Milei en silencio. El derrumbe del faro libertario

El presidente Javier Milei optó por el silencio tras la derrota del bolsonarismo en Brasil y se mostró bailando en el balcón

El autoproclamado líder de la ultraderecha global se quedó repentinamente sin palabras. Tras la contundente victoria popular que le cerró las puertas del poder al bolsonarismo en Brasil, Javier Milei eligió esconderse en un silencio ensordecedor. Ni el presidente ni su canciller, Pablo Quirno, emitieron una sola declaración oficial para reconocer el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro. Un mutismo absoluto que expone el terror y el fracaso de su cruzada reaccionaria en el continente.

Durante meses, el mandatario argentino se paseó por el mundo vendiendo la ilusión de que él era el iniciador de una ola conservadora imparable. Se infló el pecho jurando ser el faro que guiaría a la extrema derecha de occidente hacia la victoria. La realidad, sin embargo, le acaba de dar un cachetazo brutal. El estrepitoso fracaso de su reciente gira por España, donde fue ninguneado por las principales autoridades y tuvo que conformarse con aplausos de nicho, fue solo un anticipo. Ahora, la movilización masiva del pueblo brasileño que logró derrotar a su principal socio regional lo deja pedaleando en el aire y en una situación de extrema debilidad política.

Un bailecito para esconder el miedo

La negación del oficialismo llegó a niveles verdaderamente absurdos. En la reunión de Gabinete de este lunes por la mañana, el terremoto político de Brasil brilló por su ausencia. Según trascendió desde la propia Casa Rosada, ningún ministro abrió la boca sobre el tema. En lugar de dar la cara ante la derrota de su modelo en el país vecino, Milei decidió montar un show patético para las cámaras.

Salió al balcón presidencial junto a varios de sus funcionarios y, como si viviera en una realidad paralela ajena al desastre económico y geopolítico que lo rodea, se puso a posar haciendo el “six seven“, ese típico gesto que los adolescentes usan para farmear aura en TikTok. Un bailecito ridículo para intentar tapar el pánico que les genera ver cómo la organización de las mayorías populares puede quebrar los planes de la extrema derecha. Mientras la clase trabajadora brasileña festejaba en las calles el freno al fascismo, acá el presidente jugaba a ser un influencer desconectado del mundo.

Aislamiento y berrinche diplomático

Este silencio caprichoso arrastra al gobierno a un papelón sin precedentes. En toda la región, el gobierno argentino quedó completamente solo con su posición. Hasta los referentes más rancios y conservadores del continente salieron a reconocer el resultado de las urnas. Personajes de la talla de José Antonio Kast en Chile, Abelardo de la Espriella en Colombia, Keiko Fujimori en Perú, Daniel Noboa en Ecuador y Paz en Bolivia reconocieron la victoria de Lula sin mayores reparos.

¿Quiénes son los únicos que callan? Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei. Los tres decidieron atrincherarse en el berrinche de Flávio Bolsonaro, quien amenaza con no reconocer los resultados e impugnar las elecciones con el viejo manual de las denuncias falsas de fraude. A este triste club del silencio se suma también Delcy Rodríguez desde Venezuela, demostrando su penoso rol de títere en la región. El alineamiento ciego de Milei con la estrategia derrotada del bolsonarismo y el trumpismo lo deja marginado, demostrando que su política exterior no responde a los intereses del país, sino a sus fanatismos ideológicos.

Las fracturas de la alianza oficialista

Pero el impacto de esta derrota trasciende las fronteras y ya sacude los cimientos del gobierno puertas adentro. La crisis que abrió la victoria antifascista en Brasil generó chispazos inmediatos con sus propios aliados. El PRO, su socio político fundamental para sostener el ajuste en el Congreso, se despegó rápidamente de la postura libertaria y publicó un mensaje institucional reconociendo el resultado electoral.

La ruptura quedó aún más expuesta con el faltazo de Patricia Bullrich a la reunión de Gabinete. La senadora decidió no asistir al encuentro para marcar sus profundas diferencias con el rumbo que está tomando el presidente y evitar quedar pegada a la impresentable foto del balcón. Este nuevo episodio de tensión interna desnuda la fragilidad de un gobierno que empieza a ver cómo sus propios cómplices toman distancia ante el naufragio de sus predicciones internacionales.

La fuerza está en las calles

En el fondo, lo que paraliza a Balcarce 50 es el miedo puro. Los libertarios están viendo en carne propia que, a pesar de contar con todo el financiamiento empresarial, el apoyo de los medios hegemónicos y la banca del imperialismo yanqui, los gobiernos de ultraderecha pueden ser derrotados. No quieren dar pasos en falso porque saben que su propio terreno es un pantano. Sin embargo, su única respuesta ante esta debilidad es la provocación. Desde el viernes, Milei viene sobrecalentando su discurso violento y, en esa misma reunión de Gabinete donde ignoró a Brasil, se encargó de aseverar que su gestión no se moverá ni un milímetro de su plan motosierra.

La lección que nos deja el pueblo brasileño es inmensa. La victoria al otro lado de la frontera demuestra que la extrema derecha no es invencible. Ni los planes de hambre de Milei, ni las amenazas de Bolsonaro, ni la prepotencia de Trump alcanzan cuando la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares toman la iniciativa, se organizan desde abajo y ocupan las calles para defender sus derechos.

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