No se aguanta más. Un 50% ya no tolera las políticas de Milei

Encuesta revela que el 50 por ciento ya no tolera el ajuste

¿La paciencia frente al ajuste se está terminando? Los números parecen decir dicen que sí. Un reciente estudio de alcance nacional publicado por la consultora QSocial arrojó un dato que enciende todas las alertas en la Casa Rosada: la mitad de los encuestados afirma, de manera contundente, que ya no puede esperar más para ver una mejora en su situación personal y que no tolera los niveles actuales de recorte impuestos por el gobierno libertario.

Si bien es cierto que toda encuesta es apenas la foto de un momento determinado, la radiografía que expone QSocial evidencia un malestar que, lejos de disiparse, se asienta con el paso de los meses. Aunque la respuesta no se traduzca de forma inmediata en movilizaciones masivas y unificadas en las calles, el descontento cotidiano contra el empobrecimiento sistemático retumba cada vez más fuerte desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023.

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El gobierno es plenamente consciente de este clima. Tras sobrepasar algunas crisis recientes, el oficialismo intenta retomar el control de la agenda pública a través de su habitual pirotecnia discursiva, buscando desviar el eje de la discusión central, el desplome en las condiciones de vida de las mayorías. Sin embargo, los pequeños triunfos que puedan atribuirse (como la desaceleración inflacionaria sostenida a base de asfixia del consumo) no logran ocultar un descontento que comienza a ver de reojo la figura presidencial y sus promesas a futuro. En este contexto, el contundente 50% de rechazo registrado por QSocial adquiere un peso específico ineludible.

Radiografía de una gestión en números rojos

El trabajo de la consultora, que abarcó un relevamiento nacional de 1.323 casos (con un margen de error de +/- 2,9%), además de medir la paciencia social frente al ajuste, también se encargó desglosó el nivel de deterioro en las expectativas y la imagen de la gestión. Los resultados exponen un panorama de total desilusión.

La evaluación del presente deja en evidencia un rechazo mayoritario: ante la pregunta sobre la situación actual del país, el 48% la califica como mala y el 35% como regular, mientras que apenas un escueto 16% la considera bien. Este pesimismo se proyecta inevitablemente hacia adelante. Consultados sobre cómo estará la economía dentro de un año, el 47% de los argentinos cree que empeorará, contrastando fuertemente con un 26% de optimistas y un 21% que vaticina que todo seguirá igual.

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A este panorama se le suma una desconfianza total en el rumbo oficial. Un aplastante 61% considera que el gobierno no tiene la capacidad necesaria para resolver los problemas del país, y apenas un 32% confía en que sí puede hacerlo. Esta falta de credibilidad se conecta directamente con la lectura que hace la sociedad sobre los verdaderos ganadores del modelo. Lejos del discurso libertario, el 64% sostiene que Milei gobierna exclusivamente “para algunos sectores (es decir, para el poder económico concentrado), mientras que solo un 25% cree que lo hace “para la mayoría de la población“.

En consecuencia, el relato del esfuerzo heroico se anula con la cruda realidad material. Frente a la premisa de si las políticas de ajuste son necesarias, aunque duelan a corto plazo, el 67% cree que no, y solo un 32% avala la idea. En esa misma línea, un contundente 67% opina que el sacrificio que hace la sociedad hoy no valdrá la pena en el futuro, dejando en minoría al 31% que aún mantiene la esperanza de una mejora.

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Todo este combo desemboca en el dato más crítico del informe: el límite de la tolerancia. Ante la consulta sobre hasta cuándo estarían dispuestos a esperar que las políticas del Gobierno mejoren su situación personal, el 50% de los encuestados respondió sin dudar que “ya no puede esperar más. Del resto, un 10% aguardará hasta fin de año, un 8% hasta mediados de 2027 y un 20% hasta las próximas elecciones presidenciales, quedando un 12% que no precisó respuesta.

No es casualidad que este hartazgo masivo coincida con las verdaderas urgencias sociales, donde el “trabajo” y la “pobreza” pasaron a liderar el ranking de preocupaciones empatados con el 21% de las menciones, desplazando a la “inflación” a un 11%.

Un modelo inaguantable que alimenta el malestar

Las razones detrás de estos números son palpables en la vida diaria de cualquier trabajador. Argentina atraviesa un escenario donde la tan mencionada reactivación económica no aparece por ningún lado. Por el contrario, los datos duros confirman una caída sostenida de la producción, el desplome del consumo y un aumento alarmante de la precarización y el desempleo (tanto formal como informal).

El gobierno de Milei intenta relanzar su gestión de cara al 2027 y aprovecha la ausencia de una oposición política tradicional que logre canalizar el descontento (agravada por las disputas internas del peronismo). Pero la realidad material es implacable, sobre todo porque las condiciones de vida de la mayoría de los hogares padecen penurias innegables.

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En este contexto, la reciente visita de figuras como Kristalina Georgieva del FMI o los constantes reclamos de sectores empresariales solo refuerzan la idea de un gobierno enfocado en cumplir mandatos externos y garantizar ganancias corporativas, mientras aplica aumentos salvajes (como el nuevo tarifazo en transporte previsto para agosto).

La batería de reformas que el oficialismo pretende imponer en el Congreso durante esta segunda mitad del año y la sumisión a los dictados del FMI tienen un único destino garantizado, el de profundizar el sufrimiento de las mayorías trabajdoras. Mientras no se ofrezca una salida a la caída del salario y a la imposibilidad de llegar a fin de mes, el malestar social seguirá creciendo y el reloj de arena de la tolerancia continuará vaciándose. Al fin y al cabo, comienza a hacerse presente la figura estadística de un 50% de la sociedad que ya avisó donde está el límite.

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