Moria Casán y la cultura del “no es para tanto”. ¿Cicatriz o decorado?

En su reciente serie biográfica y documental, Moria Casán despliega su habitual arsenal de carisma, irreverencia y “lengua karateca”.  Cuenta momentos de su vida, fuertes, difíciles, y sensibles para cualquier persona. Sin embargo, más allá del entretenimiento, la producción expone una filosofía de vida que genera debate: “la desdramatización absoluta de los traumas personales”. Una super Moria aparece para decirnos que nada le hace mella, y todo parece superable, “aquí no hay lugar para el trauma”. Lo que para la diva es un mecanismo de supervivencia y empoderamiento, bajo una mirada crítica puede leerse como una preocupante banalización del dolor.

El “garrón” como espectáculo

Moria acuñó el término “garrón” para empaquetar tragedias, adicciones, abusos y traiciones bajo la etiqueta de un simple contratiempo incómodo. Esta operación discursiva produce varios efectos, y no todos son buenos.

Con frases geniales e hilarantes, la one, muestra una superación absoluta, “un no ha pasado nada”, que si bien puede ser visto como algo a “lograr” en quienes sufren, presentado como solo un garrón más, causa un efecto contrario, una superación incómoda y ficticia al mirar más de cerca.

En primer lugar desde una mirada más especifica psicológica, hay una cancelación del duelo, al transformar el dolor en un chiste rápido, se anula el tiempo natural que requiere procesar un daño emocional. Todas las personas, tienen derecho a tomar su tiempo para el duelo, tiempo para el dolor, o para dejar atrás algo doloroso. No hacerlo y seguir puede dejar latente ese sentimiento y angustia, logrando que su superación tarde aún más.

Asimismo, Moria, durante la serie, ensaya en cada aparición una performance de la invulnerabilidad. La serie vende la idea de que sufrir es una debilidad y que la única respuesta válida es el “brillo” y la superación inmediata.

Por otro lado, ese “seguir para adelante” sin detenerse a tramitar o procesar un daño, puede leerse, en caso de recomendación, como un tipo particular de producción de subjetividad: una que no para, que siempre debe producir.

Desde un individualismo extremo, se instala la narrativa de que salir del trauma depende únicamente de la voluntad personal y el humor, ignorando las redes de contención y la salud mental profesional.

Si bien hay escenas donde la diva, desprende unas lágrimas, son las menos, y siempre enmarcadas en situaciones controladas y cuidadas. Lo que da la sensación de que no es necesario desarmarse, ni ser vulnerable ante el dolor. Una síntesis que podría resultar poco humana.

El abuso y su superación

En la serie ocupa un lugar importante el abuso sufrido por Moria por parte de su abuelo en su infancia. Como así también la violencia en ciertas relaciones que ha tenido la one a lo largo de su vida, principalmente en su juventud.

Estos episodios también se han narrado en su libro, y ella misma lo ha contado en algún momento en algunas entrevistas.

El tratamiento elegido para contar sucesos fuertes como estos, ha sido también “la desdramatización” pero también poniendo el ojo en la víctima, en lo que Moria hace o dice en esos momentos. De algún modo se cuela la preservación de quienes lastimaron y abusaron de Moria. No hay para los abusadores, en la serie más castigo que el olvido por parte de la protagonista.  Un cuidado que puede dejar heridas abiertas, muchos de estos abusos requieren la denuncia, la exposición de los actos, para superarlos.

Es evidente que Moria como mujer ha decidido que esa superación no fuera de la mano de un proceso legal, público o de la develación de los mismos, pero esa fórmula, es una fórmula que le sirvió o le sirve a Moria. Y puede resultar peligroso una universalización de esos formatos. Desde el feminismo alentamos las denuncias, porque creemos que callarlas e “intentar” seguir como si nada, solo nos ha aislado más y dejado en libertad abusadores que muchas veces se han llevado nuestras vidas. Desde el feminismo alentamos la denuncia, pero tampoco existe el imperativo de denunciar en el caso de adultos, reafírmanos que no es un problema personal para superar, es una estructura social machista y patriarcal que pretende silenciarnos. Más aún ahora con el proyecto de “falsas denuncias “que pretende formalizar y legitimar el silencio. Denunciar no sólo es in camino para preservarnos sino para sanar.

Resiliencia vs. Evasión

La desdramatización que propone Moria Casán no debe confundirse con una resiliencia saludable, aunque pudo haber sido saludable para ella.  Mientras la resiliencia integra la herida para transformarla, la postura de Moria roza la evasión defensiva. Su actitud funciona como una armadura mediática: si nada me afecta de manera profunda, nadie puede destruirme.

El problema surge cuando este discurso se universaliza desde una pantalla, enviando un mensaje culposo a la audiencia: si te duele, y además lo expresas es porque querés dramatizar. La serie muestra una diva que nada en su vida perturba, nada la dejo sin sus frases, ni su lengua karateka. Esas imágenes legítimas, desde lo que se elige contar de Moria Casan no deberían ser tomadas como ejemplo acabado. Por un lado, no deja de ser una ficción, y por otro aun siendo el relato íntimo y fascinante de la diva de la sexicomedias, no deja de ser una realidad, y una individualidad de una mujer. No necesariamente debe ser el patrón general, ni tomarlo como el formato deseable.

La serie de Moria Casán es un testimonio valioso de cómo una mujer resistió y fagocitó a la industria del espectáculo argentino. No obstante, su manual de uso para los traumas es personal y propio de ella, quizá tomado como una general de la ley en lo deseable, sea peligroso.

Para Moria, la desdramatización, en su universo, sirvió, aunque en otros puede ser sinónimo de anestesia. La verdadera superación no consiste en reírse de las cicatrices antes de que terminen de sangrar, sino en aceptar que el dolor también forma parte de la historia humana. Y que esas cicatrices no son un decorado, son huellas de nuestra resistencia y de nuestra superación.

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