Franco sufrió daños en su Alpine tras dos incidentes y terminó fuera de la carrera. Antes, el periodista británico aprovechó una sanción del argentino para burlarse de su nacionalidad, en una provocación que reaviva una historia de desprecio hacia nuestro país.
El Gran Premio de los Estados Unidos dejó otra jornada amarga para Franco Colapinto. El pilarense tuvo que abandonar después de una carrera complicada, marcada por los daños que sufrió su Alpine desde los primeros metros. Pero, como si los quilombos en la pista no fueran suficientes, la previa ya había sumado un ingrediente desagradable: las declaraciones de Jeremy Clarkson, quien volvió a apuntar contra la Argentina demostrando que le quedó una herida sin sanar.

El conductor británico de Top Gear aprovechó la penalización de diez puestos que recibió Franco por exceder el límite reglamentario de unidades de control electrónico y deslizó que la sanción probablemente tenía que ver con que era argentino. Después remató: “Yo le daría una por eso, pero bueno”. Por su parte, Fran respondió tranquilo: “No vi lo que dijo. Yo intento mejorar la situación (sobre el odio en el deporte) pero hace falta ayuda de mucha gente, no solo mía”.
Gracioso para algunos, chicana para otros, el problema es que Clarkson no es un desconocido que hizo un comentario pesado en una sobremesa. Es un personaje público con una larga trayectoria tanto en la Fórmula 1 como de provocaciones contra nuestro país. ¿Por qué? Por lo que pasó la última vez que pisó suelo argentino, una referencia que sirve para entender que no se trató de un chiste aislado.
Hacerse el vivo no es gratis: corrió por una patente
Para entender el “contexto” detrás del “chiste” hay que volver a octubre del 2014. Clarkson llegó a Argentina junto con Richard Hammond, James May y el equipo de producción de Top Gear, un programa de la BBC. El plan era recorrer la Patagonia y filmar un especial, pero lo que terminó pasando fue un escándalo que todavía se recuerda.
La indignación estalló alrededor de un Porsche 928 manejado por Clarkson, cuya patente era H982 FKL. Para muchos argentinos, la combinación era una provocación demasiado evidente: el número 982 remitió a 1982, el año de la Guerra de Malvinas, y las letras FKL podían leerse como una referencia a Falklands, el nombre británico de las islas.

La producción aseguró que se trató de una coincidencia. Pero con qué cara se le puede pedir a la sociedad argentina que mire para otro lado cuando aparece una combinación semejante en un contexto atravesado por una disputa de soberanía que sigue vigente. Malvinas no es un tema menor, una anécdota ni una palabra que se pueda tirar al pasar sin entender lo que significa para millones de personas.
La tensión escaló en Tierra del Fuego, donde hubo protestas y el equipo terminó abandonando Argentina para refugiarse en Chile. La retirada estuvo marcada por incidentes y daños a vehículos de la producción. El Porsche, por su parte, terminó siendo el símbolo de aquella huída tras terminar totalmente destrozado.
Clarkson y el equipo siguieron negando que hubiera existido una intención deliberada de provocar. Pero la reacción popular no apareció de la nada. Hubo un contexto, una sensibilidad colectiva que no puede reducirse a una supuesta incapacidad argentina para aceptar un chiste. Se puede discutir si cada reacción individual fue adecuada, sin embargo no corresponde borrar el motivo que generó el conflicto ni exigir que se tome con humor cualquier provocación relacionada con una guerra que forma parte de nuestra memoria.

Para colmo, lejos de dejar el asunto atrás, el británico volvió a demostrar dos cosas. La primera, que no es un tipo caracterizado por cerrar sus heridas. La segunda, que el episodio seguía siendo una herramienta para atacar a los argentinos.
Clarkson redobló la apuesta en Navidad
En diciembre de 2016, el oriundo de Doncaster publicó un mensaje navideño dirigido a los fueguinos: “Feliz Navidad a todos. Excepto a la gente de Tierra del Fuego en Argentina. Ustedes pueden irse al carajo”. Así, sin vueltas.

