Luis Caputo y Kristalina Georgieva protagonizaron un encuentro de mutuos elogios en Tailandia. Mientras el ministro busca destrabar un desembolso clave de US$ 869 millones rogando un perdón por las metas incumplidas, el organismo internacional le dio un baño de realidad al Gobierno recortando drásticamente la previsión de crecimiento económico. La crisis golpea a un equipo económico asediado por las internas, el escándalo del oro, el proyecto de Presupuesto para el 2027 y la sesión para tirar el DNU 70/23 en el Congreso.
Las sonrisas para la foto en Tailandia no logran ocultar el descalabro económico que se vive en Argentina. El ministro de Economía, Luis Caputo, se reunió en Bangkok con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en el marco de las reuniones anuales del organismo. El objetivo central de la comitiva argentina, integrada también por el titular del Banco Central, Santiago Bausili, es mendigar la aprobación de la tercera revisión técnica para destrabar un desembolso de US$ 869 millones, fondos vitales para un esquema financiero que se sostiene atado con alambre.
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Sin embargo, el encuentro estuvo precedido por un baldazo de agua fría que desmiente el cuento del gobierno libertario. Apenas horas antes, el FMI publicó su informe de Perspectivas Económicas Mundiales y le bajó el pulgar a la fantasía del rebote económico que pregona el gobierno de Javier Milei. El organismo recortó drásticamente su pronóstico de crecimiento para la Argentina en 2026: lo redujo 1,4 puntos, hundiéndolo a un magro 2,1% desde el 3,5% que estimaba en julio. Además, elevó la previsión de desempleo al 7,6% y proyectó una inflación anual del 32,5%.
Este sinceramiento de los números expone el fracaso de las recetas ortodoxas. A contramano de un mundo que resiste, el recorte a la economía argentina fue el más severo de toda la región. La propia subdirectora del FMI, Petya Koeva Brooks, admitió que constataron “una demanda interna más débil en un contexto de condiciones financieras aún restrictivas“. Es decir, el propio Fondo reconoce que la economía real está paralizada y que el consumo interno fue aniquilado.
Pero acá está la hipocresía del FMI y el cinismo de la reunión en Bangkok. Tras publicar estas proyecciones catastróficas (que son consecuencia directa de las políticas impuestas por Washington y ejecutadas por la Casa Rosada), Georgieva celebró públicamente el rumbo del Gobierno. “Damos la bienvenida a las mejoras en los fundamentos económicos y la resiliencia, anclados en la disciplina fiscal“, escribió la titular del Fondo. Caputo, por su parte, devolvió gentilezas destacando que Georgieva calificó esa disciplina como “ejemplar en el mundo“. El FMI aplaude el ajuste fiscal y al mismo tiempo certifica la recesión que ese mismo ajuste provoca. Premian a sus mejores alumnos mientras el país se hunde.
Ese premio, de todas formas, todavía no se traduce en los dólares que Caputo necesita desesperadamente. Para que se liberen los US$ 869 millones, el Gobierno debe solicitar formalmente un waiver (un perdón) al FMI, ya que incumplió la meta fiscal del primer semestre (registró un superávit de $6,29 billones frente a los $6,86 billones exigidos). Igualmente, ese desembolso serviría apenas como un parche. Servirán para compensar los US$ 795 millones que el país acaba de pagarle al Fondo, y prepararse para los vencimientos por US$ 865 millones en noviembre y US$ 340 millones en diciembre. Se sigue tomando deuda para pagar deuda.
El viaje a Tailandia ocurre en el peor momento político para el equipo económico. Caputo está siendo acorralado por críticas internas ante la falta de reactivación, al punto que el propio presidente Milei tuvo que salir a blindarlo hablando de una relación “simbiótica“. Bausili, a su lado, carga con el escándalo de la timba financiera con las reservas: la Auditoría General de la Nación (AGN) señaló que el Gobierno ya perdió más de mil millones de dólares jugando con el oro del país en los mercados internacionales.
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Todo este desgaste se agrava de cara al próximo jueves 15 de octubre. Mientras Caputo rinde cuentas ante el FMI, Karina Milei decidió quedarse en Buenos Aires para monitorear la sesión especial pedida por la oposición en la Cámara de Diputados, donde se intentará voltear el DNU 70/23. La caída de este decreto, columna vertebral del programa de desregulación libertario, representaría una herida de muerte para un Gobierno que, mientras promete paraísos de recuperación en el Presupuesto 2027, hoy recibe hasta de sus propios tutores internacionales la confirmación de que su plan económico es una máquina de generar recesión y pobreza.

