Un hilo en X de Jacob Coxon, extrabajador de Antrophic y Open IA, explicaba, acerca de un miedo que circula entre los programadores, que el desarrollo de la superinteligencia abre la posibilidad de que está nos mate dentro de 10 años.
A la vez, Evan Hubinger, investigador de Anthropic, se sumó a los comentarios de Coxon en X y dijo: “Jacob tiene razón aquí; realmente creemos con sinceridad que la IA podría matar a todos los humanos. Personalmente, pienso que es más del 10% dentro de la próxima década”.
La carrera por el avance en esta nueva industria tecnológica es otro momento en la profundización de la competencia capitalista por dominar un sector.
El problema es que nos encuentra en un momento distinto del mundo: un momento de crisis y disputa imperialista que profundiza la decisión de ir a fondo sin posibilidad de coordinación.
La ideología detrás de la IA es la base
La inteligencia artificial se difunde como incorpórea, como un desarrollo con poca relación con nuestra vida cotidiana y con los avatares político económicos de nuestro mundo.
Sin embargo, como dice Kate Crawford en su libro La IA no es artificial ni inteligente: “Más bien existe de forma corpórea, como algo material, hecho de recursos naturales, combustible, mano de obra, infraestructuras, logística, historias y clasificaciones”. Y profundiza en su relación con el sistema en el que vivimos cuando dice: “De hecho, la IA como la conocemos depende por completo de un conjunto mucho más vasto de estructuras políticas y sociales. Y, debido al capital que se necesita para construir IA a gran escala y a las maneras de ver que optimiza, los sistemas de IA son, al fin y al cabo, diseñados para servir a intereses dominantes ya existentes. En ese sentido, la IA es un certificado de poder”.
Empresas dirigidas por millonarios con un poder económico por encima del que jamás existió se preocupan más por garantizar su sobrevida más allá de lo imaginado y descartan al resto de la humanidad.
El desarrollo de la IA se produce en base al desecho de miles de humanos en minas, expulsión de territorios, contaminación del planeta en zonas enteras y trabajo esclavo de millones alrededor del mundo.
Entonces ¿Por qué nos preocupa un futuro de 10 años si la IA mata ahora? Mata en Irán, mata en Palestina y mata en África. La crisis es ahora, no posiblemente en una década.
Hay que dar vuelta todo
Hay que frenar el modo en que se desarrolla la IA porque la destrucción del ambiente que fomenta y la falta de regulación en su uso marca un camino cada vez más negro para la humanidad. Miles de puestos de trabajo perdidos, aumento de la explotación a quienes sigan trabajando y cada vez más desigualdad.
Cambiar la lógica de producción y de vida permitirá pensar en el aprovechamiento de una inteligencia artificial para mejorar la vida de todos.
Sacar del camino la competencia capitalista y desarrollar la tecnología de manera colaborativa pensando en que necesitamos todos, dónde es necesario usarla, protegiendo el ambiente y los bienes comunes. Esa realidad es a la que tenemos que aspirar.

