Periodismo, memoria y poder. La experiencia del diario El Independiente de La Rioja

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Cada 7 de junio se conmemora en Argentina el Día del Periodista, en recuerdo de la aparición de la Gazeta de Buenos Ayres, fundada por Mariano Moreno en 1810. Más que un simple medio de información, la Gazeta nació como una herramienta política destinada a difundir ideas, debatir proyectos de país y disputar el sentido común en medio de un proceso revolucionario.

En La Rioja, el desarrollo del periodismo gráfico fue lento y discontinuo. Durante casi nueve décadas surgieron pequeñas publicaciones que, atravesadas por distintas dificultades económicas y políticas, no lograron sostenerse en el tiempo. Esa situación comenzó a modificarse con la aparición de El Independiente en 1959, uno de los pocos periódicos provinciales que consiguió mantener una presencia sostenida a pesar de las crisis, la persecución y la censura.

Desde el fin de la última dictadura, la lucha de los organismos de derechos humanos, los trabajadores, el movimiento estudiantil y numerosos sectores populares conquistó importantes libertades democráticas. Sin embargo, esas libertades nunca fueron plenas ni iguales para todos. Mientras un puñado de grupos económicos concentra medios, recursos y capacidad para imponer su agenda, periodistas, comunicadores populares y medios cooperativos trabajan bajo condiciones de precarización, censura y persecución.

¿Cómo era ejercer el periodismo cuando la violencia estatal y paraestatal, los asesinatos, las detenciones y las desapariciones atravesaban la vida cotidiana? El testimonio de Luis “Lucho” Gómez, expreso político y militante por los derechos democráticos de la provincia, permite reconstruir una parte de esa historia.

Una provincia atravesada por la transformación social

Los primeros años de la década de 1970 estuvieron marcados por profundas transformaciones políticas, sociales y culturales. Uno de los acontecimientos más significativos fue la decisión de convertir al diario El Independiente en una cooperativa en 1971, luego de atravesar una grave crisis económica.

“Tomaron esa determinación tanto los directivos como los dueños”, recordó Lucho, quien destacó que la iniciativa también contó con el apoyo de colaboradores y profesionales vinculados al proyecto periodístico. La transformación no fue solamente económica u organizativa: alrededor del diario comenzó a reunirse un conjunto de trabajadores, intelectuales y militantes comprometidos con los procesos de cambio que atravesaban a la provincia, al país y al mundo.

Otro acontecimiento determinante fue la llegada de Enrique Angelelli a La Rioja en 1968. El obispo impulsó una concepción renovadora de la Iglesia, centrada en el acompañamiento de los sectores más vulnerables y de las luchas gremiales, campesinas, sociales y políticas. Según relató Lucho, Angelelli se vinculó tempranamente con el diario porque conocía su trayectoria y compartía varias de sus preocupaciones.

En aquellos años también existía una fuerte participación estudiantil. Uno de los centros de estudiantes secundarios era presidido por Alberto Ledo, quien posteriormente sería detenido y desaparecido en 1976.

El clima político de la época no se limitaba a los acontecimientos locales. Los procesos de descolonización, la Revolución cubana, la guerra de Vietnam y la lucha por la independencia de Argelia alimentaban un imaginario colectivo de transformación social. El Diario Independiente se convirtió en uno de los lugares donde esas discusiones podían circular y relacionarse con los conflictos de La Rioja.

Un espacio de producción cultural y política

La influencia del diario excedía ampliamente su labor informativa. Se convirtió en un importante espacio de producción cultural e intelectual, en el que participaron figuras como Daniel Moyano, Ricardo Mercado Luna, Argelio Rojo, Toto Guzmán y el profesor Aciar, entre otros referentes de fuerte incidencia en la vida social de la provincia.

Entre las iniciativas más innovadoras se encontraba la creación de un cineclub, una experiencia prácticamente inédita en La Rioja. El espacio permitía acceder a películas con contenido social y político que difícilmente llegaban a los circuitos comerciales de la provincia:“Ahí vimos Z, vimos La batalla de Argelia, vimos Sacco y Vanzetti”, recordó Lucho.

Las proyecciones convocaban a una gran cantidad de personas y se transformaban en espacios de encuentro, debate y reflexión colectiva. No se trataba solamente de proyectar películas, sino de generar herramientas de formación y conciencia social en una comunidad con pocas posibilidades de acceso a ese tipo de propuestas. En palabras de Lucho, se buscaba “crear condiciones políticas favorables a todo ese proceso de cambio que se estaba viviendo”.

