Despidos masivos, estaciones meteorológicas sin personal durante la noche, debilitamiento del sistema de alertas tempranas y amenaza de nuevos recortes. En diálogo con Ana Saralegui y Natalia, trabajadoras y delegadas del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), explicaron cómo el ajuste del gobierno de Javier Milei está afectando uno de los organismos científicos y técnicos más importantes del país.
“Lo que están desguazando es la capacidad de prevenir catástrofes”
—Para empezar, nos gustaría conocer un poco de tu historia en el Servicio Meteorológico Nacional. ¿Hace cuánto trabajás ahí y qué conflictos atravesaron?
Ana Saralegui: entré al Servicio Meteorológico en 1991, hace ya 35 años. Empecé en Estadística Climática, cuando todavía se trabajaba mucho más manualmente, con papel. Después pasé al área de información meteorológica, haciendo peritajes para empresas de seguros y causas judiciales, y también trabajé en pronósticos especiales.
Como delegada estoy desde 2006 o 2007. En todos estos años atravesamos varios conflictos importantes. Uno fue el pase de personal civil de Fuerza Aérea a personal civil del Estado Nacional, porque el servicio dependía de la Fuerza Aérea. Ahí hubo una pelea muy larga por nuestra carrera y nuestros salarios. Después vino la pelea por el pase a planta de contratados y ahora estamos enfrentando algo gravísimo: primero fueron 48 despidos en 2024 y ahora ya estamos hablando de más de 140 trabajadores despedidos.

—¿Por qué el Servicio Meteorológico depende del Ministerio de Defensa?
—Ana: Históricamente el Servicio Meteorológico dependió de la Fuerza Aérea desde la dictadura de Onganía, el Servicio Geográfico quedó para el Ejército y el Hidrográfico para la Marina.
En el 2007 pasamos a Defensa, una conducción civil. En realidad podríamos depender de otras áreas: Ambiente, Agricultura o incluso Economía, como sucede en otros países. Lo importante era haber salido de la órbita militar.
Pero ahora volvemos a tener militares ocupando lugares importantes. El ministro de Defensa es militar y también el director, Mauad. Lo vemos como un retroceso total. Y lo peor es que ni siquiera son meteorólogos.
No podés defender un organismo científico y técnico si no entendés cómo funciona y eso se nota muchísimo.
Natalia agrega: Es una lógica que se repite en todo el gobierno de Milei: ponen personas afines políticamente, aunque no tengan preparación técnica. Es un desprecio hacia los organismos públicos y hacia el conocimiento científico.

—¿Cómo impacta el vaciamiento del SMN en la vida cotidiana de la población?
Natalia: muchas veces la gente piensa solamente en el pronóstico que ve en la televisión: si llueve o no llueve. Pero detrás de eso hay muchísimo trabajo y muchísima información estratégica.
El Servicio Meteorológico produce datos fundamentales para alertas tempranas, inundaciones, incendios, aviación, navegación, agricultura, manejo del agua, protección civil. Todo eso depende de observaciones meteorológicas constantes.
El observador meteorológico toma datos como temperatura, presión, humedad, viento, precipitaciones, visibilidad y distintos parámetros más específicos según el tipo de estación. Esos datos se suben a un sistema mundial coordinado por la Organización Meteorológica Mundial. Todos los países medimos al mismo tiempo y esos datos alimentan los modelos meteorológicos que permiten hacer pronósticos y alertas.
Sin esos datos no hay pronóstico confiable.
—Ustedes hablan de un “apagón nocturno”. ¿Qué significa concretamente?
Ana Saralegui: que muchas estaciones meteorológicas dejaron de observar de noche por falta de personal. Y eso es gravísimo. La mayoría de las tormentas fuertes ocurren justamente durante la noche.
Nos están sacando nuestra materia prima. Nosotros trabajamos con datos meteorológicos. Sin datos no somos nada.
Lo peligroso no es solamente equivocarse en un pronóstico común. Lo peligroso es no detectar a tiempo fenómenos extremos y no poder avisarle a Defensa Civil o a los municipios para que tomen medidas preventivas.
Ahí es donde se pone en riesgo a la población.
—¿Qué implican concretamente los más de 140 despidos?
Ana: la mayoría de los despedidos eran observadores meteorológicos. Casi todas las estaciones tuvieron que cambiar su plan de trabajo.
