Nordelta. Audiencia pública y una pregunta urgente: ¿Quién decide sobre Tigre?

El próximo 21 de agosto, en Benavidez, Municipio de Tigre, se realizará la audiencia pública por el Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo de Nordelta. Será de 13 a 18 horas, en el Teatro Municipal Pepe Soriano. Hasta ese mismo día a las 18 horas se pueden presentar observaciones a través del portal oficial.

La audiencia debería ser una instancia importante. Después de casi tres décadas de expansión de Nordelta, finalmente se abre un espacio para discutir públicamente qué impacto tuvo la transformación de este territorio y qué puede ocurrir de ahora en adelante.

Aunque detrás de esto, hay algunas sorpresas y trampas del Municipio de Tigre y de Nordelta. El Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo fue presentado por el propio Nordelta S.A, la empresa desarrolladora del country.

El humedal no termina en la garita

Nordelta no está construído sobre un territorio aislado. Forma parte de un sistema de humedales, cursos de agua, arroyos y áreas inundables que atraviesan todo Tigre. Por eso resulta insuficiente pensar el impacto ambiental mirando solamente el perímetro del “barrio cerrado”.

El problema no es qué pasa puertas adentro de Nordelta. Es qué sucede con el agua cuando se rellenan terrenos, se construyen lagunas artificiales, se alteran cursos de agua y se entuban arroyos. El agua sigue circulando, y cuando llueve, tampoco pregunta si una familia vive dentro de un barrio privado o en un barrio popular.

Ahí está, precisamente, uno de los principales cuestionamientos que debería llevarse a la Audiencia del 21 de agosto: un estudio acumulativo tiene que contemplar las consecuencias acumuladas sobre el territorio y sobre las poblaciones que viven en él, no solamente sobre la urbanización que presenta el estudio.

No estamos hablando de muchos humedales desconectados entre sí que puedan analizarse como pequeños pedazos independientes. Estamos hablando de un sistema ambiental interconectado que fue profundamente modificado por décadas de cementación tu y destrozos ambientales. Si se modifica una parte, las consecuencias no necesariamente quedan encerradas dentro de esa parte.

¿Quién hizo el estudio?

Esta pregunta tampoco puede quedar afuera. Y merece una discusión pública. No porque la participación de especialistas contratados por la misma empresa implique automáticamente que sus conclusiones sean falsas (supongamos). Sino porque estamos hablando de un estudio que tiene que evaluar los impactos ambientales producidos por la propia empresa. No hay que ser muy avispado para darse cuenta que quién destruye el ambiente no puede auto evaluarse sobre los impactos de su propia destrucción, menos aún cuando buscan seguir depredando el territorio con sus negociados.

Entonces hay que saber, entre otras cosas, quién lo elaboró, quién lo financió, quién definió la metodología, qué instituciones participaron y cuál fue exactamente el rol de cada investigador. Porque en la documentación aparecen referencias a especialistas vinculados al CONICET.

Y ahí también hay que ser rigurosos. Una cosa es que investigadores del CONICET participen de un trabajo. Otra es decir que el CONICET elaboró el estudio.

Por eso queremos saber exactamente quién hizo qué. ¿Quién puso los equipos técnicos?¿Quién contrató los estudios? ¿Quién estableció las condiciones? ¿Quién realizó cada relevamiento? ¿Quién responde por las conclusiones?

El súper niño y sus consecuencias

El Servicio Meteorológico Nacional informó en julio que las condiciones del ENOS son compatibles con una fase cálida de El Niño y que los modelos dan una probabilidad cercana al 100% de que esa fase continúe durante agosto y septiembre de 2026.

La Organización Meteorológica Mundial fue todavía más contundente: en su actualización del 31 de julio señaló que El Niño se está intensificando y que tendrá una influencia importante sobre los patrones climáticos mundiales durante el período agosto-octubre, con cambios sustanciales en los patrones de precipitación en distintas regiones.

La falta de obras en todo el conurbano bonaerense, donde cada diluvio se transforma en la pesadilla de miles de familias trabajadoras que quedan bajo agua debería encender una alarma con estos pronósticos. En Tigre esta situación es aún peor, porque estamos hablando de un territorio donde los humedales fueron rellenados, donde los cursos de agua fueron modificados y donde existen barrios enteros con problemas históricos de inundaciones e infraestructura.

Si los organismos meteorológicos están advirtiendo sobre un fenómeno de esta magnitud, el Municipio tiene que prepararse antes de que llegue el problema. ¿Qué plan tiene Tigre para las inundaciones que vienen?¿Qué obras se están realizando para mejorar el drenaje?

La misma lluvia no produce las mismas consecuencias para todos. Nordelta y las decenas de barrios privados no se inundan, sin embargo todos los barrios populares lindantes se transforman en piletones donde va a parar toda el agua. Incluso las bombas de desagote de los barrios privados contribuyen a la inundación de los barrios.

Barrios privados, suelo transformado

Nordelta es probablemente el nombre más conocido de este proceso, pero no es un caso aislado. Desde hace décadas se viene llevando adelante una expansión de las urbanizaciones cerradas sobre áreas inundables de Tigre. Estos mega emprendimientos inmobiliarios fueron avanzando sobre territorios inundables y sus creadores, junto con los políticos de turno fueron promovidos por discursos que presentaban la transformación como una forma de “desarrollo” e incluso de “recuperación ambiental”.

Se vende una imagen de naturaleza, tranquilidad y contacto con el agua, pero para construir ese paisaje fue necesario modificar profundamente el territorio original. Su desarrollo implicó rellenos, cambios en la topografía, construcción de lagunas artificiales y una enorme infraestructura hidráulica destinada a transformar un territorio de humedales en una urbanización privada.