El diario también impulsó publicaciones humorísticas con un fuerte contenido político y social. Una de ellas fue El Champi, definida por Lucho como una herramienta destinada a interpelar críticamente a la sociedad, comparable con revistas emblemáticas de la época como Tía Vicenta.

El Diario Independiente fue, además, una experiencia pionera en el campo de la economía social. Su transformación en cooperativa reforzó su carácter innovador dentro de la sociedad riojana y permitió que sus propios trabajadores asumieran la responsabilidad de sostener el proyecto periodístico.

La represión no comenzó el 24 de marzo

La violencia política no apareció repentinamente con el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Durante los años anteriores ya se habían desarrollado detenciones, persecuciones, asesinatos y formas de represión estatal y paraestatal.

Lucho se encontraba detenido junto con otros militantes políticos desde 1975. Su testimonio permite cuestionar la idea de una frontera absoluta entre una etapa democrática y otra dictatorial: el golpe profundizó, sistematizó y centralizó una maquinaria represiva que ya se encontraba en funcionamiento.

En la madrugada del 24 de marzo de 1976, Gendarmería tomó el control de la seguridad de la cárcel provincial, que posteriormente sería reconocida por la Justicia como un centro clandestino de detención. A medida que aumentaba la cantidad de presos políticos, las fuerzas represivas comenzaron a utilizar también otras dependencias, como el Regimiento de Infantería, la Base Aérea y las instalaciones de Gendarmería en Chilecito.

La intervención sobre los medios de comunicación fue inmediata. Según recordó Lucho, “el mismo día del golpe” se dispuso la intervención de todos los medios de difusión de la provincia. Al Diario Independiente le fue asignado un capitán encargado de controlar sus actividades.

Algunos de los primeros blancos de la represión fueron trabajadores y referentes vinculados con el periódico. Las detenciones alcanzaron particularmente a quienes desempeñaban un papel destacado en la vida cultural, política y social de La Rioja.

Tito Paoletti, director del diario, consiguió evitar la captura porque se encontraba en Buenos Aires. “Después pasa a la clandestinidad hasta que logra salir a Brasil y se va a España”, explicó Lucho. Desde el exilio continuó denunciando la situación política argentina.

También fueron detenidos trabajadores y colaboradores como Plutarco Schaller, Gigi Alfieri, Juan Rojo, Ricardo Mercado Luna, Mario Aciar, Daniel Moyano y Toto Guzmán. Cacho Paoletti, que no tenía militancia política, fue detenido como rehén con el objetivo de obligar a su hermano Tito a presentarse ante las autoridades militares. “Detienen a toda la gente más conocida que tenía un papel preponderante dentro de ese momento en el diario”, afirmó.

El objetivo no era solamente silenciar un medio de comunicación. La represión buscaba desarticular una red de personas, ideas, espacios culturales y experiencias organizativas que habían contribuido a desarrollar una conciencia crítica en la sociedad riojana.

El periodismo también puede preparar la persecución

No todos los medios asumieron el mismo papel. Durante aquellos años existió otro periódico, El Sol, que, según el testimonio de Lucho, mantenía vínculos con sectores del poder político y con organismos de inteligencia.

Su línea editorial era profundamente diferente a la del Diario Independiente. En varias oportunidades, el medio habría contribuido a instalar un clima de persecución mediante el señalamiento público de personas que posteriormente serían detenidas.

“Antes de que se detuviera a la gente aquí en La Rioja, el diario se adelantaba para señalarla públicamente a través de sus páginas. Gravísimo el papel en democracia, ¿no? Todas estas cosas hay que conocerlas, porque no se las dice: están vinculadas a aparatos políticos que aún existen”, sostuvo.

Este testimonio permite extraer una conclusión central: el periodismo no es democrático, progresista ni transformador por naturaleza. Puede investigar y desnudar los mecanismos del poder, pero también puede convertirse en una herramienta de estigmatización, persecución y legitimación de la violencia.

No alcanza, entonces, con hablar del “periodismo” en términos abstractos. Es necesario preguntarse qué intereses representa cada medio, quién lo financia, qué voces amplifica, cuáles silencia y al servicio de qué proyecto político pone su capacidad de comunicar.

Participación, formación y compromiso

Hacia el final de la entrevista, Lucho reflexionó sobre la importancia de la participación política y social para quienes ejercen profesiones vinculadas con la comunicación.

