Moria Casan. El mito del “Gran Puto Argentino”

El debate cultural sobre la serie de Moria Casán y su rol durante la dictadura militar

La plataforma Netflix estrenó una biopic que está dando que hablar: “Moria Casan”, una serie que cuenta escenas de la vida de la diva basadas en su libro y un guion autorizado por la propia Moria. En la serie actúan Sofia Gala, Griselda Siciliani, y Cecilia Roth entre otros en una actuación impecable.

La ficción abraza de forma explícita el rol de Moria Casán como pionera de la liberación sexual y aliada histórica de las minorías. Una diva que transgrede en cada época las formas, los escenarios y las propuestas. Un icono de vanguardia indiscutible, que hizo de la liberación sexual una bandera.

Ahora bien, también es una serie que genera y provoca contradicciones, lo que se elige contar y cómo deja tela para cortar. La maternidad, sus formas, su vínculo con los militares y con sus parejas, el escándalo y el ridículo. Una diva que tiene un recorrido y una paleta variada de colores y posiciones a lo largo de su vida.

Por supuesto contar una biopic, permite elegir que escenificar y eso es legítimo, a la vez que valorar y ponderar a esta diva en su liberación sexual y vínculo con las diversidades, no puede borrar posiciones que han sido menos progresistas aunque con el tiempo las haya modificado o atenuado. Un personaje público tiene este costado, la vida y el registro de ella dejan huella. Y sin ánimos de juzgar si queremos abordar algunos ejes para el debate.

Moria y los años 70

En los pasajes ambientados en los años 70, la serie muestra una secuencia de alto impacto emocional: la diva yendo a comisarías a rescatar a sus bailarines perseguidos por su orientación sexual.

La propia voz en off de la protagonista sentencia en pantalla que “putos, tortas y travas” la abrazaron hasta iconizarla, construyendo un refugio de fantasía frente a la violencia circundante.

Esta faceta progresista y disruptiva es defendida tanto por la producción como por colegas como Jorge Rial en Intrusos, quien rescató su superioridad cultural por encima de otras figuras tradicionales de la televisión.

El foco de la controversia periodística radica en lo que la serie elige dejar afuera. Críticos de espectáculos y espectadores en redes sociales han contrastado el relato ficcional con el archivo real de Casán. El debate se ha encendido en torno a la mirada sobre la dictadura: Mientras que la serie la posiciona como una heroína de la resistencia contracultural, el periodismo también recuerda sus declaraciones reales donde afirmó haberse sentido “muy cómoda” en los años 70, minimizando la represión bajo la teoría de los dos demonios.

El anhelo de orden militar:

Al ver la serie la mayor crítica que se hace sobre la ficción es que ignore la fascinación pública de Moria por figuras de mano dura (como su reivindicación televisiva en 2018 de “un Bolsonaro demócrata” o su abierta simpatía por el perfil militar en la política nacional).

Además, que se omiten posiciones controversiales que surgen en declaraciones realizadas por Moria Casán a lo largo de su vida. Principalmente vinculadas a la teoría de los dos demonios, donde se sentía conmocionada por los militares “caídos” durante la dictadura.

Con un padre militar y amigos militares su preocupación mayor era la suerte que corrieron los militares, en los 70, y dejaba claro que mientras para otros eran los desaparecidos, para ella lo importante era lo que sufrieron los militares.

Esas declaraciones por sí solas, ya son pesadas y complicadas de aceptar de la diva de la libertad. Pero no son por sí solas el único elemento controversial, Moria Casán fue una actriz muy prolifera en la época de la dictadura, fue su época más productiva cinematográficamente hablando, mientras hacía revista, su fama creció exponencialmente al ritmo de las botas. Aunque no necesariamente haya sido su elección, la dictadura censuró pro activamente usando a iconos como Moria Casán entre otres. Poder sumergirnos en ese análisis permite también ver que la dictadura no hacía concesiones ni excepciones, más bien cada  película era un aporte a construir el orden nacional.

¿Sabés lo que hizo Moria durante la dictadura? Trabajar

La historiadora argentina Débora Carina D’Antonio, hizo una investigación sobre tiempos cercanos, en especial sobre la dictadura. D’Antonio es Doctora en Historia, da clases en la UBA y dictó cursos y seminarios tanto en universidades nacionales como del Cono Sur.

Es autora de numerosos libros y se especializa en la historia reciente, investiga la actividad represiva del Estado a partir del género y la sexualidad.

Por supuesto su fuerte desarrollo de los estudios de género, memoria y cultura en la Argentina posdictatorial, creció a la par de una influencia de la cuarta ola feminista, que permitió que vayan surgiendo nuevos enfoques e interpretaciones sobre la historia reciente.

