El gobierno necesita mostrar algo de musculatura política. Esto se volvió una urgencia después de las recientes apariciones del presidente, quien con sus discursos no hizo más que profundizar las tensiones y falsear descaradamente la realidad de las familias trabajadoras. Milei llegó al punto de negar la alarmante situación de morosidad que ahoga a millones, queriendo instalar la mentira de que la gente no tiene problemas para llegar a fin de mes. Y todo esto no es gratis.
Desde el duro golpe que significó la derrota legislativa y la presión en las calles del pasado 6 de agosto, el gobierno viene construyendo un operativo para proyectar gobernabilidad frente a sectores políticos y económicos que empiezan a mirar con desconfianza. En ese contexto de debilidad, la Casa Rosada tuvo que reorganizarse y blanquear su necesidad de atarse a sus socios políticos. Tras aquella ya famosa llamada para limar asperezas entre Karina Milei y Mauricio Macri, este jueves se llevó a cabo la segunda cumbre oficial entre La Libertad Avanza y el PRO.
Durante la semana, el oficialismo logró anotarse una serie de victorias legislativas centrales para su agenda económica, y en todas ellas la huella del partido amarillo fue determinante. En Diputados, el bloque del PRO votó en tándem para darle la media sanción al régimen de Inocencia Fiscal II y a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. En el Senado, la jugada se repitió para aprobar un paquete de 67 pliegos de jueces (esta vez, también con la ayuda del peronismo). El oficialismo busca respirar y consolidar este dispositivo de alianzas para dejar atrás la imagen de fragilidad.
“Blindar el cambio“
La cita fue en Balcarce 50, pasadas las cinco de la tarde. En representación de Mauricio Macri, cruzaron la explanada el jefe del bloque de diputados del PRO, Cristian Ritondo, y el secretario general del partido, Fernando de Andreis. Adentro, en el despacho de la Jefatura de Gabinete, los esperaban los armadores del esquema libertario: el propio Diego Santilli, el titular de la Cámara Baja, Martín Menem, y el subsecretario de Relaciones Institucionales, Eduardo “Lule” Menem.
Los delegados del PRO llegaron con una instrucción precisa del expresidente: hacer todos los esfuerzos necesarios para “blindar el cambio” y evitar que el descontento social termine abriéndole la puerta de nuevo a quienes gobernaron hasta hace muy poco, o incluso que se agiganten otras alternativas, como viene sucediendo con el crecimiento de la simpatía hacia el Frente de Izquierda.
Pero detrás de esa consigna se esconde el cálculo político del PRO. En el partido fundado por Macri leen el mapa del poder actual: el gobierno de Milei tiene la lapicera, pero carece de estructura territorial y de cuadros técnicos para gestionar el Estado. La estrategia de los amarillos es llenar los espacios vacíos adonde el oficialismo no llega. En el macrismo saben perfectamente que están perdiendo fuerza electoral, con una imagen e intención de voto en complicadas. Las encuestas los exponen cada vez más, ubicando muchas veces a su formación como cuarta fuerza, quedando por detrás del Frente de Izquierda, del peronismo y del oficialismo. Para el PRO, el aliarse con el oficialismo es una de las tácticas que vienen analizando para garantizar la supervivencia del modelo económico y, de paso, no quedar licuados electoralmente en 2027.
Entre mapa electoral y el optimismo de Santilli
Durante las casi dos horas de reunión, los dirigentes desplegaron el mapa electoral, pero con reglas de juego muy claras. Según dejaron trascender a la salida, se hizo un punteo sobre 17 distritos en los que se buscará confluir en una alianza.
La astucia de la mesa fue esquivar los terrenos minados. No se habló de candidaturas ni se tocó la situación de los distritos que el PRO ya gobierna. Al dejar afuera de la discusión a la Ciudad y a la Provincia de Buenos Aires, evitaron roces en un momento donde las ambiciones personales (como las de Jorge Macri en CABA, que rechaza la intermediación de su primo Mauricio) amenazan con meter ruido en la negociación.
Para endulzar el encuentro, Diego Santilli se encargó de oficiar como el portador de las buenas noticias económicas. El jefe de Gabinete desgranó datos para calmar la ansiedad de sus socios: repasó la mejora en 13 de los 15 indicadores del EMAE, proyectó un escenario de inflación a la baja y sacó pecho por el reciente relanzamiento de los créditos hipotecarios anunciado por Luis Caputo.
El debate que viene: la pulseada por las PASO
A pesar del clima de camaradería y los favores cruzados, hay un tema espinoso que pondrá a prueba la solidez de esta alianza dentro del abanico de la derecha. La senadora Patricia Bullrich ya avisó que en dos semanas el gobierno enviará al Congreso su proyecto de reforma política, cuyo eje principal es la eliminación definitiva de las PASO. Con esta reforma, el oficialismo busca allanarse el camino para que una eventual reelección de Milei enfrente los menores inconvenientes posibles. Por supuesto, esta crítica no implica ninguna defensa a las PASO, pero es necesario señalar que el gobierno está dispuesto a cambiar las reglas de juego solo a su conveniencia, sin una verdadera discusión democrática donde participen todas las representaciones partidarias del país.
Acá el PRO pisa el freno. Aunque coquetean con la idea de que las primarias son un gasto enorme que molesta a la sociedad, la dirigencia amarilla sabe perfectamente que tanto Mauricio Macri como Javier Milei son hijos directos de ese sistema electoral. Eliminar las PASO dejaría al PRO totalmente regalado y teniendo que mendigar lugares a La Libertad Avanza a la hora de armar las listas.
Por eso, Ritondo evitó entregar un cheque en blanco. Aclaró que su bloque no tiene una postura definitiva y que esperarán a ver cómo se mueve el proyecto en el Senado antes de fijar posición en Diputados, donde los 12 votos que maneja el PRO valen oro para el oficialismo.
La alianza avanza empujada por la necesidad mutua. El gobierno de Milei necesita de la maquinaria legislativa y territorial del macrismo para mostrar una gobernabilidad que por momentos tambalea; el PRO, por su parte, necesita mimetizarse con el oficialismo para no desaparecer del mapa político. Resta ver si este matrimonio por conveniencia logra sostenerse cuando llegue la hora de repartir los lugares en las boletas.

