Mientras las potencias coloniales saqueaban África, futbolistas afrodescendientes defendían la camiseta albiceleste. Una historia que el relato oficial prefirió dejar en las sombras.
Una historia invisibilizada
Qatar 2022 no solo nos dejó una Copa del Mundo, sino también algunos debates que siguen presentes en la actualidad. Tras algunos repudiables cánticos racistas expresados por una parte de la hinchada argentina, surgió un análisis revisionista que colocó a la Argentina como una sociedad supremacista con un supuesto pasado de limpieza étnica, en contraposición a las “sociedades multiculturales europeas”.
El racismo existe, no solo en Argentina, sino en todo el mundo. No obstante, sus expresiones son distintas y la historia de la selección albiceleste muestra una realidad muy diferente de aquella interpretación que algunos intentaron instalar.
Ya en la era amateur había representado los colores de la selección Alejandro de los Santos Godoy, nacido en la ciudad de Paraná e hijo de angoleños que escaparon del yugo colonial portugués que sometía a su país, el cual recién lograría su independencia en 1975. Sí, huyendo precisamente de los mismos europeos que hoy suelen presentarse como ejemplo de multiculturalismo.

Fue un delantero goleador que jugó en San Lorenzo, Sportivo Dock Sud, El Porvenir y Huracán entre las décadas de 1920 y 1930, donde convirtió 151 goles en 269 partidos. Vistió la camiseta albiceleste entre 1922 y 1925, disputó cinco encuentros y conquistó el Campeonato Sudamericano de 1925.
El capitán que jugó en el Santos de Pelé
Argentina también tuvo un capitán afrodescendiente. Hablamos de José Manuel Ramos Delgado, nacido en Quilmes, hijo de madre argentina y padre caboverdiano. Debutó en Lanús en 1956 y posteriormente jugó en River Plate, Banfield, el poderoso Santos de Pelé y, finalmente, cerró su carrera en Portuguesa Santista.

El defensor integró la selección en los Mundiales de Suecia 1958 y Chile 1962, y fue capitán en la Copa de las Naciones de 1964. No pudo participar del Mundial de Inglaterra 1966 debido a una lesión sufrida pocos días antes de la competencia.

Para ponerlo en perspectiva, el mismo año en que el capitán de la selección argentina era un futbolista de origen afrodescendiente, en Estados Unidos el presidente Lyndon B. Johnson firmaba la Ley de Derechos Civiles, que prohibía la segregación racial en espacios públicos —como hoteles, restaurantes, teatros y medios de transporte— y eliminaba, al menos en el plano legal, la discriminación laboral por motivos de raza, color, religión, sexo u origen nacional. Recién al año siguiente fueron eliminados los exámenes de alfabetización y otras trabas legales que los estados del sur utilizaban para impedir que los ciudadanos afroamericanos ejercieran su derecho al voto.
Mientras tanto, en África muchos países recién comenzaban a construir su independencia tras décadas —y en algunos casos siglos— de dominación colonial europea. Entre las antiguas colonias francesas, Marruecos y Túnez obtuvieron su independencia en 1956; Argelia lo hizo en 1962, luego de una sangrienta guerra de liberación nacional.
En el África Occidental Francesa se independizaron Guinea en 1958 y, en 1960, Senegal, Malí, Mauritania, Níger, Burkina Faso, Costa de Marfil y Benín.
Ese mismo año también alcanzaron la independencia Chad, la República Centroafricana, la República del Congo, Gabón, Camerún, Togo y Madagascar. Más adelante lo harían Comoras, en 1975, y Yibuti, en 1977.
No, no estamos jugando al TEG. Son los nombres de los países sobre los que Francia extendió durante décadas su dominio colonial y la expoliación de sus riquezas. En varios de ellos, además, París continuó ejerciendo una fuerte influencia económica y política incluso después de las independencias formales.

Un campeón del ’78
También defendió los colores de nuestra selección Héctor Baley, apodado “Chocolate” y de raíces senegalesas. Atajó en Estudiantes de La Plata, donde integró los planteles que conquistaron las Copas Libertadores de 1969 y 1970, además de la Copa Intercontinental de 1968 frente al Manchester United. Más tarde defendió el arco de Colón de Santa Fe, Huracán, Independiente y Talleres de Córdoba.
Aunque la presencia de Ubaldo Fillol le cerró las puertas de la titularidad, integró el plantel campeón del mundo en 1978 y volvió a formar parte de la selección en España 1982. Sus escasas apariciones con la camiseta argentina incluyeron una recordada actuación en el empate 1-1 frente a Alemania Occidental, en un amistoso disputado ese mismo año.

Es decir, Argentina puede reivindicar con orgullo haber tenido un campeón del mundo afrodescendiente en la conquista de su primera estrella. Todo esto ocurría mientras aún faltaban dieciséis años para que cerrará en Francia el último “zoológico humano” (1994), donde ciudadanos marfileños contratados para trabajar eran víctimas de la retención de sus pasaportes, no podían abandonar el predio, percibían salarios miserables y eran obligados a bailar con el torso desnudo como parte del espectáculo para los visitantes.
Mucho antes del multiculturalismo
Mucho antes de que el multiculturalismo se convirtiera en una bandera institucional de varias potencias europeas, Argentina ya tenía futbolistas afrodescendientes representándola en las canchas del mundo.
Mientras Francia, Portugal y otras potencias aún administraban colonias en África o lidiaban con las consecuencias de siglos de segregación racial, la Selección argentina ya había tenido un capitán afrodescendiente y, años más tarde, un campeón del mundo.
Esa historia existe. Lo que faltó fue voluntad para contarla. Porque el problema nunca fue la ausencia de afroargentinos, sino la persistencia de un relato que eligió mirar hacia Europa mientras daba la espalda a una parte de su propia identidad.