En este caso quiero traer uno de sus escritos, “Paradojas del género y la sexualidad en la filmografía durante la última dictadura militar argentina“, publicado en el 2015.

Este artículo cuenta que, durante la última dictadura militar argentina, el Estado impuso una fuerte censura y discursos moralistas. A través del Ente de Calificación Cinematográfica, eliminó o cortó partes de 700 películas.

Sin embargo, la autora en su investigación descubre que, al mismo tiempo, el Estado con su política de financiamiento estatal subvencionó unas películas un tanto polémicas, conocidas como “sexicomedias”. Protagonizadas por Jorge Porcel y Alberto Olmedo, Moria Casán y Susana Giménez.

Estas películas exhibieron misiones de género y sexualidad en completa contradicción con la moral conservadora del régimen.

¿Cómo es esto posible? La autora va marcando diferentes puntos esenciales para entender esta contradicción:

  • El carácter comercial y despolitizado de estas películas. Eran necesarias películas que fueran despolitizadas y frívolas.  Que no generarán más interrogantes y fueran pasatistas.
  • La prioridad en cuanto a la censura. Se censuraba principalmente aquello que cuestionaba el sistema de poder, en cambio, aquellas producciones que se contraponían a la moral sexual o tradicional no eran vistos como la principal amenaza.
  • La comedia como un medio de evasión y entretenimiento. Sin lugar a dudas la necesidad de olvidar un poco lo que se estaba viviendo, tenía a la comedia como herramienta fundamental.
  • La rentabilidad de estas películas que fueron masivamente populares. Otorgaban ganancias fenomenales y generaban un mercado rentable.
  • Los finales moralizantes de estas películas. Aunque las películas tenían muchas escenas de infidelidad o erotismo, al final había un restablecimiento del status quo y del orden familiar tradicional.

Un aporte fundamental de este artículo es la idea del control mediante el financiamiento. La censura no es solo algo negativa, no solo consiste en prohibir, sino que a veces también es propositiva, como lo era en este caso.

El Estado utilizó la selección condicionada del financiamiento, créditos y subsidios para inclinar la industria hacia productos comerciales que oficiaron como soportes ideológicos o de distracción.

Por eso “trabajar” durante la dictadura tenía un elemento colaborativo con la planificación de ese paradigma y del orden buscado.

La autora estudia específicamente estas películas que fueron un verdadero éxito en ese momento en taquilla y en el objetivo buscado. No había crítica, preguntas ni cuestionamientos.

Seguramente los artistas tampoco cuestionaron ese formato en ese momento, a sabiendas o no, pero en definitiva esa ausencia de cuestionamientos es también lo que permitió que se consolidaran como los artistas del momento y sus películas en éxitos absolutos.

El arte es arte, y en definitiva muchos podrían quedarse con eso, pero el arte es política, una expresión artística puede entenderse como una expresión que plasma un estado de situación, un momento.  Y vaya si esas películas no eran en sí mismas la expresión de una parte de ese momento.  Las películas sexicomedias eran una expresión del disfrute elegido para esa época, pero no eran la única versión del momento.

Por eso el mayor problema de la serie de Moria sobreviene en pasar por alto en los años del tramo de la dictadura, que ese momento también fue el momento más horroroso para la mayoría de la población.  Y ese hecho que no está, habla por sí sólo. O más bien su ausencia, habla más que mil palabras.

Los vínculos con los militares, vínculos reconocidos por ella misma, ponen el debate más al rojo vivo, y aunque con el tiempo Moria fue adoptando otras posiciones, más cercanas a los derechos humanos y al gobierno kirchneristas, hay cosas que no pueden desaparecer.

Sin lugar a dudas la evolución es parte de nuestro recorrido y debe valorarse siempre que la nueva versión asimile y elabore sobre lo anterior.

La omisión de algunos de los ejes epocales de la dictadura, en la serie, oscurecen la nueva versión de la Moria progresista que surgió hace algunos años y no deja de ser llamativo. 

Más allá de esto, el artista elige qué y cómo contar, y en personajes tan controversiales, no siempre es posible ver en blanco y negro. Sin lugar a dudas Moria Casán ha sido pionera en la liberación sexual y en su vínculo con las diversidades, “un puto única” pero esas banderas importantes y reconocible no excusan otras posiciones menos progresistas. Y así es también el signo de la vida, controvertido y contradictorio, como la vida misma.

Otras noticias

Somos un medio de y para los trabajadores
No tenemos pauta ni aportes de empresarios

Si valorás nuestra voz, sumate a bancarla

Colaborá con nosotros