El Grupo Techint anunció 150 despidos en la planta Tenaris SIAT de Valentín Alsina, afectando a casi la mitad del personal contratado. La decisión llega en medio de una disputa empresarial por licitaciones vinculadas a la energía y desnuda una realidad: mientras el gobierno de Javier Milei promete una economía de mercado, la crisis industrial vuelve a caer sobre los trabajadores.
El ajuste tiene nombre y apellido
La crisis industrial volvió a golpear en el corazón del conurbano bonaerense. El Grupo Techint, uno de los conglomerados económicos más poderosos de Argentina, anunció el despido de 150 trabajadores de su planta Tenaris SIAT ubicada en Valentín Alsina, partido de Lanús. La medida representa un golpe profundo para una fábrica que supo ser estratégica en la producción nacional de tubos para infraestructura energética.
Los trabajadores afectados son principalmente contratados que desde hace años cumplen tareas permanentes dentro de la planta. Según denuncian desde el sector gremial, se trata de empleados que encadenaron contratos durante años y que ahora quedan afuera como variable de ajuste frente a la caída de la actividad.
La postal vuelve a repetirse: cuando las grandes empresas enfrentan problemas, el costo no lo pagan los empresarios ni los accionistas. Lo pagan quienes viven de un salario. Y esta vez el protagonista es Paolo Rocca, uno de los hombres más poderosos de la economía argentina.
Del empresario “nacional” al patrón que recorta
Durante décadas, Techint construyó una imagen de empresa vinculada al desarrollo industrial argentino. Su peso en sectores estratégicos como el acero, los tubos y la energía la convirtió en un actor central de distintos gobiernos y políticas públicas. Pero detrás de esa historia también aparece una constante: la relación privilegiada entre grandes grupos económicos y el Estado.
El grupo liderado por Rocca creció durante décadas con participación en obras públicas, contratos estratégicos y políticas de incentivo a la industria. Sin embargo, cuando el escenario cambia y aparecen dificultades competitivas, la respuesta empresarial vuelve a ser la misma: reducir costos laborales. La lógica es conocida: las ganancias se privatizan y las pérdidas se socializan.
Una pelea entre millonarios que pagan los trabajadores
El conflicto en SIAT no puede entenderse solamente como un problema interno de una empresa. Detrás aparece una disputa entre Techint y el gobierno de Javier Milei por licitaciones vinculadas al desarrollo energético.
La empresa quedó afuera de proyectos importantes frente a competidores internacionales, una situación que generó tensiones públicas entre Rocca y el presidente. Pero mientras los empresarios discuten posiciones dentro del mercado, quienes quedan atrapados son los trabajadores. La fábrica que llegó a tener más de 550 empleados durante momentos de alta producción vinculada a grandes obras hoy reduce su personal y achica su capacidad.
Milei y una libertad de mercado con ayuda para los de arriba
El gobierno libertario llegó prometiendo que el Estado debía retirarse de la economía y que el mercado resolvería todos los problemas. Sin embargo, cuando una empresa poderosa entra en crisis, la discusión cambia.
El caso Techint muestra una de las principales contradicciones del modelo de Milei: mientras se exige sacrificio a trabajadores, jubilados y sectores populares, los grandes grupos económicos continúan siendo actores centrales del esquema de poder.
La apertura económica, la flexibilización y la falta de políticas industriales no aparecen como una modernización neutral. En la práctica, pueden significar cierre de líneas productivas, pérdida de empleos y dependencia de proveedores extranjeros.
Los trabajadores de SIAT lo saben bien: una planta que produce bienes estratégicos no desaparece solamente por “ineficiencia”. También depende de decisiones políticas sobre qué industria se quiere defender.
El cierre de puestos de trabajo en SIAT plantea una discusión más profunda sobre el futuro del país. Una economía basada en exportar recursos y depender de inversiones externas necesita menos trabajadores industriales, no más. Y ese camino profundiza la dependencia.
La defensa del empleo no puede quedar reducida a negociaciones entre empresarios y funcionarios. La producción nacional, las fábricas y los conocimientos acumulados durante décadas son parte del patrimonio de la sociedad.
Mientras Rocca y Milei discuten quién controla el negocio de los tubos, hay 150 familias que reciben una noticia que cambia sus vidas. La verdadera pregunta no es si Techint pierde una licitación. La pregunta es quién paga cuando los grandes capitalistas pierden. Y una vez más, la respuesta parece ser la misma: los trabajadores.