¿Y después nos vamos a hacer los sorprendidos porque muchos argentinos no le festejan las gracias? ¿De verdad hay que fingir que estamos frente a un humorista inocente que peca de incomprendido?
Clarkson tiene todo el derecho a defender su versión de lo ocurrido en 2014. También puede cuestionar las protestas o sostener que la patente fue una coincidencia. Lo que no puede pretender es insultar a la gente de una provincia entera y después esperar que una nueva provocación contra un argentino sea recibida entre risas.
La doble vara de la Fórmula 1: si lo decía un argentino, ¿qué pasaba?
Acá aparece el punto más incómodo de toda esta historia. La Fórmula 1 lleva tiempo hablando de respeto, inclusión y de la necesidad de combatir el odio en las redes sociales. Son objetivos necesarios. Nadie debería recibir amenazas o sufrir hostigamiento por su nacionalidad, su aspecto físico o su trabajo. El problema aparece cuando ese discurso parece aplicarse con distinta intensidad según quién sea el protagonista.
Pongamos la situación al revés. Imaginemos a un periodista argentino invitado por una escudería que, ante la sanción de un piloto europeo, dijera que probablemente lo castigaron por ser británico, español o alemán. Imaginemos que después rematara con que él también le impondría una sanción por la nacionalidad del corredor. Y agreguemos un antecedente: que ese mismo periodista hubiera protagonizado una polémica en el país de ese piloto y, dos años después, hubiera mandado al carajo a todos los habitantes de una región.
¿La reacción sería la misma? ¿Alcanzaría con decir que se trataba de una joda? ¿La escudería se limitaría a publicar un tibio comunicado diciendo que esas palabras no representan sus valores? ¿O tendríamos una condena mucho más contundente, pedidos de disculpas y una discusión sobre si esa persona debería seguir teniendo un lugar en el paddock?
No se puede afirmar qué sanción concreta habría recibido un argentino en ese escenario hipotético. Pero la pregunta sobre la diferencia de trato es legítima. Recordemos que, por un accidente con su compañero de equipo que lo salpicó, el británico Lando Norris pidió una fecha de suspensión para Colapinto y deslizó que algunos pilotos no merecen ocupar un lugar en la Máxima. Dos fechas después, en Singapur, el actual campeón chocó a su dupla en McLaren, Oscar Piastri. Nadie dijo nada.

También llama la atención la mesura del comunicado que compartió Alpine, en el que aclaró que las declaraciones de Clarkson no representan sus valores y expresó su respaldo a Colapinto. Sin una cita, sin siquiera un pedido de disculpas para con su piloto, sin entender que se está compartiendo un mensaje de odio. Tibios hasta la médula, buscaron marcar una frontera entre las palabras del invitado y su propia postura, evitando una condena más directa que pusiera el foco en la gravedad del asunto.
Eso sí, cuando los fierreros albicelestes se exceden con los comentarios en internet, el discurso sobre el “odio en las redes” dura semanas. Se condena a los usuarios, son rápidos con los comunicados y se termina hablando de nuestra hinchada como si millones de personas compartieran la conducta de unos pocos. Sin embargo, cuando una figura europea con una enorme exposición se burla de un piloto por ser argentino, la explicación parece mucho más sencilla: es humor, es una chicana nada más, es Clarkson siendo Clarkson.
Esa es la doble vara que vale la pena discutir. No se trata de pedir que se permita el insulto argentino ni de justificar amenazas contra los europeos.Se trata de un alegato para que las mismas reglas de respeto valgan para todos, también para los famosos que tienen micrófono, acceso a las entrañas de cada garaje y una audiencia internacional.
Si la Fórmula 1 quiere combatir el odio, tiene que hacerlo sin mirar el pasaporte. No alcanza con pedirles a los fierreros que se comporten cuando las figuras que circulan por el propio ambiente deportivo pueden lanzar comentarios provocadores y refugiarse detrás de un personaje.
Los problemas de Colapinto en el Gran Premio de los Estados Unidos
Además de los comentarios de un británico dolido, Franco también tuvo que parir una carrera complicada. Largó desde el fondo por la penalización y un toque entre Arvid Lindblad y Carlos Sainz hizo que una pieza saliera despedida y golpeara la trompa del Alpine en los primeros metros del Gran Premio.

Más adelante, en la vuelta 27, Lindblad volvió a protagonizar un incidente con Colapinto quien terminó dando un trompo. El argentino finalmente abandonó por causa de los golpes, sin poder convertir la carrera en una oportunidad para recuperarse de los anteriores resultados. “Mucho DNF últimamente. De no tener ninguno a tener tres en cuatro carreras. Hay que cortar esta racha. Está siendo duro”, expresó Fran tras el desenlace en Austin.