No se trata solamente de una discusión estética. Cuando se modifica un humedal, también se modifican sus funciones. El agua que antes encontraba determinados caminos y espacios de acumulación deja de comportarse de la misma manera. El territorio cambia y, con él, cambia también la relación entre las lluvias, las crecidas y las zonas habitadas.

El propio Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo presentado por Nordelta S.A. reconoce que las transformaciones producidas a lo largo del desarrollo generaron una profunda reconfiguración territorial.

Y hay un dato particularmente significativo. El Índice de Emulación Ecosistémica utilizado en ese estudio arroja un valor de 0,24, considerado bajo. Dicho de manera sencilla: que haya lagunas, árboles, espacios verdes o vegetación no significa que el ecosistema actual cumpla las mismas funciones que cumplía el humedal original.

¿Quién paga los costos del negocio?

Los humedales no son terrenos vacíos esperando que alguien decida qué construir encima. Cumplen funciones fundamentales: regulan el agua, almacenan excedentes hídricos, sostienen biodiversidad y forman parte de sistemas ambientales mucho más complejos que no pueden reemplazarse simplemente construyendo una laguna.

Y ahí aparece una pregunta que debería estar en el centro de cualquier discusión sobre urbanización: ¿quién obtiene el beneficio de transformar el territorio y quién termina pagando los costos?

Las investigaciones realizadas sobre Tigre vienen señalando desde hace años que los impactos ambientales de las urbanizaciones cerradas pueden trasladarse hacia las poblaciones que viven alrededor de ellas. Como sucede con el barrio Las Tunas, solo por dar un ejemplo.

La desigualdad territorial no es una cuestión abstracta. En Tigre conviven enormes emprendimientos privados con barrios populares y sectores trabajadores que muchas veces tienen enormes dificultades para acceder a servicios básicos, infraestructura y vivienda.

Un tercio del Tigre continental para urbanizaciones cerradas

Los números permiten tener una dimensión más concreta de lo que estamos hablando. El Partido de Tigre tiene 446.949 habitantes, según el Censo 2022. Pero la realidad territorial cambia bastante si dejamos de lado la enorme superficie insular del Delta y miramos solamente el sector continental.

Sobre aproximadamente 147 km² de superficie continental, las urbanizaciones cerradas ocupan alrededor de 47,6 km², según la cartografía de urbanizaciones cerradas de Pablo De Grande utilizada por la Fundación Tejido Urbano.

En otras palabras: alrededor de un tercio del territorio continental de Tigre está ocupado por barrios cerrados y urbanizaciones privadas. Es una cifra enorme.

Y hay otra cuestión que resulta todavía más llamativa. La población que vive dentro de esas urbanizaciones representa una proporción mucho menor del total. Como el Censo no identifica de manera directa a todos los habitantes de barrios cerrados, no existe un número oficial exacto. Una estimación razonable puede ubicar esa población entre 50.000 y 70.000 personas.

Tomando un escenario intermedio de 60.000 habitantes, estamos hablando de alrededor del 14% de la población continental. Un tercio del territorio para una proporción de la población que ronda una séptima parte. Los números, por sí solos, ya dicen bastante sobre cómo se distribuye el territorio.

Soberanía también es decidir qué hacemos con nuestra tierra

Hay una conclusión que, para nosotros, conecta directamente el debate nacional sobre la extranjerización de la tierra con lo que ocurre en Tigre. La soberanía no puede reducirse a discutir la nacionalidad del propietario.

Una tierra puede estar formalmente en manos argentinas y, al mismo tiempo, estar sometida a una lógica en la que todo se decide en función de la rentabilidad. Soberanía también significa poder decidir colectivamente qué hacemos con nuestro territorio.

¿Queremos seguir rellenando humedales para construir urbanizaciones privadas? ¿Queremos que enormes extensiones de suelo urbano sean destinadas a barrios cerrados mientras miles de familias tienen dificultades para acceder a una vivienda? ¿Queremos que los grandes desarrolladores se queden con las ganancias extraordinarias que genera la valorización del suelo mientras las obras de infraestructura necesarias quedan para el Estado? ¿O queremos discutir una planificación urbana que ponga en primer lugar las necesidades de quienes viven y trabajan en Tigre?

Desde la Red Ecosocialista y MST en el Frente de Izquierda Unidad entendemos que no alcanza con administrar las consecuencias de este modelo. Hay que discutir el negocio que está detrás.

Por eso planteamos frenar nuevos emprendimientos inmobiliarios sobre humedales y zonas inundables, proteger efectivamente estos ecosistemas y establecer áreas donde no puedan realizarse nuevos rellenos.

También necesitamos evaluaciones de impacto ambiental acumulativas, independientes y con participación real de las comunidades afectadas.

Hay que terminar con la privatización de facto de grandes extensiones de territorio y discutir un impuesto extraordinario sobre las grandes ganancias inmobiliarias y las valorizaciones extraordinarias del suelo.

Esos recursos deberían destinarse a lo que falta en buena parte de Tigre: viviendas, infraestructura, cloacas, agua potable, escuelas, hospitales y transporte público.

Y necesitamos un verdadero plan urbano ambiental, discutido y elaborado con la participación de trabajadores, vecinos, organizaciones ambientales y comunidades locales.

Frente a todo esto necesitamos discutir otra perspectiva. Una en la que la tierra y el territorio estén al servicio de las necesidades de la mayoría y no de la rentabilidad de unos pocos.

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