En las vísperas al duelo por la final de la Copa del Mundo 2026 entre Argentina y España, ofrece una excusa para recordar que la identidad argentina nació enfrentando al colonialismo español. Desde Belgrano y San Martín hasta Messi, la historia demuestra que la construcción nacional comenzó cuando este pueblo decidió romper con toda dominación extranjera.
En el fútbol como en la vida
Los ojos del mundo hoy observan a Leo Messi, jugador determinante para que Argentina dispute la séptima final de su historia y sueñe con bordar la cuarta estrella. Con 39 años, representa uno de los legados más grandes de este deporte y mantiene una vigencia admirable. Sin embargo, si retrocedemos más de veinte años, a sus primeros pasos en La Masía del Barcelona, la selección española buscó tentar al astro argentino para que vistiera la camiseta de La Roja.

El operativo seducción incluía llamados y pedidos de sus compañeros del Barça para convencerlo de representar a España.
Llegó el Mundial Sub-17 de Finlandia 2003. Messi, con apenas 16 años, no había sido convocado y España, con dos goles de Cesc Fàbregas, eliminó a Argentina en las semifinales. Fue entonces cuando Omar Souto, después de que llegara a la AFA un video VHS con la magia que Messi desplegaba con sus pies, comenzó a llamar a todas las personas de apellido Messi que figuraban en la guía telefónica de Cataluña, hasta dar con Jorge Messi, el padre de Leo. El resto es historia.

Pasaron más de veinte años. Tanto España como Argentina conquistaron un título mundial en ese período y, en la previa de este nuevo enfrentamiento, aprovechamos el rechazo del capitán argentino a vestir la camiseta española para recordar que, de alguna manera, nuestro país también se forjó diciendo no a la dominación española.

Primeros pasos
Hay fechas que resuenan en la memoria de todo argentino. Desde la escuela aprendemos la importancia del 25 de Mayo y del 9 de Julio. Pero esos días son mucho más que simples efemérides del calendario: forman parte de un proceso revolucionario que comenzó con la Revolución de Mayo de 1810, cuando fue depuesto el virrey del Río de la Plata, y culminó con la Declaración de la Independencia de 1816. Ese proceso tuvo incluso una ampliación diez días después de la firma del Acta, cuando el 19 de julio —la misma fecha en la que se disputará la final— se incorporó una enmienda que dejaba en claro que la naciente nación no solo rompía sus vínculos con los reyes de España, sino que también se declaraba libre “de toda otra dominación extranjera”.
A lo largo de ese camino sobresalen distintos episodios protagonizados por quienes enfrentaron al imperio español, aquel del que se decía que “nunca se ponía el sol”. Una de las figuras centrales fue Manuel Belgrano, quien en 1812, desobedeciendo las órdenes emanadas desde Buenos Aires, creó la bandera argentina. Aquel gesto de rebeldía dio origen al principal símbolo patrio, el mismo que todavía hoy identifica a nuestro pueblo y acompaña a la Selección en cada rincón del mundo.

La osadía de Belgrano abrió el camino para construir, ladrillo a ladrillo, una nueva nación. Poco tiempo después, el 11 de mayo de 1813, la Asamblea del Año XIII aprobó la letra del Himno Nacional, escrita por Vicente López y Planes con música de Blas Parera. No era exactamente la versión que hoy escuchamos antes de cada partido de la Selección: su letra original era mucho más extensa y expresaba de manera explícita el rechazo al dominio español.

Entre sus estrofas podían leerse frases como: “A esos tigres sedientos de sangre, fuertes pechos sabrán oponer”; “al ibérico altivo león”; o “son letreros eternos que dicen: aquí el brazo argentino triunfó; aquí el fiero opresor de la Patria su cerviz orgullosa dobló”. Además, el himno hacía referencia a las principales batallas libradas contra el ejército realista, reflejando el clima de una época marcada por la lucha por la independencia.
Otros héroes de la gesta
Pero España no reconoció fácilmente la independencia argentina. Recién en 1863 aceptó oficialmente la existencia de la República Argentina. Fueron décadas de enfrentamientos en las que figuras como Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes y José de San Martín, entre muchos otros, construyeron un legado fundamental para la emancipación de nuestro país.

En ese sentido, San Martín comprendió que no alcanzaba con independizar las Provincias Unidas. Mientras el poder español se mantuviera en la región, la libertad conquistada seguiría amenazada. Por eso impulsó un proyecto de alcance continental, convencido de que la independencia solo podía consolidarse derrotando al imperio español en toda la región.
El Cruce de los Andes y las campañas libertadoras de Chile y del Perú son los hechos más emblemáticos de esa epopeya. Sin embargo, la lucha por la independencia también se libró en otros escenarios. Así fue como, apenas un año después de la Declaración de la Independencia, zarpó la fragata La Argentina, al mando del capitán Hipólito Bouchard, con la misión de hostigar el poder colonial español en distintos puntos del planeta.

Su travesía lo llevó hasta Madagascar, donde impidió el tráfico de esclavos que pretendían realizar tres buques ingleses y uno francés, concretando así los ideales contra la esclavitud surgidos en la Soberana Asamblea General Constituyente de 1813. Luego continuó afectando las rutas comerciales españolas en Filipinas y más tarde arribó a Hawái, donde obtuvo uno de los primeros reconocimientos internacionales a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Posteriormente navegó por la costa del Pacífico, desde California hasta Chile, atacando posiciones españolas y enarbolando la bandera argentina en distintos puertos.
El crucero de corso de la fragata La Argentina se extendió durante dos años. En ese tiempo, Bouchard y su tripulación protagonizaron trece acciones navales de relevancia, capturaron o destruyeron veintiséis embarcaciones y sometieron a inspección varios buques negreros, además de naves inglesas y estadounidenses. La lucha por la independencia argentina, muchas veces recordada únicamente por las campañas terrestres, también tuvo un capítulo marítimo que llevó la bandera celeste y blanca a distintos rincones del mundo.

Una historia que sigue latiendo
Cuando Lionel Messi rechazó vestir la camiseta española para defender la celeste y blanca, tomó una decisión deportiva. Sin proponérselo, también reafirmó una identidad construida hace más de dos siglos por quienes decidieron romper con toda dominación colonial. La bandera creada por Belgrano, el himno nacido en plena revolución y las campañas de San Martín siguen siendo parte de la misma historia que hoy acompaña a la Selección cada vez que sale a la cancha.
Por eso, cuando suene el Himno Nacional antes de la final y miles de argentinos vuelvan a cantar “¡Oíd, mortales, el grito sagrado!“, no será solamente el prólogo de un partido de fútbol. Será el eco de una historia que comenzó en 1810, que se proclamó independiente en 1816 y que todavía recuerda que la libertad no fue un regalo, sino una conquista arrancada al poder colonial. Doscientos años después, la pelota volverá a rodar frente a España. Y aunque esta vez el resultado solo quede en el césped, habrá una certeza que permanece intacta: la Argentina decidió hace mucho tiempo escribir su propia historia.

