El director británico Christopher Nolan lanzó hace unas semanas La odisea, una película de nivel técnico superlativo, con un elenco de superestrellas encabezado por Matt Damon, Anne Hathaway y Tom Holland, entre otras. Una continuidad de los temas centrales de interés del director y algunas polémicas.
La historia es conocida: relata el largo regreso de Odiseo a Ítaca luego de la guerra de Troya. Las diferencias con el poema homérico son varias, pero, siendo Nolan un director que ha creado su propia voz a lo largo de los años, se entiende que estas diferencias reflejan los intereses del director y su deseo de usar la película como mensaje.
Oppenheimer, Interstellar y La Odisea: películas que dialogan en las ideas del director
El regreso a casa para estar con los seres queridos y el remordimiento de un guerrero que, a través de romper con los dioses, llevó adelante un genocidio. Estos dos conceptos están individualmente en Oppenheimer y en Interstellar; La Odisea los reúne, unifica y potencia. La idea del fin de la civilización producto de la barbarie de la guerra es un mensaje claro y contundente de la obra.
El director al que Žižek alguna vez reflejó como un crítico claro del Occupy Wall Street con su Batman: el caballero de la noche asciende, hoy se muestra como la voz de la razón para una burguesía y gobiernos de ultraderecha que llevan a la humanidad hacia cada vez más guerras regionales y una posible tercera guerra mundial.

La guerra no es un hecho de avance, sino de destrucción; la bomba atómica, como el caballo de Troya, no son victorias, sino derrotas del alma humana. Mientras nuestra mira esté en cómo mejoramos la guerra, no habrá avance para la humanidad, parece decirnos el director.
Sin embargo, una situación pareciera poner en debate el valor de este director como brújula moral. Una parte de la película fue filmada en el Sahara Occidental, territorio ocupado por Marruecos, y el director no mencionó nada de esta situación, aunque haya sido reclamado por el pueblo saharaui. Es más, Nolan no ha tenido ninguna mención al genocidio en Palestina. Pareciera que la opresión de los pueblos está bien siempre y cuando no sean pueblos europeos.
La técnica al servicio de la creación artística.
La película tuvo una fuerte campaña de difusión en base a dos aspectos centrales de la forma de crear de este director:
La primera es la decisión del director de realizar todas sus películas en fílmico; en este caso, se llevó un paso más allá al crear la primera película filmada completamente en rollo de IMAX, para lo cual se crearon una serie de herramientas técnicas inexistentes hasta este largometraje, como una carcasa para amortiguar el ruido de la cámara, una cámara creada exclusivamente para esta película y la distribución en fílmico a las 41 salas que existen en todo el mundo para este formato tan específico.
La segunda es la utilización de CGI, o efectos visuales digitales, en la menor medida posible, lo cual lleva a recuperar o crear efectos especiales prácticos no muy comunes en el cine de la actualidad y al uso de un gran número de dobles en escenas como la guerra de Troya. Momentos como los muertos saliendo de debajo de la tierra en el inframundo o la transformación de la tripulación en cerdos, entre otros, muestran la gran mano que tiene el equipo técnico conformado por Nolan a lo largo de los años.
Un elenco de estrellas que no brillan
La película se plantea (por la capacidad técnica creativa del director, por su elenco y por su historia) como una obra épica. Sin embargo, las actuaciones quedan flojas, salvo Robert Pattinson y Matt Damon, que logran hacernos olvidar quiénes son y entablar conexión con el personaje. El resto de los actores pareciera estar interpretándose a sí mismo o no logrando transferir una carga nueva a personajes que parecen haber sido seleccionados porque ya los hicieron. Un ejemplo claro es el de Tom Holland como el hijo bueno y responsable de Odiseo y Penélope.
El rol de la mujer y la desaparición de la sexualidad.
En La odisea los personajes femeninos no juegan ningún rol destacado; salvo quizás la hechicera Circe, el resto de los personajes están destinados a esperar, ya que su rol o importancia está en cómo afectan al personaje masculino en cuestión.
Hasta Calipso, el personaje de Charlize Theron, una ninfa, es despojado de su poder a través de la sexualidad y convertido en una mujer enamorada del hombre equivocado que tarda 7 años en aceptar que el destino de Odiseo no es con ella.
Penélope es una mujer en espera, una reina que no toma definiciones más que el confiar en su rey.
La cultura como mercancía.
En un blockbuster toda la producción está pensada en cómo recuperar lo invertido y sacarle el mayor rédito posible, aunque esta en particular nos invita a una serie de debates interesantes.
La odisea, al ser filmada en IMAX fílmico, sólo puede ser vista en 41 salas (casi todas en Europa y Estados Unidos) de la manera en que fue creada. Este hecho, más allá de los memes que generó, nos impone un debate sobre el cine como espectáculo masivo o como obra de élite.
En una época donde cae la venta de entradas a los cines en todo el mundo (y de manera más fuerte en la Argentina), pareciera que la decisión profundiza cada vez más el lucro y la venta de exclusividad por sobre el disfrute colectivo.
El último mundial de fútbol nos mostró hacia dónde quieren llevar todo: entradas solo para una élite mientras el resto tenemos que verlo por televisión.


