares hacia un espiral de asfixia financiera sin precedentes recientes.

Los números elaborados por la consultora 1816 a partir del procesamiento de los datos de la Central de Deudores del Banco Central exponen la gravedad de esta crisis. La irregularidad en los pagos de la cartera de créditos bancarios destinada a familias, es decir, aquellas deudas con un atraso de 90 días o más, registró su 19° suba mensual consecutiva, escalando del 12,1% en abril al 12,7% en mayo.

El panorama resulta aún más desolador cuando se analiza el comportamiento de las entidades no financieras, un segmento que concentra gran parte del crédito al consumo de los sectores populares a través de tarjetas emitidas por cadenas comerciales o aplicaciones financieras. En este ámbito específico, la tasa de impagos pegó un salto brutal y se ubicó en el 32,2%, una cifra verdaderamente escalofriante si se tiene en cuenta que apenas un año y medio atrás este indicador se encontraba por debajo del 10%. Esta dinámica de quebranto atraviesa a todo el sistema, dado que en 26 de las 30 entidades financieras más grandes enfocadas en préstamos a familias se verificó un aumento en los niveles de mora respecto al mes anterior.

El impacto de este ahogo económico recae con especial crudeza sobre las espaldas de la juventud precarizada, que enfrenta las peores condiciones del mercado laboral y los salarios más devaluados. Casi el 40% de los menores de 35 años que mantienen créditos vigentes, ya sea con entidades del sistema bancario tradicional o con prestamistas no financieros, posee actualmente al menos un préstamo en situación irregular. Este dato cristaliza el fracaso rotundo del modelo libertario para ofrecer un horizonte de progreso a las nuevas generaciones, que son arrojadas a la marginalidad financiera en el inicio de su vida activa.

El deterioro generalizado de la capacidad de pago provocó que más del 27% de las personas que habían tomado préstamos quedaran excluidas del sistema al dejar de ser consideradas sujetos de crédito por haber caído en mora, lo que anula cualquier posibilidad de que el consumo familiar actúe como un motor relevante para la reactivación económica en el corto y mediano plazo.

El gobierno de Milei transformó al crédito en una trampa de empobrecimiento, empujando a los trabajadores a endeudarse para sobrevivir y castigándolos luego con la exclusión por no poder sostener la mentira de una economía diseñada exclusivamente para beneficiar a los grandes capitales concentrados.

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