Y además el gobierno pretende que el resto haga el trabajo de quienes echaron. Eso es imposible.
Además echaron trabajadores del Centro de Información Meteorológica, donde damos datos al público, investigadores, organismos y usuarios especializados. Todo eso también se está deteriorando.
Cuantos menos datos tenés, menos preciso es el pronóstico. Y eso afecta desde las alertas por tormentas hasta las decisiones productivas del sector agropecuario. Por ejemplo, los pronósticos climáticos a tres meses sirven para planificar cultivos, prever heladas o administrar el agua de riego. Un mal pronóstico puede generar pérdidas económicas enormes.
—El gobierno habla de “modernización” y automatización. ¿Las máquinas pueden reemplazar este trabajo?
Ana: La propia Organización Meteorológica Mundial dice que las estaciones automáticas no pueden reemplazar completamente al observador humano. Siempre se necesita supervisión humana porque hay variables que una máquina no puede interpretar, como ciertos tipos de nubosidad, y además porque los sensores pueden fallar.
Una tela de araña, una hoja o suciedad pueden alterar mediciones. Por eso hace falta control humano permanente.
Además, para hacer una automatización seria, primero tienen que convivir durante años las estaciones convencionales y las automáticas para validar los datos. Eso no se está haciendo.
Ana agrega un dato contundente:
—Había un proyecto financiado por el Banco Mundial para comprar estaciones automáticas y modernizar el sistema. El gobierno de Milei lo frenó. O sea: destruyen trabajadores, frenan inversiones y después dicen que “modernizan”. Es una mentira.
Por eso decimos que no están modernizando: están vaciando.
Y es absurdo porque el Servicio Meteorológico siempre estuvo a la vanguardia tecnológica. La primera computadora del país estuvo en el SMN. Tenemos además el datacenter meteorológico más grande de Sudamérica.
El problema no es la tecnología. El problema es el vaciamiento.
—¿Sobran trabajadores en el SMN como dice el gobierno?
Ana: No. Falta personal. Necesitaríamos más del doble de estaciones meteorológicas de las que existen hoy.
Cada estación necesita al menos siete personas para cubrir turnos, vacaciones, licencias y campañas en la Antártida. En la Antártida sostenemos el observatorio de Orcadas desde 1904, la presencia más antigua e ininterrumpida, y hoy ese pilar de soberanía está amenazado por el recorte de personal.
En 2017 ya calculábamos que el organismo necesitaba alrededor de 1200 trabajadores más.
Para que se entienda: Alemania, que es muchísimo más chica que Argentina, tiene más de 3000 empleados en su servicio meteorológico.
Ana remarca además que el SMN fue históricamente pionero en tecnología meteorológica:
—La primera computadora del país estuvo en el Servicio Meteorológico Nacional. Hoy tenemos uno de los datacenters meteorológicos más importantes de Sudamérica. Nunca estuvimos en contra de la tecnología. Lo que rechazamos es el vaciamiento.
—¿Cómo sigue la pelea de ustedes?
Ana Saralegui:
Estamos impulsando una audiencia pública en el Congreso y articulando con otros organismos científicos y técnicos como el INTA, INTI y CNEA
También hay presentaciones judiciales vinculadas al sistema de observación meteorológica y a los cambios impulsados por el gobierno.
Nos preocupa este vaciamiento sistemático porque coincide con ataques a otras leyes ambientales, como la de Glaciares: sin estaciones ni científicos que monitoreen el clima en la cordillera, le dejan el camino libre al extractivismo sin control.
Nos preocupa muchísimo porque sabemos que esto no termina acá. Ya se habla de más despidos para fin de año.
Pero también sabemos que el Servicio Meteorológico es estratégico y que hay mucha conciencia creciendo sobre la importancia de defenderlo.
Detrás de cada pronóstico del tiempo hay una enorme infraestructura científica, técnica y humana que sostiene desde alertas por inundaciones hasta vuelos, cosechas y prevención de incendios. Lo que denuncian las trabajadoras del Servicio Meteorológico no es solamente un conflicto laboral: es el deterioro de una herramienta fundamental para proteger vidas y planificar el funcionamiento del país. Como resume Ana Saralegui durante la entrevista: “No están modernizando. Nos están vaciando”.
Entrevista a Ana Saralegui delegada del SMN.
Entrevistaron: Patricio Medina y Jessica Gentile
Red Ecosocialista AMBA