Según explicó, la dimensión política permite comprender la realidad, vincularse con los problemas concretos de la comunidad y conocer perspectivas que de otro modo quedarían invisibilizadas. La participación social cumple también un papel formativo: contribuye a construir conciencia, compromiso y responsabilidad frente a los desafíos de cada época.

Su generación, a pesar de las carencias materiales y las limitaciones estructurales, estuvo atravesada por un profundo entusiasmo por el conocimiento. Desde esa experiencia, Lucho reivindicó la formación y la participación activa como herramientas indispensables para interpretar la realidad y transformarla colectivamente.

Rodolfo Walsh y el periodismo contra el poder

Entre los principales referentes del periodismo argentino se encuentra Rodolfo Walsh, escritor, militante y periodista secuestrado y desaparecido el 25 de marzo de 1977.

La trayectoria de Walsh estuvo marcada por la investigación de los crímenes del poder. Desde Operación Masacre, publicada originalmente en 1957 y dedicada a investigar los fusilamientos clandestinos de José León Suárez, hasta la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, difundida el 24 de marzo de 1977, su trabajo combinó rigor periodístico, denuncia política y compromiso con las luchas de su tiempo.

Para profundizar en la vigencia de su legado conversamos con el escritor y periodista Hernán Vaca Narvaja, quien durante años ha estudiado y difundido su obra.

“Walsh descubre y tiene la capacidad de generar medios alternativos, porque tiene la capacidad de desnudar la esencia del poder. Y en estos tiempos, donde el poder está tan concentrado, donde el presidente dice que no odiamos suficientemente a los periodistas, construir ese contradiscurso o ese discurso contrahegemónico es una tarea pendiente”, afirmó.

Su reflexión adquiere una actualidad particular en un contexto marcado por los ataques públicos contra periodistas, la precarización laboral, la represión contra fotógrafos y camarógrafos, la persecución ideológica y una creciente concentración de la propiedad de los medios.

Recordar a Walsh no significa convertirlo en una figura inofensiva del pasado. Implica recuperar una forma concreta de entender el periodismo: investigar lo que el poder busca esconder, construir herramientas de comunicación alternativas y relacionar la producción de información con los procesos de organización y transformación social.

Como señaló Hernán, uno de los desafíos actuales consiste en continuar esa lucha para que el periodismo sea una profesión digna, ejercida con rigor, profesionalismo y condiciones laborales adecuadas.

Defender las libertades sin idealizar esta democracia

Los testimonios recuperados muestran que el periodismo constituye un terreno de disputa. Puede convertirse en una herramienta para investigar al poder, difundir ideas transformadoras, fortalecer la cultura y contribuir a la organización popular. Pero también puede ponerse al servicio de los sectores dominantes, preparar el terreno para la persecución y legitimar la violencia estatal. La experiencia del Diario Independiente y el papel atribuido a El Sol expresan con claridad esos caminos contrapuestos.

Por eso, defender las libertades democráticas frente a cualquier avance autoritario es una tarea indispensable. Pero esa defensa no debe confundirse con la idealización de la democracia existente.

No existe una democracia plenamente real cuando la comunicación está concentrada en pocas manos, cuando grandes empresas pueden imponer su agenda y cuando miles de trabajadores de prensa deben elegir entre callarse o perder su trabajo. Tampoco puede hablarse de igualdad democrática mientras el Estado reprime la protesta social, persigue a quienes lo cuestionan o utiliza la pauta oficial para premiar obediencias y castigar voces críticas.

Las libertades que existen no fueron regalos de los gobiernos ni de las instituciones. Fueron conquistadas mediante décadas de lucha de los organismos de derechos humanos, los trabajadores, los estudiantes, los familiares de las víctimas de la dictadura y amplios sectores populares. Defenderlas es indispensable, precisamente porque fueron conquistas arrancadas al poder y porque continúan bajo amenaza.

Recuperar el legado de Walsh, del Diario Independiente y de quienes enfrentaron la censura no significa reclamar abstractamente una “democracia sana”. Significa pelear por condiciones concretas para que la sociedad pueda informarse, debatir y organizarse: medios independientes de los grandes grupos económicos, trabajo de prensa digno, acceso popular a la comunicación y libertad efectiva para investigar y enfrentar al poder.

El desafío no es solamente defender el periodismo tal como existe. Es transformarlo para que la palabra deje de ser un privilegio de quienes concentran la riqueza y se convierta en una herramienta de quienes luchan por cambiar la realidad.

Entrevistaron Lourdes Castro y Franci Narvaez

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